Abandonar la carrera con TDAH: fracaso o la mejor decisión de tu vida

Dejar la universidad con TDAH no siempre es fracaso. A veces es la primera decisión honesta que tomas. La diferencia entre no puedo y esto no es para mí.

Yo dejé la carrera.

Bueno, técnicamente la dejé dos veces. La primera vez me convencí de que era un bache. Que necesitaba un descanso. Que volvería en septiembre con las pilas cargadas y todo iba a ser diferente.

No volví en septiembre.

Volví en febrero. Y en marzo ya sabía que estaba en la misma situación que antes. Sentado en una clase donde no entendía nada, no porque fuera difícil, sino porque mi cerebro llevaba 40 minutos en otro planeta. Apuntando cosas que nunca iba a releer. Asintiendo cuando el profesor hacía una pregunta retórica. Fingiendo que aquello tenía algún sentido para mí.

La segunda vez que lo dejé no fue un bache. Fue una decisión. Y fue la primera decisión honesta que tomé en años.

¿Abandonar es fracasar o es elegir?

Depende de quién te lo pregunte.

Para tu familia, es un drama. Para tu grupo de amigos de la uni, eres el que no pudo. Para la sociedad en general, eres una estadística negativa. Un joven que no termina sus estudios. Un futuro precario. Un problema.

Pero nadie te pregunta por qué lo dejaste.

Nadie se sienta contigo y dice "oye, ¿qué estaba pasando dentro de tu cabeza cada día que ibas a clase?". Nadie quiere saber que llevabas meses sin poder estudiar más de 20 minutos seguidos. Que te sentabas delante de los apuntes y tu cerebro se iba a cualquier otro sitio. Que sobrevivir a la universidad con TDAH era exactamente eso, sobrevivir, no aprender.

Solo ven el resultado. Y el resultado es que no tienes el título.

"No puedo" y "esto no es para mí" no son lo mismo

Aquí está el matiz que nadie te explica.

Hay gente que deja la carrera porque no puede. Porque su cerebro no le deja sentarse, concentrarse, retener, producir. Porque el sistema académico está diseñado para un tipo de cerebro que no es el suyo. Y eso no es un fracaso personal. Es un desajuste entre lo que necesitas y lo que el entorno te ofrece.

Y hay gente que deja la carrera porque eso no es para ella. Porque descubre que lo que eligió a los 18, cuando no tenía ni idea de quién era ni de qué quería, resulta que no le llena. Que estudiar derecho porque tu padre es abogado no es una vocación, es una inercia. Que estar ahí por descarte no es un plan de vida.

Las dos razones son válidas. Y muchas veces van juntas. Porque el TDAH te hace cuestionar todo más pronto. No te permite aguantar en modo piloto automático durante cinco años. Tu cerebro te obliga a enfrentar la verdad antes de lo que te gustaría.

Y esa verdad a veces es "no puedo con este formato". Y a veces es "esto no es lo mío". Y a veces es las dos cosas a la vez.

¿Por qué el estigma pesa más que la realidad?

Porque vivimos en un sistema que mide el éxito por credenciales.

Título universitario. Máster. Expediente. Número de años estudiando. Como si la cantidad de tiempo que pasas sentado en un aula determinara lo que vales. Como si no existieran miles de personas con tres carreras que odian su vida y miles de personas sin ninguna que han construido exactamente lo que querían.

El estigma funciona porque todo el mundo lo repite. Tus padres, tus profesores, tus compañeros, la persona que te entrevista para un trabajo. "¿Y por qué no terminaste la carrera?" Como si necesitaras justificarte. Como si deberías haber aguantado.

Y cuando tienes TDAH, el estigma viene doble. Porque ya cargas con la etiqueta de vago, de disperso, de "podría pero no quiere". Añadirle "dejó la carrera" encima es como ponerle la guinda a un pastel que ya nadie quería probar.

Pero la realidad es más simple de lo que parece.

La realidad es que tú no abandonaste la carrera. Tomaste una decisión con la información que tenías. Con un cerebro que nadie te había explicado cómo funciona. Con un sistema que no estaba hecho para ti. Y decidiste dejar de forzar algo que te estaba destrozando por dentro.

Eso no es fracaso. Eso es supervivencia.

¿Y si fue la decisión correcta disfrazada de error?

Mira. Yo dejé la carrera y acabé siendo programador. Luego creador de contenido. Luego emprendedor con una escuela online. Mi CV tiene siete trabajos diferentes y ninguno tiene que ver con lo que estudiaba. Y no cambiaría nada.

No porque haya salido bien. No todo ha salido bien. He tenido épocas horribles. He dudado mil veces. He pensado "¿y si hubiera terminado la carrera?" más noches de las que me gustaría admitir.

Pero dejé de ser alguien que aguanta por inercia y empecé a ser alguien que elige. Y eso, con TDAH, es enorme. Porque nuestro cerebro nos empuja a la parálisis. A quedarnos donde estamos porque cambiar da miedo y el miedo consume una energía que ya no tenemos.

Elegir salir de algo que no funciona no es rendirte. Es lo contrario. Es reunir la poca energía que te queda y usarla para ti, no para mantener una fachada.

¿Qué haces después de dejarlo?

Aquí no voy a mentirte. Después de dejarlo hay un vacío.

Un hueco enorme donde antes estaba "la carrera" como identidad. Ya no eres estudiante. No eres nada, según el sistema. Y eso te come por dentro un tiempo.

Pero ese vacío es también una oportunidad. Por primera vez no estás siguiendo un camino que alguien eligió por ti. No estás rellenando casillas. Estás en blanco. Y en blanco da miedo, pero también da libertad.

Lo que hice yo fue probar cosas. Muchas cosas. Trabajos que duraron tres meses. Proyectos que no salieron de nada. Ideas que parecían geniales a las 2 de la madrugada y ridículas a las 8 de la mañana. Y poco a poco, entre prueba y error, fui encontrando lo que encajaba con mi cerebro.

No fue un plan. Fue un proceso. Un proceso que no habría empezado nunca si hubiera seguido sentado en aquella clase fingiendo que entendía algo.

La diferencia entre aceptar y resignarte

Hay una línea fina entre aceptar y resignarte. Y con el TDAH esa línea se difumina constantemente.

Resignarte es decir "no valgo para nada, da igual lo que haga". Es tirar la toalla y quedarte en el sofá esperando a que pase algo.

Aceptar es decir "este camino concreto no funciona para mí, y eso está bien. Voy a buscar otro que sí funcione". Es reconocer tus límites sin convertirlos en una sentencia.

Dejar la carrera desde la resignación te destruye. Dejar la carrera desde la aceptación te libera.

Y la diferencia no está en lo que haces. La diferencia está en cómo te lo cuentas a ti mismo. Si la historia que te repites es "soy un fracasado que no pudo", vas a cargar con eso años. Si la historia es "tomé una decisión difícil porque era lo que necesitaba", la cargas un tiempo y luego la sueltas.

Elige bien la historia. Porque es la que vas a creer.

No le debes una explicación a nadie

La próxima vez que alguien te pregunte por qué dejaste la carrera, no necesitas justificarte. No necesitas un discurso de 20 minutos sobre el TDAH, el sistema educativo, la presión social y la búsqueda de identidad.

Puedes simplemente decir "porque no era para mí".

Y si no lo entienden, no es tu problema. Tú ya tomaste tu decisión. La primera decisión honesta de tu vida. Y eso vale más que cualquier título.

Si dejaste la carrera y llevas años pensando que fue un fracaso, quizá no fue eso. Quizá fue tu cerebro avisándote de algo que no sabías poner en palabras. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. No es un diagnóstico. Es un punto de partida. 10 minutos.

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