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Sentirme una carga para todos: el peso invisible del TDAH

"Soy demasiado". El TDAH no solo te desorganiza, te convence de que eres un lastre para los que te quieren. Y eso pesa más que cualquier olvido.

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"Soy demasiado".

Lo piensas cada vez que alguien tiene que repetirte algo. Cada vez que tu pareja te recuerda la cita del dentista por tercera vez. Cada vez que un amigo cubre tu olvido con un "tranquilo, ya lo hago yo" que suena amable pero te destroza por dentro.

El TDAH no solo te desorganiza la agenda. Te desorganiza la imagen que tienes de ti mismo. Y en algún momento, sin que te des cuenta, tu cerebro empieza a construir una narrativa muy concreta: eres una carga.

No un poco. Una carga enorme. Un lastre. Alguien que resta más de lo que suma.

Y esa narrativa es más difícil de tratar que cualquier olvido.

¿Por qué el TDAH te hace sentir una carga para los demás?

Porque las pruebas se acumulan.

No es un día malo. No es un olvido puntual. Son años de pequeños fallos que tu cerebro va archivando con precisión quirúrgica. Te olvidaste del cumpleaños de tu madre. Perdiste las llaves del coche de tu amigo. Llegaste tarde a recoger a tu hermano del aeropuerto. No contestaste ese mensaje importante hasta tres semanas después.

Cada uno de esos momentos, aislado, no es para tanto. Todo el mundo olvida cosas. Todo el mundo llega tarde alguna vez.

Pero cuando te pasa constantemente, tu cerebro deja de verlo como un error puntual y empieza a verlo como una característica tuya. No es "se me olvidó". Es "soy así". Y de "soy así" a "soy una carga" hay un paso muy corto.

Lo peor es que las personas a tu alrededor muchas veces ni lo perciben como algo grave. Tu pareja te recuerda la cita y sigue con su día. Tu amigo te cubre y no le da más vueltas. Pero tú te lo llevas a la cama esa noche. Y a la semana siguiente. Y al mes. Porque tu cerebro no tiene regulador de volumen emocional. Lo que para otro es un "bueno, estas cosas pasan", para ti es una confirmación más de que eres un problema.

El ciclo que nadie te explica

Funciona así:

Olvidas algo. Te sientes culpable. Intentas compensar. Te sobrecargas. Al sobrecargarte, fallas en otra cosa. Más culpa. Más compensación. Más fallos. Y vuelta a empezar.

Es como estar en un pozo y cavar para intentar salir.

Cada vez que compensas un fallo con un esfuerzo extra, estás gastando una energía que tu cerebro ya no tiene para el día siguiente. Y cuando mañana vuelvas a fallar en algo básico, la culpa será todavía más grande. Porque "ni esforzándome al máximo soy capaz".

Y entonces aparece la fase que más daño hace: la retirada.

Dejas de quedar con gente para no fallarles. Dejas de ofrecer ayuda porque sabes que la vas a cagar. Dejas de participar en planes porque "es mejor que no cuenten conmigo, así no jodo a nadie". Te sientes culpable por no ser normal, y decides que la solución es desaparecer.

Tu cerebro lo ve como un acto generoso. "Les estoy haciendo un favor quitándome de en medio".

Pero no les estás haciendo un favor. Te estás castigando. Y estás privando a la gente que te quiere de tenerte cerca.

El problema no es lo que haces, es lo que interpretas

Aquí está la trampa: la mayoría de las cosas por las que te sientes una carga no son tan graves como tu cerebro te dice.

Que se te olvide comprar el pan no significa que seas un inútil. Que llegues cinco minutos tarde no significa que no respetes el tiempo de los demás. Que necesites que te repitan algo no significa que seas un lastre.

Pero cuando sientes demasiado, todo te llega amplificado. La mirada de impaciencia de tu pareja se convierte en "está harto de mí". El suspiro de tu jefe se convierte en "soy el peor empleado que ha tenido". El silencio de tu amigo se convierte en "está pensando cómo dejar de quedar conmigo".

Tu cerebro no lee la realidad. Lee la peor versión posible de la realidad. Y luego te la vende como si fuera la única versión.

Y tú te la crees. Porque llevas años coleccionando pruebas.

Lo que de verdad te convierte en una carga

Nada.

No eres una carga. Eres una persona con un cerebro que funciona diferente. Que necesita más recordatorios, más estructura, más paciencia. Pero eso no te convierte en un lastre. Te convierte en alguien con necesidades específicas. Como la gente que necesita gafas para ver o un despertador para levantarse.

¿Sabes lo que sí te convierte en alguien difícil de querer? No el TDAH. La armadura que te pones por culpa del TDAH. El muro. El "no hace falta que me ayudes". El "prefiero hacerlo solo". El "no quedemos, que seguro que la lío".

Eso sí aleja a la gente. No tus olvidos. Tu convicción de que tus olvidos te definen.

Qué puedes hacer con esto

No te voy a decir que es fácil. No lo es. Llevas años entrenando a tu cerebro para que interprete cada fallo como una prueba de que eres un problema. Eso no se desmonta en una tarde leyendo un post.

Pero hay cosas que ayudan.

La primera: habla. Dile a las personas cercanas lo que pasa en tu cabeza. No "perdona por ser un desastre". Eso es pedir perdón por existir. Sino "oye, cuando se me olvidan cosas, mi cerebro me dice que soy una carga para ti. Necesito que me digas si de verdad es así o si me estoy montando la película".

Te vas a sorprender con las respuestas.

La segunda: deja de compensar con sobresfuerzo. Compensa con sistemas. Alarmas, listas, apps, lo que sea. No necesitas más esfuerzo. Necesitas más estructura. Porque tu cerebro no funciona con disciplina, funciona con andamios externos que le ayuden a sostener lo que solo no puede.

La tercera: recuerda que nadie elige a las personas de su vida por su capacidad de recordar citas. Te quieren por otras cosas. Por cómo escuchas. Por cómo te ríes. Por esos mensajes a las 2 de la mañana que envías cuando te acuerdas de algo que le importa a la otra persona. Eso también es tu TDAH. Solo que de eso no te sientes culpable.

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