¿Es TDAH o adicción al móvil? Cuando no puedes soltar la pantalla
Tres horas de scroll y no puedes parar. ¿Es adicción al móvil o tu cerebro con TDAH buscando dopamina? La diferencia importa más de lo que crees.
Tres horas de scroll. Sabes que deberías parar. No puedes.
No es que no quieras. Es que tu dedo sigue bajando como si tuviera vida propia. Un vídeo más. Un hilo más. Un reel de un tío haciendo pasta carbonara que ni siquiera te gusta la cocina. Pero ahí sigues. Y cuando por fin sueltas el móvil, miras la hora y piensas "¿qué acaba de pasar?".
¿Es adicción al móvil o es tu cerebro con TDAH buscando desesperadamente la dopamina que no produce?
La línea entre los dos es más fina de lo que crees.
La trampa perfecta para un cerebro con TDAH
El móvil es, sin exagerar, la máquina más eficiente de dopamina que ha existido jamás. Cada notificación, cada like, cada vídeo nuevo es una microdosis de recompensa. Rápida, gratuita, infinita.
Para un cerebro neurotípico, eso ya es peligroso.
Para un cerebro con TDAH, es como poner una máquina tragaperras en la mesita de noche de un ludópata.
Tu cerebro funciona con dopamina, no con disciplina
No es falta de voluntad. Es neuroquímica.
¿Cómo saber si es TDAH o adicción al móvil?
Aquí es donde se complica. Porque desde fuera, una persona enganchada al móvil y una persona con TDAH enganchada al móvil parecen exactamente lo mismo. Las dos llevan tres horas en TikTok. Las dos ignoran a su pareja. Las dos dicen "cinco minutos más" y pasan otros cuarenta.
Pero hay diferencias. Y son importantes.
La persona con adicción al móvil busca el móvil. Lo desea. Piensa en él cuando no lo tiene. Siente una necesidad concreta de esa actividad.
La persona con TDAH no busca el móvil específicamente. Busca estímulo. Cualquier estímulo. Si no fuera el móvil, sería morderse las uñas, abrir y cerrar la nevera, reorganizar el cajón de los calcetines o buscar peleas en Twitter. El móvil simplemente es el estímulo más accesible del planeta.
Otra pista: quítale el móvil a una persona con adicción y tendrá ansiedad por el móvil. Quítale el móvil a una persona con TDAH y encontrará otra cosa con la que engancharse en menos de tres minutos. Porque el problema no es el dispositivo. El problema es un cerebro que no puede estar sin estimulación.
¿Y si son los dos a la vez?
Sí, puede pasar. Y pasa bastante.
El TDAH te predispone a las adicciones conductuales. No porque seas débil, sino porque tu sistema de recompensa funciona diferente. Necesitas más estímulo para activarte, y cuando lo encuentras, te cuesta un mundo soltar. El famoso hiperfoco, pero aplicado a algo que no te beneficia.
Así que puedes empezar con un cerebro que busca dopamina (TDAH), encontrar que el móvil se la da de forma fiable, y acabar desarrollando un patrón que ya tiene vida propia (adicción). Las dos cosas a la vez. Alimentándose mutuamente.
Es como si el TDAH abriera la puerta y la adicción se instalara en el sofá.
Lo mismo pasa con la ansiedad y el TDAH: una puede generar la otra, y separar cuál vino primero se convierte en un lío monumental.
¿Por qué importa saber la diferencia?
Porque las soluciones son distintas.
Si el problema es solo adicción al móvil, las típicas estrategias funcionan razonablemente bien: limitar tiempo de pantalla, dejar el móvil fuera de la habitación, usar apps de bloqueo, fuerza de voluntad sostenida. El cerebro se adapta, la compulsión baja, sigues con tu vida.
Si el problema es TDAH, esas estrategias duran dos días. Tres con suerte. Porque no estás tratando la causa. Le estás quitando el síntoma más visible a un cerebro que sigue sin tener lo que necesita. Y ese cerebro va a encontrar otra vía. Siempre encuentra otra vía.
Para un cerebro con TDAH, la solución no es solo alejar el móvil. Es darle alternativas. Estímulos que alimenten esa necesidad de dopamina pero que no te destrocen tres horas de tu tarde. Gamificar las tareas aburridas, partir el trabajo en bloques cortos, alternar actividades, hacer que lo necesario sea también lo estimulante.
No se trata de resistir la tentación. Se trata de que tu cerebro no necesite buscarla.
La prueba que a mí me aclaró las cosas
Hay una pregunta que corta mucho:
¿Tenías problemas de atención, impulsividad o hiperactividad ANTES de que los smartphones existieran?
Si la respuesta es sí, si de crío ya eras el que no podía estarse quieto, el que perdía los estuches, el que leía debajo del pupitre porque la clase le aburría, entonces el móvil no es tu problema. El móvil es el síntoma más reciente de algo que llevas toda la vida gestionando.
Yo perdía los autobuses antes de tener un móvil. Llegaba tarde a todo antes de que existiera Instagram. Mi cerebro ya buscaba estímulos cuando la tecnología más avanzada de mi habitación era una PlayStation 1 y un poster de Metal Gear Solid.
El móvil no creó el problema. Lo amplificó.
Esto no es un diagnóstico
Ya lo sabes, pero lo repito: esto no sustituye a un profesional. Si llevas tiempo sintiéndote incapaz de soltar la pantalla y además reconoces otros patrones (desorganización, impulsividad, dificultad para empezar tareas, montaña rusa emocional), puede que lo que llamas "adicción al móvil" sea solo la punta del iceberg.
Y el iceberg tiene nombre. Y tratamiento. Y entenderlo cambia bastante más que instalar una app que te bloquea TikTok a las 22:00.
Tu cerebro no está roto. Pero necesita entender cómo funciona para dejar de pelearse consigo mismo.
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