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Llevar a los niños al cole con TDAH: la carrera imposible de cada mañana

Levantar niños, mochilas, desayuno, abrigos, llaves. Tu cerebro TDAH no sabe por dónde empezar. La carrera imposible de cada mañana escolar.

tdah

Son las 8:47. Estás en el coche. Los niños van dentro. Y hay un bocadillo que no existe porque se te olvidó hacerlo, una mochila que dejaste en el rellano y tuviste que bajar a buscar, y una profesora que ya te ha mirado tres veces con esa cara.

Esa cara.

La de "otra vez este padre" o "otra vez esta madre". No dice nada. No hace falta. Lo dice todo con el gesto. Y tú llegas sonriendo como si no pasara nada porque si no sonríes la alternativa es que te traguen los nervios en la puerta del cole.

Llevas tarde tres de los cinco días de la semana. El cole empieza a las nueve. Tú lo sabes desde septiembre del año pasado.

Y aun así.

¿Por qué siempre llegamos tarde al cole?

Porque llevar a los niños al cole con TDAH no es una tarea. Es veinte tareas encadenadas que tienen que ocurrir en el orden correcto, en el tiempo correcto, con personas que no cooperan porque tienen entre cuatro y diez años y literalmente no pueden cooperar todavía.

Un cerebro neurotípico afronta eso con su sistema operativo en marcha. Prioriza, secuencia, ajusta. "Primero despierto a los niños, mientras se visten hago el desayuno, bocadillos ya los preparé anoche."

Tu cerebro con TDAH afronta lo mismo y se congela.

No de pereza. De sobrecarga real. Tienes demasiadas variables moviéndose al mismo tiempo, ninguna señal clara de por dónde empezar, y un reloj interno que ya de por sí falla de forma sistemática. Añádele encima que tienes que coordinar a otras personas que también tienen sus propios caos de siete de la mañana y ya tienes la receta perfecta para la catástrofe.

El resultado es que te quedas mirando la cocina sin saber si ir a despertar al pequeño primero o encender el fuego para los huevos revueltos que dijiste que ibas a hacer. Y mientras decides, pasan cuatro minutos. Y mientras pasan esos cuatro minutos, te distraes porque ves que hay ropa en la silla que había que doblar desde el martes.

Y la doblas.

Porque tu cerebro con TDAH no distingue entre urgente y importante a las siete y veinte de la mañana. Lo que tiene delante es lo que procesa. Y lo que tiene delante en ese momento es ropa sin doblar.

La secuencia que nunca funciona como la planeaste

La noche anterior siempre hay buenas intenciones.

"Mañana me levanto diez minutos antes." "Les preparo la mochila esta noche." "Dejo el abrigo en la silla de la entrada para no buscarlo."

Y entonces llega la mañana.

El niño grande no quiere levantarse. El pequeño se levanta solo pero en cuanto le dices que se vista empieza a llorar porque quiere los calcetines de los dinosaurios y resulta que están en el cesto de la ropa sucia. Tú estás intentando hacer el desayuno y te das cuenta de que no hay pan porque ayer no fuiste al super porque se te pasó. Hay cereales pero el cartón está casi vacío y el pequeño quiere los de chocolate que están en la estantería de arriba y tú estás mirando la estantería con un vaso en la mano sin saber exactamente qué estabas buscando.

Las llaves. Estabas buscando las llaves.

¿Dónde están las llaves? No en el gancho de siempre porque ayer llegaste con las manos ocupadas y las dejaste en algún sitio que en ese momento tenía todo el sentido del mundo.

Para cuando encuentras las llaves, el bocadillo sigue sin existir, el niño grande sigue en pijama, y el pequeño ha decidido que el único abrigo que le vale es el azul que está en el coche desde la semana pasada.

Las mañanas con TDAH son ya de por sí una carrera de obstáculos

El problema no es que seas mal padre o mala madre

Esto hay que decirlo claro.

No llegas tarde porque no te importa. Llegas tarde porque tienes un cerebro que procesa las rutinas de forma diferente, y una rutina de mañana con niños es exactamente el tipo de situación que más le cuesta gestionar a ese cerebro.

Requiere planificación secuencial. Requiere ajuste en tiempo real. Requiere dividir tu atención entre varias personas que necesitan cosas distintas al mismo tiempo. Y requiere mantener en mente una hora límite mientras tu percepción del tiempo hace lo que siempre hace: inventarse los minutos.

La mirada de la profesora duele más de lo que debería porque tú ya sabes que lo has intentado. Has puesto alarmas. Has preparado mochilas la noche anterior. Has prometido levantarte más temprano. Y has llegado tarde igual porque el problema no era la alarma ni la mochila ni la hora.

Era la capacidad de tu cerebro para ejecutar esa secuencia sin que nada se descarrile.

Si tienes dudas sobre si lo que describes es TDAH o simplemente el caos normal de cualquier familia con hijos pequeños, puede ser útil mirarlo con más calma. El TDAH en niños también tiene sus patrones propios, pero lo que sientes tú como padre o madre tiene su propia lectura.

Lo que sí funciona (y lo que no)

Voy a ser honesto: no hay un sistema que convierta las mañanas en algo suave. Pero hay cosas que reducen el daño.

Lo que no funciona: prometerte que mañana lo harás mejor. Poner una alarma más. Hacer la lista mental de lo que hay que hacer mientras estás en la cama. Confiar en que "ya te acordarás" de preparar el bocadillo por la mañana.

Lo que sí funciona, al menos parcialmente:

Preparar todo la noche anterior. No como recomendación motivacional de Instagram. Como protocolo de supervivencia real. Mochilas revisadas. Bocadillos hechos y en la nevera. Ropa de los niños en la silla. Llaves en el gancho, sin excepciones. Porque tu cerebro de las siete de la mañana no puede tomar esas decisiones. Tu cerebro de las once de la noche sí puede.

Una rutina visual en la nevera o en la puerta. No una lista en el móvil que vas a ignorar. Un papel físico, con dibujos si hace falta, con los pasos en orden. Para los niños y para ti. Cuando el cerebro no genera la secuencia de forma automática, la externaliza. La pones fuera de tu cabeza y la pegas en la puerta.

Un cronómetro, no una alarma. La diferencia es que el cronómetro cuenta hacia atrás y te dice cuánto queda. "Tenéis ocho minutos para estar listos en la entrada." Concreto, visible, sin margen para que tu reloj interno los convierta en veinte.

Delegar si puedes. Si hay otra persona adulta en casa, dividid. No porque tú no puedas solo. Sino porque nadie puede coordinar a tres personas a la vez con un cerebro que ya tiene bastante con gestionarse a sí mismo a esa hora.

Y aun con todo eso, habrá días que llegues tarde. No porque hayas fallado el sistema. Sino porque el caos tiene sus propias reglas y los niños no leyeron el protocolo.

La vergüenza que nadie habla

Lo más duro no es llegar tarde. Es la vergüenza acumulada de llegar tarde sistemáticamente. De que ya te conozcan en el cole por eso. De que tus hijos lo noten. De que tú mismo empieces a creerte que hay algo fundamentalmente roto en ti como persona.

No hay nada roto.

Hay un cerebro que funciona diferente y una sociedad diseñada para cerebros que no funcionan como el tuyo. Las mañanas escolares son un sistema que asume puntualidad automática, secuencias ejecutadas sin fricción, y un reloj interno que funciona. Tú tienes exactamente lo contrario.

El objetivo no es llegar siempre a tiempo. El objetivo es llegar a tiempo más veces que antes, con menos coste para ti y para tus hijos. Y entender que cuando no lo consigues no es un fracaso de carácter. Es una mañana difícil con un cerebro difícil en un sistema que no está diseñado para ti.

No es lo mismo. Aunque se sienta igual.

Si reconoces este caos en tu propia vida y llevas años pensando que es falta de organización o de voluntad, puede que valga la pena mirarlo de otra forma. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. No es un diagnóstico, pero sí un punto de partida. 10 minutos.

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