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Ser veterinario con TDAH: urgencias con animales y el hiperfoco que te salva

Urgencias a las 3AM con un perro atropellado y tu cerebro se activa. A las 9, el papeleo te paraliza. Así es ser veterinario con TDAH.

tdah

Urgencia veterinaria a las 3 de la madrugada. Un perro atropellado. Tu cerebro se activa como nunca. A las 9 de la mañana, el papeleo te paraliza.

Si eres veterinario con TDAH, eso no es una contradicción. Es tu martes.

Porque tu cerebro no funciona con horarios ni con listas de tareas. Funciona con intensidad. Con urgencia real. Con el estímulo justo para encenderse como si alguien hubiera metido un cohete dentro de tu cabeza. Y cuando ese estímulo desaparece, cuando la adrenalina baja y lo que queda es un historial clínico que rellenar y una factura que cuadrar, tu cerebro dice "yo aquí ya no pinto nada" y se va a pensar en si los pulpos sueñan.

¿Por qué un veterinario con TDAH brilla en urgencias pero sufre en consulta rutinaria?

Porque la urgencia veterinaria tiene todo lo que tu cerebro necesita para funcionar.

Novedad. Presión real. Consecuencias inmediatas. Un animal que se muere si tú no actúas ahora. No mañana. No cuando termines el café. Ahora.

Y tu cerebro, que lleva todo el día arrastrándose por entre vacunaciones rutinarias y revisiones de cachorro sano, de repente se convierte en una máquina de precisión. Manos firmes. Decisiones rápidas. Memoria fotográfica del protocolo que estudiaste hace tres años y que no sabías que recordabas. El hiperfoco no elige cuándo aparece, pero cuando lo hace en una urgencia veterinaria, eres el mejor profesional de la sala.

El problema es que la veterinaria no es solo urgencias.

Es también la consulta de las 10:15 con la señora que viene a preguntar por tercera vez si su gato puede comer atún. Es el inventario de medicamentos. Es la llamada al laboratorio para pedir resultados que llevas tres días posponiendo. Es la historia clínica que empezaste a escribir hace cuarenta minutos y que tiene dos líneas porque te has levantado cuatro veces a hacer "cosas urgentes" que no eran urgentes.

Y ahí es donde la cosa se complica.

La rutina veterinaria es kriptonita para el cerebro TDAH

La consulta estándar tiene un ritmo predecible. Animal entra, tú preguntas, exploras, diagnosticas, recetas, apuntas, siguiente. Repetir ocho horas. Cinco días a la semana.

Para un cerebro neurotípico, eso es estructura. Para un cerebro TDAH, eso es una tortura diseñada por alguien que odia la dopamina.

Porque tu cabeza necesita variación. Necesita que cada caso sea un puzzle nuevo. Y cuando el quinto paciente del día es otro perro con diarrea por comer algo que no debía, tu atención se desploma. No porque no te importe. Sino porque tu cerebro ya clasificó eso como "resuelto" y busca algo nuevo donde engancharse.

Y entonces pasan cosas. Errores por descuido que no tienen nada que ver con tu competencia. Te saltas un campo en el historial. Confundes la dosis porque estabas pensando en el caso anterior. Le dices al dueño que vuelva en quince días y no lo apuntas en la agenda.

No es que seas mal veterinario. Es que tu cerebro no está diseñado para la parte administrativa de ser veterinario.

El quirófano como zona segura

Hay veterinarios con TDAH que dicen que el quirófano es el único sitio donde su cabeza se calla.

Y tiene todo el sentido del mundo.

Una cirugía es inmersión total. Estímulo constante. Cada segundo importa. No puedes distraerte porque hay un ser vivo abierto delante de ti y todo depende de tus manos. Es el escenario perfecto para el hiperfoco: alto riesgo, alta recompensa, retroalimentación inmediata.

Es lo mismo que le pasa a los enfermeros con TDAH en urgencias. El caos del hospital es donde más tranquilos se sienten. Porque el caos externo sincroniza con el caos interno. Y por primera vez en el día, todo encaja.

El problema es cuando sales del quirófano y tienes que escribir el informe. Ahí tu cerebro ya se fue. Estás físicamente en la consulta, pero mentalmente estás en la sabana africana pensando en cuántos leones cabría sedar con la dosis de antes.

¿Qué puedes hacer si eres veterinario y sospechas de TDAH?

Lo primero: no te diagnostiques con un post de blog. Eso sería como diagnosticar a un perro por lo que dice su dueño en Google. Ve a un profesional.

Lo segundo: observa el patrón.

Si en urgencias eres brillante y en consulta rutinaria te arrastras. Si empiezas historiales y nunca los terminas. Si tus compañeros no entienden cómo puedes operar durante tres horas sin pestañear pero no eres capaz de hacer un pedido de farmacia sin que se te olvide la mitad. Si todo eso te suena, merece la pena explorarlo.

El TDAH no te hace peor veterinario. Te hace un veterinario diferente. Uno que necesita entender cómo funciona su cerebro para dejar de pelearse con él en las partes que no le estimulan.

Porque la alternativa es pasarte la carrera pensando que eres un desastre cuando en realidad eres alguien que salva animales a las 3 de la mañana con una precisión quirúrgica que nadie se explica. Incluido tú.

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