Siento que engaño a todos y que un día me van a descubrir
El síndrome del impostor con TDAH no es inseguridad puntual. Es una forma de vida construida sobre años de compensar sin saber por qué.
Llevas años esperando que alguien te diga: "ya lo sabíamos, no eres tan listo como finges".
En la reunión de equipo, cuando presentas resultados que son buenos de verdad, una parte de ti está calculando cuánto tardarán en darse cuenta. En la cena con amigos, cuando te felicitan por algo, sonríes por fuera y por dentro piensas "si supieran". Si supieran que el informe lo escribiste a las 3 de la madrugada en un ataque de pánico productivo. Que el proyecto salió adelante porque no dormiste tres noches, no porque seas brillante.
El síndrome del impostor con TDAH no es una percepción. Es una forma de vida.
¿Por qué siento que soy un fraude si consigo cosas reales?
Porque tu historial interno no cuadra con lo que ven los demás.
Tú sabes cómo hiciste las cosas. Sabes que el proceso fue un desastre. Que empezaste tarde, que improvisaste, que lo sacaste adelante con cinta americana y adrenalina de última hora. Que donde ellos ven talento, tú ves suerte. Y la suerte se acaba.
El problema es que con TDAH llevas toda la vida funcionando así. No es que un día tuvieras un proyecto caótico. Es que todos tus proyectos son caóticos. Todos. Y como el resultado final muchas veces es bueno (porque el TDAH también tiene eso: el hiperfoco de última hora, la creatividad a presión, la capacidad de resolver cuando el agua te llega al cuello), nadie sospecha nada.
Pero tú sí. Tú sabes que no es sostenible. Que un día no vas a llegar. Que un día el truco no va a funcionar.
Y eso, repetido durante años, construye algo muy concreto: la certeza íntima de que eres un fraude.
El impostor normal vs. el impostor con TDAH
El síndrome del impostor "clásico" es bastante conocido. Lo tiene mucha gente. Te sientes inseguro ante un logro, piensas que no lo mereces, y con el tiempo (o con terapia) aprendes a aceptar que sí, que eres competente.
Pero con TDAH la cosa cambia.
Porque no es solo una sensación. Tienes pruebas. Pruebas reales de que tu proceso es un desastre. Pruebas de que llegas tarde, de que pierdes cosas, de que empiezas mil proyectos y terminas tres. Pruebas de que finges normalidad todos los días y es agotador.
El impostor sin TDAH piensa "no merezco esto" sin motivo real. El impostor con TDAH piensa "no merezco esto" y tiene una carpeta mental de evidencias que lo demuestran.
El tema es que esas evidencias están sesgadas. Porque solo cuentan la parte del proceso que fue caótica. No cuentan que el resultado fue bueno. No cuentan que resolviste un problema que otros no habrían resuelto. No cuentan que llevas años sacando adelante cosas con un cerebro que funciona sin manual de instrucciones.
Pero convencer a tu cerebro de eso es como explicarle a un gato que la puerta de cristal está abierta. Da igual cuántas veces se lo digas. Él ya se ha chocado demasiadas veces.
El ciclo que no se rompe solo
Va así:
Te piden algo. Sabes que puedes hacerlo, pero no empiezas. No empiezas porque tu cerebro no arranca. Y cuanto más tiempo pasa sin empezar, más ansiedad. Y cuanto más ansiedad, más parálisis.
Entonces llega la fecha límite. Y tu cerebro, como tiene la costumbre de encenderse solo cuando hay fuego, lo saca. A las tantas de la madrugada, con café y con ese modo supervivencia que conoces tan bien.
Sale bien. La gente dice "buen trabajo".
Y tú piensas: "No ha sido buen trabajo. Ha sido un milagro. Y los milagros no se repiten."
Ese ciclo no se rompe solo. Porque cada vuelta refuerza la creencia. "Soy un fraude que tiene suerte." Y la siguiente vez, la presión es un poco mayor. Porque ahora no solo tienes que hacerlo bien, tienes que mantener la fachada de que siempre lo haces bien.
Lo que nadie te dice sobre el miedo a que te descubran
Que no es miedo a fallar. Es miedo a que vean cómo funcionas por dentro.
Porque fallar todo el mundo falla. Eso es aceptable. Lo que no es aceptable, o eso cree tu cerebro, es que vean el desorden. Que vean que necesitas tres alarmas para una reunión. Que vean los 47 tabs abiertos. Que vean que llevas dos semanas posponiendo un email que lleva 5 minutos.
El impostor con TDAH no tiene miedo al fracaso. Tiene miedo a la transparencia.
Y por eso sobrecompensa. Trabaja el doble para que el resultado parezca que costó la mitad. Memoriza detalles innecesarios para parecer preparado. Llega 20 minutos antes a todas partes (los que llegan, claro) porque llegar tarde confirmaría la sospecha.
Es un trabajo a tiempo completo. Un trabajo invisible que nadie te paga y que te deja sin energía para todo lo demás.
Entonces, ¿qué se hace con esto?
Lo primero: entenderlo. Saber que no eres un fraude. Eres una persona con TDAH que ha desarrollado un sistema de compensación tan bueno que ni tú te crees que funciona.
Lo segundo: separar proceso de resultado. Tu proceso es caótico. Vale. Tu proceso no es "el proceso correcto". Vale. Pero tu resultado existe. Y nadie te lo puede quitar.
Un cuadro no vale menos porque el pintor lo haya pintado a las 4 de la mañana con restos de café en la camiseta. El cuadro es el cuadro. Tu trabajo es tu trabajo.
Lo tercero: dejar de comparar tu backstage con el escaparate de los demás. Tú ves tus 47 tabs, tus noches sin dormir, tu caos. De los demás solo ves el resultado. Y la comparación es inevitable, pero es mentira.
Y lo cuarto, lo más importante: hablar de ello. Con alguien que entienda. Porque el síndrome del impostor se alimenta del silencio. Mientras no lo digas, es un secreto. Y los secretos pesan.
Cuando lo dices en voz alta, cuando alguien te mira y te dice "a mí me pasa lo mismo", el monstruo se hace más pequeño. No desaparece. Pero cabe en el bolsillo.
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