Ser trabajador social con TDAH: absorber el dolor ajeno sin filtro
Tu trabajo es escuchar problemas ajenos 8 horas al día. Con TDAH, no solo escuchas: absorbes. Y no hay protocolo para eso.
Tu trabajo es escuchar problemas de otros 8 horas al día. Con TDAH, no solo escuchas: absorbes. Y no hay protocolo para eso.
Ni en la carrera, ni en las prácticas, ni en ningún manual de intervención social te dicen qué hacer cuando el caso que acabas de atender a las 10 de la mañana te sigue dando vueltas en la cabeza a las 3 de la madrugada. Cuando cierras el expediente en el ordenador pero tu cerebro se niega a cerrar el archivo emocional.
Yo no soy trabajador social. Pero conozco esa sensación de absorberlo todo. Ese cerebro que no filtra. Que le da la misma prioridad a una conversación del martes que a la factura de la luz que a una historia que te han contado y que no era tuya pero ahora pesa como si lo fuera.
Eso, con TDAH, es el día a día. Pero si encima tu profesión consiste en meterte en las vidas más complicadas de tu municipio, la cosa se multiplica por mil.
¿Cómo afecta el TDAH al trabajo social?
El trabajo social exige algo que el cerebro con TDAH hace fatal: cambiar de contexto emocionalmente.
A las 9 atiendas a una familia en riesgo de exclusión. A las 10 tienes una reunión de coordinación con servicios jurídicos. A las 11 entra una persona mayor que lleva tres días sin comer. A las 12 tienes que redactar un informe sobre el caso de las 9. Y tu cerebro tiene que hacer un reset emocional entre cada caso.
El problema es que tu cerebro no tiene regulador de volumen emocional. No puedes subir la empatía para la entrevista y bajarla para el informe. Con TDAH, todo entra al mismo volumen. Todo el rato. Sin pausa.
Y lo que pasa es que el caso de las 9 se te queda pegado mientras intentas escribir el informe a las 12. Y el de las 11 te aparece en la ducha. Y acabas el día con la sensación de haber vivido seis vidas que no son la tuya.
¿Por qué nadie habla de esto?
Porque el trabajo social ya de por sí es una profesión donde se normaliza el agotamiento. "Es vocacional", dicen. Como si la vocación fuera un escudo mágico contra el desgaste. Como si querer ayudar significara que puedes aguantar cualquier cosa sin que te pase factura.
Y los trabajadores sociales con TDAH lo compensan. Vaya si compensan.
Compensan con hiperenfoque: se meten tanto en un caso que se olvidan de comer. Compensan con empatía desmedida: sienten tanto el dolor del otro que se lo llevan a casa. Compensan con horas extra que nadie les pide porque se sienten culpables de no haber hecho suficiente.
Y de repente llevan tres años así y no entienden por qué están destruidos.
¿No es simplemente burnout?
En parte sí. Pero no del todo.
El burnout con TDAH tiene un componente que la gente sin TDAH no experimenta: la sobrecarga sensorial emocional constante. No es solo que trabajes mucho. Es que tu cerebro procesa cada interacción a una intensidad que no puedes regular.
Un trabajador social sin TDAH puede salir de una entrevista dura y tomarse un café mientras su cerebro hace la transición. Respira. Se desconecta un poco. Vuelve al siguiente caso con algo de espacio.
Un trabajador social con TDAH sale de esa misma entrevista y su cerebro sigue ahí. Reproduciendo la conversación en bucle. Pensando en lo que podría haber dicho. Sintiendo lo que el otro sentía. Y encima se enfada consigo mismo por no poder pasar página.
No es debilidad. Es neurología.
¿Y la parte burocrática?
Ah, la burocracia. El enemigo final del trabajador social con TDAH.
Porque resulta que la mitad del trabajo no es atender personas. Es rellenar formularios. Escribir informes. Actualizar bases de datos. Seguir protocolos de derivación con quince pasos y tres firmas.
Y todo eso requiere exactamente lo que el cerebro con TDAH peor gestiona: atención sostenida en tareas repetitivas y sin estímulo emocional.
Acabas de tener una entrevista que te ha removido por dentro. Tu cerebro está a tope de emoción, de energía, de ganas de hacer algo. Y lo que te toca es sentarte a escribir un informe estandarizado con lenguaje técnico.
Es como pedirle a alguien que acaba de bajar de una montaña rusa que se siente a hacer un sudoku. Tu cuerpo y tu cerebro están en frecuencias completamente distintas.
Así que los informes se acumulan. Y con ellos la culpa. Y con la culpa, más ansiedad. Y el ciclo se repite.
¿Qué puede hacer un trabajador social con TDAH?
Lo primero, y más importante: dejar de pensar que el problema es que "no vales para esto".
Porque probablemente eres de los que más empatía tienen del equipo. De los que mejor conectan con los usuarios. De los que se acuerdan de detalles que nadie más recuerda. Eso no es casualidad. Es tu cerebro con TDAH haciendo lo que mejor sabe hacer: captar información emocional a una velocidad absurda.
El problema no eres tú. El problema es que nadie te ha enseñado a gestionar eso.
Algunas cosas que ayudan:
Tiempos de transición reales entre casos. No ir de una entrevista a otra sin ni siquiera ir al baño. Cinco minutos de nada entre caso y caso. Tu cerebro necesita ese espacio para soltar lo anterior antes de absorber lo siguiente.
Escribir después de los casos duros. No el informe oficial. Tres líneas para ti. Lo que has sentido, lo que te ha removido, lo que necesitas soltar. Es como abrir una válvula de presión.
Hacer los informes justo después de la entrevista, no acumularlos. Con TDAH, lo que no haces en caliente se convierte en una montaña que cada día pesa más.
Y si trabajas en sanidad o servicios sociales con TDAH, busca compañeros que entiendan. Que no te juzguen cuando dices "necesito cinco minutos" o "no puedo con otro caso ahora mismo". Eso no es ser débil. Es conocer tu cerebro.
No hay protocolo para esto
En ningún plan de estudios de trabajo social hay un módulo que diga "qué hacer cuando tu cerebro absorbe el sufrimiento ajeno como una esponja y no sabes cómo escurrirla".
No existe ese protocolo. No hay formulario para eso.
Pero existe algo mejor: entender cómo funciona tu cabeza. Saber que no es falta de profesionalidad. Que sentir demasiado no es un fallo. Que el TDAH te da superpoderes para conectar con la gente y al mismo tiempo te deja sin armadura para protegerte.
Y cuando entiendes eso, dejas de castigarte. Y empiezas a cuidarte.
Que ya iba siendo hora.
---
Si te has visto reflejado en esto y quieres entender mejor cómo funciona tu cerebro, hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No es un diagnóstico, pero en 10 minutos te da más claridad que años de pensar "será que no valgo para esto". Gratis y sin email obligatorio.
Sigue leyendo
Solange Knowles: diagnóstico a los 30 y un cerebro que siempre supo
Solange Knowles fue diagnosticada con TDAH pasados los 30. La hermana de Beyoncé que siempre supo que su cerebro funcionaba diferente.
Estudiar para los exámenes de junio el último día: el clásico TDAH
Tenías un mes. Lo dejaste para el último día. Son las 2AM y el examen es mañana. Por qué tu cerebro con TDAH hace esto cada junio.
Einstein vs Edison: dos cerebros dispersos, dos formas de crear
Einstein hiperfocaba durante años en un solo problema. Edison probaba mil cosas a la vez. Ambos cerebros dispersos, pero opuestos.
¿Tenía John Lennon TDAH? El Beatle que no paraba
John Lennon sacaba notas terribles, era hiperactivo y tenía una creatividad explosiva. Los rasgos del Beatle más rebelde encajan sospechosamente con TDAH.