El síndrome del "casi": siempre a punto de conseguirlo con TDAH
Casi apruebo. Casi llego. Casi termino. El TDAH te deja siempre al 90%. La frustración del "casi" erosiona tu autoestima, pero esconde una verdad que nadie te dice.
Casi apruebo ese examen. Casi entregué el proyecto a tiempo. Casi ahorré suficiente ese mes.
Casi.
Hay personas que viven con esa palabra pegada a la espalda como un cartel que no pidieron. No "fracasé". No "ni lo intenté". Sino ese "casi" que es peor que los dos anteriores juntos, porque implica que llegaste al 90% y luego algo pasó. Que estabas ahí, en el umbral, y la puerta se cerró.
Si tienes TDAH, probablemente ya sabes de qué hablo.
¿Por qué siempre me quedo en el "casi"?
Porque la última milla es exactamente donde tu cerebro falla.
No la primera. Tu cerebro con TDAH arranca bien. Demasiado bien, a veces. Cuando un proyecto es nuevo, cuando hay urgencia, cuando el tema te engancha, eres capaz de hacer cosas en dos horas que a otra persona le llevan dos días. Eso no es exageración. Es cómo funciona el sistema de dopamina cuando está activado.
El problema es que ese sistema no dura. Se agota. O más exactamente: deja de recibir el estímulo que necesita para seguir funcionando.
La parte final de cualquier proyecto o meta requiere exactamente lo opuesto a lo que te activa: consistencia, detalle, seguimiento, revisión. Cosas aburridas. Cosas que ya conoces. Cosas que tu cerebro ha clasificado como "sin novedad = sin dopamina = sin energía".
Así que llegas al 90% a toda velocidad y te paras en seco. No porque no quieras terminar. Sino porque el combustible que usas para arrancar no es el mismo que necesitas para aterrizar.
El examen casi aprobado no es pereza. Es que los últimos temas del temario eran los más mecánicos, los más repetitivos, y tu cerebro ya no podía procesarlos con la misma intensidad que procesó los primeros. El proyecto casi entregado no es irresponsabilidad. Es que la parte de revisión, de corrección, de los detalles finales, es exactamente donde el motor se cala.
Y así, año tras año, te vas llenando de "casises".
Lo que hace el "casi" a tu autoestima
Al principio, el "casi" parece algo tolerable. "La próxima vez lo termino." "Estuvo cerca." "Mejoraré."
Pero el "casi" acumulado durante años hace algo muy específico: te convence de que eres alguien que no termina las cosas. No que te cuesta terminarlas. No que necesitas un sistema diferente. Que simplemente no eres capaz.
Y eso es mentira. Pero tu cerebro tiene carpetas llenas de evidencias que parecen confirmarla.
El proyecto de la universidad que dejaste al 80%. El negocio que montaste pero no escalaste. El libro que escribiste hasta el capítulo nueve y nunca terminaste. La dieta que seguiste tres semanas y luego no. Cada uno de esos "casises" va al mismo archivo mental, y el archivo se llama "pruebas de que soy un fracasado".
Si llevas mucho tiempo con esa sensación, quizás reconozcas también lo que describe este post sobre la frustración de intentar y fallar cuando tu esfuerzo nunca parece suficiente. No es una cosa tuya. Es un patrón del TDAH que nadie nombra con suficiente claridad.
El 90% que nadie valora
Aquí está la parte que más me cabrea del síndrome del "casi".
Que el 90% es brutal. En serio. Llegar al 90% de algo significa que lo arrancaste, que te mantuviste, que superaste los baches del medio, que gestionaste la incertidumbre, que no te rendiste cuando podías haberte rendido. El 90% de un proyecto es un logro enorme.
Pero el mundo no paga por el 90%. El mundo paga por el 100%. La empresa quiere el informe entregado, no casi entregado. El examen se aprueba o se suspende, no "estuvo cerca". El ahorro funciona o no funciona.
Y eso crea una distorsión terrible: haces el 90% del trabajo con la mitad del apoyo que necesitas, y recibes el 0% del reconocimiento porque el 10% que falta es el que cuenta.
Lo que nadie te dice es que el problema no es el 90% que haces. Es que el sistema entero está diseñado para el último 10%, que es exactamente donde tu neurología es más frágil.
No es que no tengas talento. Es que tu talento no tiene el andamiaje que necesita para completar lo que empieza. Y hay una diferencia enorme entre las dos cosas. Una es un defecto de carácter. La otra es un problema de infraestructura.
Durante años te han tratado como si fuera lo primero. Por eso ahora te sientes como alguien que lleva décadas sintiéndose vago cuando en realidad era TDAH.
El reencuadre que cambia algo (no todo, pero algo)
No voy a venderte que entender esto te va a arreglar la vida. El "casi" seguirá ahí. Tu cerebro seguirá calándose en la curva final. Seguirás teniendo proyectos al 90%.
Pero hay una cosa que cambia cuando dejas de leer el "casi" como fracaso y empiezas a leerlo como información.
El "casi" te dice exactamente dónde está el problema. No en el arranque. No en la mitad. En el final. Eso significa que el sistema que necesitas no es uno que te ayude a empezar cosas. Es uno que te ayude a terminarlas.
No motivación. No fuerza de voluntad. Sistema.
Un plazo externo cuando el interno no funciona. Un revisor, una persona de accountability, un compromiso público. Dividir el 10% final en trozos lo suficientemente pequeños como para que cada uno tenga su propia dosis de novedad. Cambiar de entorno cuando la tarea se vuelve mecánica. Poner el último tramo justo después de algo que te activa, no al final del día cuando ya vas de vacío.
Nada de esto es magia chamánica. Es aplicar lo que sabes de tu cerebro a la parte donde más te falla.
Y también significa dejar de medir tu valor por los "casises". Porque si llegas al 90% de forma consistente, no eres alguien que no termina las cosas. Eres alguien que llega muy lejos con un sistema que no está calibrado para el último tramo. Eso es un problema diferente. Y los problemas diferentes tienen soluciones diferentes.
El potencial desaprovechado que te han repetido toda la vida no es una condena. Es una descripción incompleta. Tienes el potencial. Lo que te falta es el sistema que te lleve del 90% al 100%.
Y eso se construye. No de golpe, pero se construye.
Si el "casi" te persigue desde hace años y nunca entendiste por qué te cuesta tanto cerrar lo que abres, quizá valga la pena ponerle nombre. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. No es un diagnóstico, pero puede ser el primer paso para dejar de culparte y empezar a buscar el sistema que te falta.
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