La sensación de que el día pasó sin que hicieras nada con TDAH
Son las 10 de la noche y no sabes qué has hecho en todo el día. Con TDAH los días se evaporan sin dejar rastro. Así funciona.
Son las 10 de la noche. Repasas el día. No sabes qué has hecho. Sabes que has estado ocupado todo el día, porque estás agotado, pero no puedes señalar ni una sola cosa concreta que hayas completado. Con TDAH los días se evaporan sin dejar rastro.
Y lo peor no es eso. Lo peor es que tienes la sensación de haber estado corriendo todo el día. De haber estado haciendo cosas. De haber estado ocupado sin parar. Pero cuando te sientas a las 10 de la noche e intentas hacer una lista mental de logros, la lista está vacía. Blanco nuclear. Como un documento de Word que llevas 8 horas mirando sin escribir una sola línea.
Yo llevo años viviendo esto. No exagero cuando digo que hay días en los que llego a la noche convencido de que he trabajado 10 horas y cuando reviso lo que he producido, podría haberlo hecho en 45 minutos.
¿Por qué sientes que el día se te escapa sin haber hecho nada con TDAH?
Porque tu cerebro no tiene un contador de progreso. Los cerebros neurotípicos llevan una especie de registro interno de "tareas hechas" que se actualiza solo. El tuyo no. El tuyo salta de una cosa a otra sin registrar que la anterior existió.
Lo que pasa durante un día con TDAH no es que no hagas nada. Es que haces 47 cosas a la vez y no terminas ninguna. Abres el correo, ves un email que te recuerda que tienes que llamar al dentista, vas a buscar el teléfono del dentista, de camino ves que la cocina está sucia, empiezas a limpiar la cocina, suena una notificación, abres el móvil, acabas en Instagram, vuelves al correo, ves otro email, y de repente son las dos de la tarde y no has llamado al dentista, la cocina sigue a medias, y el email original sigue sin responder.
Eso multiplicado por 8 horas es tu día.
No es pereza. Es tener 47 tareas pendientes en la cabeza y no poder mover ninguna hacia delante. Es parálisis disfrazada de actividad. Porque desde fuera pareces ocupado. Desde dentro estás girando en círculos.
El truco de la "actividad fantasma"
Yo le llamo actividad fantasma. Es todo lo que haces que se siente como trabajo pero no produce resultado visible. Reorganizar la lista de tareas. Cambiar el fondo de escritorio. Investigar la "mejor app de productividad" durante dos horas. Leer tres artículos sobre cómo ser más productivo sin aplicar nada de lo que lees.
Tu cerebro busca dopamina. Y la actividad fantasma es perfecta para eso porque genera la sensación de estar haciendo algo sin el esfuerzo real de hacer algo. Es como calentar antes de un partido que nunca empieza. Calientas, estiras, haces ejercicios de movilidad, y cuando te das cuenta ya es de noche y no has jugado ni un minuto.
Y claro, llega la noche y miras atrás y piensas: ¿qué he hecho hoy? Pues has hecho actividad fantasma. Has llenado el día de movimiento sin dirección. De energía sin resultado. De ruido sin señal.
Los fines de semana son peores
Entre semana al menos tienes estructura externa. Un horario, unas reuniones, algo que te obliga a estar en un sitio a una hora concreta. Eso no garantiza productividad, pero al menos pone límites.
Los fines de semana no tienen límites. Y un fin de semana sin estructura con TDAH es un agujero negro donde desaparecen 48 horas sin que te enteres. Te levantas el sábado a las 10 pensando "hoy voy a hacer un montón de cosas" y te acuestas el domingo a la una de la mañana habiendo hecho exactamente cero de esas cosas. Pero cansado. Agotadísimo. Como si hubieras corrido una maratón sentado en el sofá.
La culpa de las 10 de la noche
Esto es lo que nadie te cuenta. Que la sensación de "no he hecho nada" viene acompañada de una culpa brutal. Porque tú sabes que tenías tiempo. Sabes que tenías la lista. Sabes que no te faltaban ni horas ni recursos. Te faltaba algo que no sabes nombrar. Algo que los demás parecen tener de serie y tú tienes que fabricar cada mañana.
Y esa culpa se acumula. Día tras día. Noche tras noche. Hasta que se convierte en la banda sonora de tu vida. "Otro día perdido." "Mañana será diferente." "¿Qué me pasa?"
No te pasa nada. Tu cerebro procesa la motivación, el tiempo y las prioridades de forma diferente. No peor. Diferente. Pero en un mundo diseñado para cerebros que procesan todo eso de forma lineal, tú vas a sentir que no encajas. Que pierdes. Que desperdicias.
¿Se puede hacer algo o estamos condenados?
Se puede. Pero no con fuerza de voluntad ni con listas bonitas en Notion.
Lo primero es dejar de medir tus días por lo que "has completado". Tu cerebro no funciona bien con métricas de completado porque rara vez completa cosas de forma lineal. Funciona mejor con métricas de avance. "He movido esto un poco hacia delante." "He tocado este tema aunque no lo he cerrado." Eso ya es un día real. No perfecto, pero real.
Lo segundo es aceptar que la inercia con TDAH funciona al revés que para el resto. A la mayoría de la gente le cuesta parar una vez que ha empezado. A ti te cuesta empezar una vez que has parado. Así que el truco no es planificar el día entero. Es arrancar. Solo arrancar. Una cosa. Pequeña. Y dejar que la inercia haga el resto. Si no hace el resto, al menos has hecho una cosa. Y eso ya es más que actividad fantasma.
Lo tercero es dejar de castigarte a las 10 de la noche. Esa revisión mental del día donde te pones nota y siempre suspendes. Eso no te ayuda. Eso te hunde. Y al día siguiente arrancas hundido, lo cual garantiza otro día de actividad fantasma. Es un bucle. Y romperlo empieza por dejar de pegarte con la almohada cada noche.
No eres vago. Estás atrapado en un bucle que tiene explicación.
La próxima vez que llegues a la noche y sientas que el día se ha evaporado, recuerda esto: no es que no hayas hecho nada. Es que tu cerebro no ha registrado lo que has hecho. No es pereza. Es neurología. Y la buena noticia es que cuando entiendes el mecanismo, puedes empezar a trabajar con él en vez de contra él.
No mañana. Hoy. Ahora. Una cosa. La que sea. Pero una de verdad. No reorganizar la lista de cosas de verdad que no vas a hacer. Una cosa real. Y si la haces, eso es tu día. Y es suficiente.
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Si llegas a las 10 de la noche preguntándote qué has hecho con tu día más veces de las que quieres admitir, quizá merece la pena entender por qué. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos. Sin edulcorar. Para que dejes de culparte y empieces a entenderte.
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