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Reuniones de padres del cole con TDAH: 90 minutos imposibles

La tutora habla del plan de convivencia y tú piensas en si apagaste el horno. Ser padre con TDAH en reuniones del cole es un deporte extremo.

tdah

La tutora habla del plan de convivencia. Llevas 20 minutos perdido.

El padre de al lado toma notas. En un cuaderno. Con bolígrafo de tinta azul. Subrayando cosas. Tú miras el reloj pensando en si apagaste el horno. Luego piensas en que no tienes horno porque lo cambiaste por una freidora de aire. Luego piensas en que te olvidaste de limpiar la freidora de aire. Luego piensas en que la tutora lleva un rato hablando y no tienes ni idea de qué ha dicho en los últimos diez minutos.

Ser padre con TDAH en una reunión del cole es un deporte extremo que nadie reconoce.

¿Por qué las reuniones del cole son tan difíciles con TDAH?

Porque están diseñadas exactamente para todo lo que tu cerebro no sabe hacer.

Una reunión de padres es básicamente esto: una persona habla durante 60, 90, a veces 120 minutos. Sin pausas reales. Sin interacción. Sin nada que enganche tu atención de forma activa. Tú estás sentado en una silla diminuta que no estaba pensada para adultos, en una clase que huele a plastilina, rodeado de padres que parecen entender perfectamente lo que está pasando.

Y tu cerebro, que necesita estímulo para funcionar, se apaga. No porque no te importe la educación de tus hijos. No porque seas mal padre o mala madre. Sino porque tu cerebro funciona con dopamina, no con disciplina. Y una reunión donde alguien lee un PowerPoint sobre las normas del comedor no genera dopamina ni por accidente.

Es como pedirle a un pez que suba una escalera. No es que no quiera. Es que no está diseñado para eso.

El ciclo de la culpa en la puerta del cole

Lo peor no es perderte durante la reunión. Lo peor es lo que pasa después.

Sales al pasillo. Otro padre te pregunta "¿qué te ha parecido lo del cambio de horario?". Y tú, que no tienes ni idea de que haya habido un cambio de horario, improvisas algo genérico tipo "sí, bueno, ya veremos cómo va". Rezando para que no te pregunte detalles.

Llegas a casa. Tu pareja te pregunta qué han dicho. Y tú tienes tres o cuatro ideas sueltas, inconexas, como piezas de un puzzle que no encajan porque te faltan la mitad.

Y entonces llega la culpa. "¿Cómo no he sido capaz de prestar atención en una reunión de una hora? Es mi hijo. Debería importarme más."

Pero sí te importa. Te importa mucho. El problema no es la motivación. El problema es un cerebro que no puede mantener la atención en algo que no le genera estímulo, por mucho que emocionalmente te importe todo.

Es la misma trampa de siempre. La misma que vives cuando llevas a los niños al cole por las mañanas y se te olvida la mochila, o el almuerzo, o firmar la circular. No es dejadez. Es TDAH.

Lo que los demás padres no ven

Ellos ven al padre que está mirando el móvil por debajo de la mesa.

No ven que lo está mirando porque su cerebro necesita algo, lo que sea, para mantenerse mínimamente conectado a la realidad. Que si no toca algo, si no mueve algo, si no tiene un estímulo secundario, se desconecta completamente.

Ven al padre que llega cinco minutos tarde.

No ven que ha estado media hora preparándose para salir, que ha tenido que vencer una resistencia invisible para ponerse los zapatos y salir de casa, que llegar tarde le genera más ansiedad a él que a cualquiera de los que ya estaban sentados.

Ven al padre que no ha traído firmada la autorización.

No ven que esa autorización lleva dos semanas en la mochila de su hijo, que la ha visto tres veces, que cada vez ha dicho "ahora la firmo" y cada vez su cerebro ha saltado a otra cosa antes de que pudiera coger un bolígrafo.

Es agotador. Y es invisible.

Las micro-estrategias que a mí me funcionan

No voy a decirte que he encontrado la solución mágica. No existe. Pero hay cosas que hacen que las reuniones sean menos tortura.

Graba la reunión. Pide permiso a la tutora, pon el móvil a grabar y olvídate de intentar procesar todo en tiempo real. Tu cerebro no puede. Acepta eso. Luego en casa escuchas los trozos importantes a doble velocidad. Eso sí lo puedes hacer.

Lleva algo en las manos. Un bolígrafo, una goma, lo que sea. Tus manos necesitan moverse para que tu cabeza funcione. No es una manía. Es neurología.

Siéntate cerca de la puerta. No por si quieres escapar (bueno, también). Sino porque saber que puedes salir un momento reduce la ansiedad de estar atrapado. Y un cerebro con TDAH atrapado es un cerebro que se desconecta más rápido.

Habla con la tutora después. Cinco minutos a solas valen más que noventa en grupo. Porque en una conversación uno a uno tu cerebro se activa. Hay interacción, hay respuesta, hay dopamina. Es un formato que tu cabeza sí sabe procesar.

No eres el único padre que no se entera

Esto es lo que nadie dice: hay más padres en esa sala que están igual que tú. Perdidos. Pensando en otra cosa. Fingiendo que entienden. Pero como nadie lo dice, tú crees que eres el único.

No lo eres.

El TDAH en la vida cotidiana, en las cosas "fáciles" como una reunión del cole o una comida familiar, es donde más se nota y donde menos se perdona. Porque la gente entiende que te cueste hacer cosas difíciles. Pero no entiende que te cueste estar sentado escuchando. "Si solo tienes que escuchar."

Ya. Solo escuchar. Como si eso fuera fácil cuando tu cerebro tiene 47 pestañas abiertas.

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Si quieres entender mejor cómo funciona tu cerebro (y por qué las reuniones del cole se te hacen eternas), hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No diagnostica, pero en 10 minutos te da más información sobre tu cabeza que todas las reuniones de padres de tu vida juntas.

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