Volver al blog

Cada 2 años tu negocio necesita reinventarse o morirse

Lo que funcionaba hace 2 años ya no funciona. El algoritmo cambió, la audiencia cambió, y tú sigues haciendo lo mismo. Hablemos de eso.

emprendimiento

Lo que funcionaba hace 2 años ya no funciona. La plataforma cambió. El algoritmo cambió. Tu audiencia cambió. Y tú sigues haciendo lo mismo esperando resultados distintos. Eso tiene un nombre y no es bonito.

Se llama irrelevancia. Y no avisa. No te manda un email diciendo "oye, llevas seis meses perdiendo tracción". Simplemente un día miras los números y piensas "qué raro, antes esto funcionaba".

No es raro. Es predecible.

¿Por qué lo que te funcionaba deja de funcionar?

Porque no vivimos en un mercado estático. Vivimos en un mercado que se comporta como un río en deshielo. Lo que ayer era el camino más corto, hoy es un charco de barro donde te hundes hasta la rodilla.

Piénsalo. Hace dos años, tu estrategia de contenido era una. Tu precio tenía sentido para un mercado que era otro. Tu audiencia tenía un problema concreto que resolvías de una forma concreta. Y todo cuadraba. Las ventas entraban. Los leads llegaban. Tú dormías tranquilo pensando que habías encontrado la fórmula.

Pero las fórmulas en los negocios digitales tienen fecha de caducidad más corta que un yogur de marca blanca. Y nadie te avisa cuando caduca. Simplemente empieza a oler raro y tú sigues comiéndotelo porque "siempre me ha funcionado".

No. Te funcionaba. Pasado. Verbo terminado.

¿Y si el problema no es que tú hayas empeorado?

Esa es la trampa mental en la que caen el 90% de los que emprenden. Las ventas bajan y piensan "estoy haciendo algo mal". Y se ponen a tocar cosas. Cambian el copy. Rediseñan la web. Meten un chatbot. Hacen un webinar. Prueban anuncios. Todo a la vez, sin estrategia, como quien le echa todas las especias del armario a un guiso que ya está quemado.

No estás haciendo nada mal. Estás haciendo lo mismo de antes en un mundo que ya no es el de antes. Que es peor, porque al menos si hicieras algo mal podrías corregirlo. Pero cuando el problema es que el contexto entero ha mutado, no basta con parches. Necesitas replantearte cosas de raíz.

Tu producto puede seguir siendo bueno. Tu contenido puede seguir teniendo calidad. Pero si el canal donde lo distribuyes ha cambiado las reglas, si tu cliente ideal ahora busca otra cosa, o si han aparecido competidores que ofrecen algo parecido a la mitad de precio, da igual lo bueno que seas. El mercado no premia la calidad. Premia la relevancia.

Y la relevancia se renueva o se pierde.

La reinvención no es empezar de cero

Aquí es donde mucha gente se bloquea. Oyen "reinventarse" y piensan en tirarlo todo a la basura y empezar con un proyecto nuevo desde cero. Como si cada dos años tuvieras que dar un salto sin red hacia algo completamente distinto.

No. Reinventarse no es destruir. Es adaptar.

Es mirar lo que tienes con ojos nuevos y preguntarte: "Si empezara hoy, ¿haría exactamente esto?". Y si la respuesta es no, ahí tienes tu hoja de ruta. No hace falta cambiarlo todo. A veces es cambiar el formato. A veces es cambiar el canal. A veces es cambiar la oferta manteniendo el mismo producto.

Lo que no puedes hacer es aferrarte a lo que fue porque te costó mucho construirlo. El coste hundido es la excusa favorita de los negocios que se mueren despacio. "Pero invertí seis meses en esto." Ya. Y ahora no funciona. Los seis meses no vuelven pongas lo que pongas.

¿Cada cuánto hay que reinventarse?

Si me preguntas a mí, la respuesta honesta es: constantemente, pero a pequeña escala. Los grandes pivotes cada dos años son lo que pasa cuando no haces ajustes pequeños cada semana.

Es como ir al médico. Si vas a revisión cada año, te pillan las cosas a tiempo. Si vas cada diez años, te encuentran un desastre que podrías haber evitado con un par de cambios a tiempo.

Con un negocio pasa igual. Si cada semana dedicas una hora a mirar qué funciona, qué no, y qué ha cambiado en tu mercado, el pivote grande nunca llega. Porque vas girando el volante suavemente en vez de dar un volantazo cuando ya te estás saliendo de la carretera.

Pero nadie hace eso. Porque emprender ya es bastante deporte de riesgo como para encima tener que revisar la estrategia cada lunes a las 9. Lo entiendo. Pero es la diferencia entre los negocios que sobreviven tres años y los que sobreviven diez.

El algoritmo no te debe nada

Esto es algo que mucha gente no quiere oír. El algoritmo de la plataforma X, Y o Z no trabaja para ti. Trabaja para la plataforma. Y si mañana decide que tu tipo de contenido ya no interesa, no va a mandarte un ramo de flores con una nota de disculpa.

Tu negocio no puede depender de un algoritmo que no controlas. Ni de una plataforma que no es tuya. Ni de una tendencia que mañana será otra.

Puede apoyarse en todo eso. Pero la base tiene que ser tuya. Tu lista de email. Tu producto. Tu relación directa con quien te compra. Todo lo demás es terreno alquilado. Y en terreno alquilado, el casero puede subir el alquiler o echarte cuando le apetezca.

La incomodidad es la señal

Si llevas un tiempo sintiendo que algo no cuadra, que los números no son los de antes, que el trabajo que metes no se traduce en resultados, no lo ignores. Esa incomodidad no es fracaso. Es información.

Es tu negocio diciéndote "oye, necesito que me mires con ojos nuevos". Y tú puedes elegir escucharlo o puedes elegir seguir haciendo lo mismo otros seis meses hasta que la incomodidad se convierta en crisis.

Los que eligen escuchar, pivotan. Los que no, acaban dejando trabajos que les pagaban bien para descubrir que emprender era más duro de lo que pensaban.

No estoy diciendo que sea fácil. Estoy diciendo que es necesario. Que el negocio que montaste hace dos años ya no existe, aunque tenga el mismo nombre y el mismo logo. El mercado es otro. Tú eres otro. Y tu negocio necesita ser otro también.

O al menos una versión actualizada del mismo. Como un teléfono que necesita actualizar el sistema operativo. No es otro teléfono. Es el mismo, pero que funciona con el mundo de hoy y no con el de 2024.

Actualiza o congélate. Tú decides.

---

Si quieres simplificar cómo funciona tu cabeza cuando emprendes, tengo un truco gratis que me enseñó mi psicóloga. Sin trampa, sin pedir el correo si no quieres.

Relacionado

Sigue leyendo