Volver al blog

Tu plan perfecto no sobrevive al TDAH (y no pasa nada)

Planificas la ruta perfecta y tu cerebro decide que un pueblo bonito es más urgente que llegar. Con TDAH, el plan nunca sale. Pero el destino sí.

emprendimientotdah

Tienes el plan perfecto. Hoja de cálculo. Paradas marcadas. Horarios. Márgenes de error. Todo cuadra. Es una obra de ingeniería.

Y entonces tu cerebro decide que un pueblo bonito al lado de la carretera es más urgente que llegar a tu destino.

Paras. Bajas del coche. Te tomas un café que ni siquiera bebes. Hablas con alguien. Haces fotos. Pierdes 45 minutos. Y cuando vuelves al coche, tu hoja de cálculo ya es ficción.

Bienvenido a planificar cualquier cosa con TDAH.

¿Por qué tu cerebro sabotea tus propios planes?

Porque tu cerebro no sigue rutas. Sigue estímulos.

Un cerebro neurotípico recibe un plan y lo ejecuta. Paso 1, paso 2, paso 3. Aburrido, sí, pero funcional. Tiene un piloto automático que dice "oye, que teníamos que estar en el punto B a las seis" y el cuerpo obedece.

Tu cerebro con TDAH recibe el mismo plan y lo mira como un menú en un idioma que no habla. Sabe que tiene que seguirlo. Quiere seguirlo. Pero entonces aparece algo brillante, algo nuevo, algo que no estaba en el plan, y tu atención se va detrás como un perro detrás de una ardilla.

No es que no te importe el plan. Es que tu cerebro tiene su propia definición de "urgente". Y esa definición no coincide con la tuya. Nunca.

Es lo mismo que pasa cuando dejas un trabajo estable por algo que has calculado en una hoja de cálculo. Los números cuadran. La lógica cuadra. Pero tu cerebro no funciona con lógica. Funciona con lo que le da la gana en cada momento.

¿Cuántas veces has llegado tarde a algo que te importaba de verdad?

Esa reunión que llevabas semanas esperando. Ese evento. Esa cita. Lo tenías en el calendario. Tenías la dirección. Tenías tiempo de sobra.

Y dos horas antes te sentaste "un momento" a mirar algo. Un vídeo. Un artículo. Una búsqueda que empezó siendo práctica y terminó en la historia de los puentes de una ciudad que ni siquiera vas a visitar.

Cuando levantaste la cabeza, ya era tarde.

No llegaste tarde por pereza. No llegaste tarde por desorganización. Llegaste tarde porque tu cerebro decidió que un puente del siglo XVII era más urgente que algo que llevabas semanas queriendo hacer. Y lo peor es que mientras lo hacía, ni siquiera te diste cuenta. Tu cerebro no te avisa. No suena una alarma. No aparece un cartel de "oye, que te estás desviando". Simplemente te secuestra y te devuelve dos horas después, confuso y frustrado.

Eso es TDAH. Tu cerebro elige por ti. Y elige fatal.

¿Tu plan tiene que ser perfecto para llegar?

No. Tu plan tiene que existir. Nada más.

Porque aquí está la paradoja: con TDAH, necesitas un plan más que nadie. Pero también eres la persona menos capaz de seguirlo al pie de la letra. Y eso está bien. De verdad.

Emprender con TDAH es un deporte de riesgo

Pero si el destino está claro, llegas.

No como habías planeado. No en el tiempo que habías calculado. No por la ruta que habías marcado en la hoja de cálculo. Pero llegas.

¿Y qué haces con la frustración del camino?

Porque esa es la parte que nadie cuenta. Los desvíos no solo cuestan tiempo. Cuestan energía emocional.

Cada vez que miras el reloj y te das cuenta de que vuelves a llegar tarde, de que vuelves a haberte desviado, de que tu plan perfecto vuelve a ser papel mojado, algo se rompe un poco por dentro. No enfado con nadie. Solo contigo. Ese "por qué no puedo hacer las cosas como todo el mundo" que suena igual a los 20 que a los 40.

Es la misma frustración de cuando te enfrentas solo a algo gordo y tu cerebro te boicotea. No es falta de capacidad. Es un cerebro que tiene su propio horario, su propia agenda, y sus propias prioridades. Y tú estás de pasajero.

La clave no es eliminar los desvíos. Es dejar de machacarte por ellos.

Tu cerebro se va a ir detrás de campanarios bonitos. Va a encontrar puentes del siglo XVII más interesantes que tu calendario. Va a elegir mal cien veces. Y tú vas a llegar de todas formas. Tarde. Despeinado. Con tres historias absurdas que no estaban en el plan.

Pero vas a llegar.

Porque el plan no necesita ser perfecto. El destino sí necesita estar claro. Y si esas dos cosas están, lo demás son anécdotas del camino.

Y las anécdotas, con TDAH, nunca faltan.

---

Mi psicóloga me enseñó un truco que uso a diario. Es gratis, tarda 2 minutos, y no necesitas darme tu email. Lo tienes aquí: El método.

Relacionado

Sigue leyendo