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No di un salto de fe di un salto con hoja de calculo

Antes de dejar mi empleo hice una hoja de cálculo con 6 escenarios. El peor seguía siendo mejor que quedarme. Así se toman decisiones de verdad.

emprendimiento

La gente romantiza dejar tu trabajo. "Sigue tu pasión." "Arriésgate." "El universo conspira." Yo hice una hoja de cálculo con 6 escenarios y el peor seguía siendo mejor que quedarme.

Ya conté la historia emocional de dejar mi empleo. El parking. El motor apagado. El "me voy" y el "entiendo". Esa parte es la que queda bonita en una historia.

Pero antes de esa conversación hubo algo mucho menos cinematográfico. Un tío con TDAH sentado a las 2 de la mañana con una hoja de cálculo abierta, calculando cuánto necesitaba al mes para no morirse de hambre.

Hoy te cuento la otra parte. La aburrida. La que funciona.

¿De dónde sale la idea de que emprender es un acto de fe?

De los gurús de Instagram, básicamente.

"Quema las naves." "Sal de tu zona de confort." "Si no te da miedo, es que no es lo suficientemente grande."

Eso suena la hostia en un reel de 30 segundos con música épica. En la vida real, quemar las naves significa que si la cosa sale mal no tienes con qué volver a casa.

Ya dije una vez

Yo tenía una hoja de cálculo y la capacidad de sumar.

Los números antes del salto

Septiembre de 2022. Llevaba meses acumulando datos como un científico loco que en vez de ratas observa facturas.

El dato gordo: había facturado más de 100.000 euros combinando YouTube y mi empleo. No en un mes. En el periodo previo al salto. Pero era un dato real, no una proyección sacada de una servilleta.

Así que abrí un Google Sheets y empecé a hacer lo que cualquier persona racional haría antes de tomar la decisión más importante de su carrera.

Puse tres escenarios.

Optimista: facturo lo mismo que ya venía facturando con YouTube pero dedicándole el 100% del tiempo. Lógica: si facturé X a media jornada, a jornada completa debería poder facturar al menos X. Resultado: vivo bien. Sin lujos, pero bien.

Realista: facturo un 60% de lo esperado porque la transición tiene curva de aprendizaje y los primeros meses no son lineales. Resultado: vivo justo. Pago alquiler, como, y me queda para kebabs los viernes. Lo esencial.

Pesimista: facturo un 30% o menos. Todo sale mal. Los suscriptores se van. YouTube cambia el algoritmo. Mi cara deja de salir en recomendados. Resultado: tengo que buscar curro en 6 meses. Vuelvo a algo tipo Mercadona, pero temporal.

Y aquí está la clave: incluso el escenario pesimista no era el fin del mundo. Era un retraso. Un plan B que no me dejaba en la calle.

¿Cuántos meses de colchón necesitas para dejar tu trabajo?

La pregunta que todo el mundo se hace y nadie responde con números concretos.

Mi cálculo fue simple. Cogí mis gastos mensuales fijos. Alquiler, comida, facturas, el seguro, la cuota de autónomo, y un margen para imprevistos (que con TDAH, los imprevistos son más bien previstos que olvidé apuntar).

Sumé todo. Lo multipliqué por 6. Ese era mi número.

6 meses de colchón. No 12. No 24. Seis meses para demostrar que el negocio funcionaba a jornada completa. Si en 6 meses no llegaba al escenario realista, volvía al mercado laboral sin deudas y sin drama.

¿Sabes qué es lo bonito de tener un número concreto? Que deja de ser miedo abstracto. Ya no es "y si me arruino" flotando en tu cabeza a las 3 de la mañana. Es un número. Un número que puedes mirar, comparar con tu cuenta bancaria, y decidir si estás dentro o fuera.

Para un cerebro TDAH, eso es oro. Porque mi cerebro es un genio inventando escenarios catastróficos a las 2AM. Pero una hoja de cálculo no tiene ansiedad. No se inventa finales. Solo suma.

La diferencia entre fe y datos con miedo

Voy a ser honesto: la hoja de cálculo no eliminó el miedo. Ni de lejos.

El día que tuve la conversación en el parking seguía cagado. El primer lunes sin Slack seguía siendo raro. Los primeros meses de "soy mi propio jefe" tenían rachas de "hostia, esto es real".

Pero el miedo con datos es un miedo domesticado. Es como tener un perro grande que ladra mucho pero que tú sabes que no muerde porque le conoces los números.

Sin la hoja de cálculo, habría sido un tío con miedo y sin mapa. Con la hoja de cálculo, era un tío con miedo y con GPS.

Y eso cambia todo.

Porque cuando llega un mes malo (y llegan, vaya si llegan), no piensas "me voy a morir". Piensas "vale, estoy en el escenario realista tirando a pesimista, me quedan X meses de colchón, y puedo ajustar Y". Es la misma lógica que apliqué después con el pricing: las matemáticas no mienten aunque tú quieras.

Lo que no te cuentan de dar el salto

No te cuentan que los meses previos son los más aburridos de la historia.

No es épico. No hay montaje de película. Es un tío abriendo facturas, apuntando ingresos, calculando medias, y actualizando una hoja de cálculo cada domingo por la noche.

No te cuentan que la decisión no se toma un día. Se cocina durante meses. Se va cocinando cada vez que miras los números y piensas "todavía no" o "ya casi" o "un mes más".

No te cuentan que el salto real no es el momento en que dices "me voy". El salto real es el domingo por la noche, tres meses antes, cuando por primera vez miras la hoja y piensas "los números cuadran". Y te tiembla un poco el pulso. Pero cuadran.

Si estás pensando en dejar tu trabajo

No te voy a decir que sigas tu pasión. Ya sabes lo que pienso de eso.

Te voy a decir que abras una hoja de cálculo.

Apunta cuánto gastas al mes. De verdad. No el número bonito que te cuentas a ti mismo. El real. Con los kebabs del viernes incluidos.

Apunta cuánto facturas ya con tu proyecto paralelo. Si la respuesta es cero, todavía no es momento. No pasa nada. Sigue construyendo.

Haz tres escenarios. Optimista, realista, pesimista. Con números, no con sensaciones.

Calcula cuántos meses de colchón necesitas para sobrevivir al escenario pesimista sin endeudarte.

Y cuando los números cuadren, sigue teniendo miedo. Es normal. El miedo no se va. Pero los números no mienten.

Yo no di un salto de fe.

Di un salto con hoja de cálculo, tres escenarios, seis meses de colchón, y las piernas temblando.

Y no he vuelto a Mercadona.

Monté un consejo directivo con IA que discute, vota y se insulta. Y tomo mejores decisiones que nunca. Si quieres ver cómo funciona para que tus decisiones de negocio se parezcan más a una hoja de cálculo y menos a un horóscopo, lo explico todo aquí.