El interruptor no funciona y los clientes siguen esperando
Sabes lo que tienes que hacer. Tienes el deadline. Y no puedes mover un dedo. Cuando tu TDAH le cuesta clientes a tu negocio.
Hay dias en los que sabes lo que tienes que hacer. Tienes la lista. Tienes el deadline. Tienes el email abierto con el cursor parpadeando.
Y no puedes mover un dedo.
Ahora imagina que esos dias te cuestan clientes.
No en abstracto. No en plan "a largo plazo perdere oportunidades". No. Un cliente concreto. Con nombre, apellido y presupuesto aprobado. Esperando una propuesta que tardo cinco dias en salir de tu bandeja de borradores.
Cinco dias.
Lo que tardas en ver una temporada entera de algo en Netflix. Lo que tarda Amazon en entregarte algo con envio lento. Lo que tardo mi cerebro en dejarme escribir un PDF de cuatro paginas que ya tenia medio hecho.
El cliente se fue con otro.
¿Que haces cuando tu negocio no puede esperar pero tu cerebro no arranca?
Te voy a contar exactamente lo que paso.
Era un martes. Me acuerdo porque los martes tengo una especie de ritual: me siento a las seis de la tarde con un te, abro el ordenador y reviso lo que hay pendiente. Ese martes lo pendiente era una propuesta para un cliente que me habia escrito el jueves anterior. Un proyecto de los buenos. Presupuesto decente. Encaje perfecto. El tio incluso me habia dicho "sin prisa, pero esta semana estaria bien".
Sin prisa pero esta semana. Traduccion al espanol real: tienes hasta el viernes.
El jueves la lei. El viernes pense en ella. El sabado me dije "el lunes la hago seguro". El lunes abri el documento, escribi media frase, la borre, y me quede mirando la pantalla durante cuarenta minutos como si el cursor fuera una hoguera en una noche fria.
El martes, cuando por fin me sente con mi te y abri el correo, tenia un mensaje suyo. Dos lineas. Amable. Educado. "He encontrado a otro profesional, pero gracias por tu tiempo."
Gracias por tu tiempo.
Tio. Si supiera que mi tiempo es exactamente lo que me sobra en esos dias. Lo que me falta es la capacidad de usarlo.
El interruptor que no funciona
Ya lo he contado antes. Emprender con TDAH es un deporte de riesgo que nadie te explica cuando montas tu empresa. Pero hay una parte que no habia tocado hasta ahora: la parte en la que tu interruptor apagado no solo te jode a ti. Les jode a otros.
Cuando el interruptor no funciona un sabado por la tarde y lo unico pendiente es fregar los platos, pues vale. Los platos esperan. Los platos no se van con la competencia.
Pero los clientes si.
Y eso anade una capa de mierda encima del interruptor que ya de por si es insoportable: la culpa. Porque sabes que no es pereza. Sabes que no es que te de igual. Sabes que si pudieras, lo harias. Pero el muro invisible entre "saber" y "hacer" es tan real como la pared que tienes delante.
Es como tener el coche con el deposito lleno, las llaves puestas, el GPS programado y no poder girar la llave de contacto. Todo esta listo. Todo menos tu.
Y mientras tanto, el cliente espera. Y espera. Y se cansa de esperar.
Los dias tipo 3 cuestan dinero
Hay tres tipos de dias cuando tienes TDAH
Nada.
Ni siquiera procrastividad. Ni siquiera organizarte para sentir que estas haciendo algo. En un dia tipo 3 no organizas. No planificas. No reordenas tu Notion para sentirte productivo. Te quedas sentado mirando la pantalla como si estuvieras esperando a que alguien te diera permiso para existir.
El problema de los dias tipo 3 cuando eres autonomo es que los clientes no saben que existen. El cliente ve un profesional que tarda cinco dias en contestar. No ve un cerebro con el interruptor fundido debatiendose entre la culpa y la paralisis.
Y no se lo puedes explicar.
Imaginate mandar un email diciendo: "Disculpa el retraso, es que mi interruptor no funcionaba". Es como ir al banco y decir "no he pagado la cuota porque mi cerebro ha decidido que esta semana no arranca". Suena a excusa. Suena a broma. Suena a cualquier cosa menos a lo que es.
Lo que aprendi despues de perder a ese cliente
Despues de leer el "gracias por tu tiempo", me quede cinco minutos mirando la pantalla. No enfadado. No triste. Vacio. Ese vacio especifico de cuando sabes que la has cagado y no puedes culpar a nadie mas que a tu propio cerebro.
Y luego pense: esto va a volver a pasar.
Porque los dias tipo 3 no se eliminan. No hay un curso, una pastilla, una rutina matutina que los borre del mapa. Vienen. Siempre vienen. A veces una vez al mes. A veces tres en una semana. No avisan. No tienen calendario.
Asi que si no puedo eliminarlos, tengo que disenar mi negocio asumiendo que existen.
Y ahi es donde invente los buffers.
Un buffer es tiempo extra que me doy a mi mismo antes de cada deadline real. Si un cliente me dice "para el viernes", yo me pongo el deadline el miercoles. Asi, cuando el miercoles llega y mi cerebro decide que es dia tipo 3, tengo dos dias de margen. Dos dias en los que el interruptor puede encenderse sin que el cliente note nada.
No es una solucion bonita. No es "productividad sexy". Es un parche para un cerebro que a veces no coopera.
Pero funciona.
Desde que lo hago no he perdido otro cliente por tardanza. He tenido dias tipo 3. Muchos. He tenido semanas enteras en las que el interruptor iba y venia como la senal del WiFi en un pueblo de Teruel. Pero los buffers absorbian el golpe.
El truco esta en no fingir que eres otro
Lo que me jodio de aquella propuesta no fue perder el dinero. Fue darme cuenta de que estaba gestionando mi negocio como si no tuviera TDAH. Como si mis dias fueran todos tipo 1. Como si pudiera prometer un "para el viernes" y cumplirlo siempre.
No puedo.
Y no pasa nada.
Lo que pasa es que necesito un sistema diferente. No mejor. No peor. Diferente. Un sistema que tenga en cuenta que algunos martes voy a mirar el cursor parpadear durante cuarenta minutos sin escribir nada. Que algunos sabados el interruptor va a estar fundido y no voy a poder hacer absolutamente nada productivo.
Y que los lunes despues de esos sabados, necesito mentirle a mi cerebro cinco minutos para que arranque.
Hoy mis propuestas salen a tiempo. No todas a la primera sentada. No todas sin sufrimiento. Pero salen. Y los clientes reciben sus correos antes del deadline porque el deadline que les doy a ellos no es el deadline que me doy a mi.
Es un truco. Es ingenieria inversa de un cerebro que a veces decide no arrancar.
Y es lo que hay.
Prefiero un sistema feo que funcione a un sistema bonito que me cueste clientes. Prefiero poner buffers a poner excusas. Prefiero asumir que hay dias tipo 3 a fingir que todos los dias soy la mejor version de mi mismo.
Porque esa version solo existe en los posts de LinkedIn.
En la vida real, a veces el interruptor no funciona. Y lo unico que puedes hacer es construir un negocio que aguante los apagones.
Esto me lo enseno mi psicologa y me cambio el dia a dia. Te lo regalo: El metodo de 2 minutos que salvo mi TDAH.