Ser recepcionista con TDAH: 8 horas de centralita y multitarea
Teléfono, visitas, correos, paquetes. Todo a la vez. Ser recepcionista con TDAH es hacer malabares con un cerebro que solo quiere una cosa.
Teléfono, visitas, correos, paquetes, recados. Todo a la vez. Ser recepcionista con TDAH es hacer malabares con cinco cosas mientras tu cerebro quiere perseguir solo una.
Y no la que toca.
La que le apetece.
Estuve una temporada trabajando en un sitio donde la recepción era el centro de todo. Cada persona que entraba por la puerta necesitaba algo distinto. El teléfono sonaba cada tres minutos. Había que cuadrar agendas, repartir paquetes, contestar correos, y encima sonreír como si todo eso no estuviera pasando a la vez.
Para la mayoría de la gente, eso es estrés normal de oficina. Para un cerebro con TDAH, eso es como intentar hacer un examen de matemáticas en mitad de una discoteca.
¿Se puede ser recepcionista con TDAH?
Se puede. Claro que se puede. Pero hay que ser honesto con lo que implica.
El trabajo de recepción es, por definición, multitarea constante. Y la multitarea es exactamente lo que peor se le da a un cerebro con TDAH. No porque seas tonto. No porque no te esfuerces. Sino porque tu cerebro no cambia de tarea con la fluidez que el puesto exige.
Lo que la gente llama "multitarea" en realidad es cambio de contexto rápido. Tu cerebro tiene que soltar una cosa, coger otra, procesarla, volver a la anterior, y no perder el hilo de ninguna. Es como tener quince pestañas abiertas en el navegador y que alguien te vaya pinchando en una diferente cada treinta segundos.
Con TDAH, cada cambio de contexto tiene un coste brutal. No es un cambio limpio. Es un arrastre. Tu cerebro se queda enganchado a lo anterior mientras intentas procesar lo nuevo. Y en recepción, eso se traduce en:
- Colgar el teléfono y olvidar el recado que acabas de apuntar.
- Atender a una visita y no recordar que tenías un email a medio escribir.
- Cuadrar una cita y confundir el nombre porque tu cabeza todavía estaba en el paquete que acababas de recibir.
La gente lo ve como despistes. Tú lo vives como una guerra interna constante.
El problema de las interrupciones continuas
La recepción es, básicamente, un puesto diseñado para ser interrumpido.
Y las interrupciones son la kryptonita del TDAH. Cuando por fin consigues enfocarte en algo, suena el teléfono. Cuando arrancas con el email, entra alguien por la puerta. Cuando estás cuadrando la agenda, un compañero te pide un favor. Si alguna vez has trabajado atendiendo llamadas todo el día con TDAH, sabes exactamente de qué hablo.
No es que no puedas hacerlo. Es que cada interrupción te cuesta el triple que a los demás. Porque volver a engancharte con la tarea anterior no es automático. Tu cerebro necesita un rato para reubicarse. Y ese rato, en recepción, no existe.
Es como intentar leer un libro en un autobús donde cada dos paradas alguien te arranca la página de las manos y te da otra diferente.
Después de ocho horas así, no estás cansado. Estás frito. Tu capacidad de tomar decisiones se agota mucho antes que la de tus compañeros, y el final de la jornada se convierte en pura supervivencia.
La máscara del "qué maja eres, siempre sonriendo"
Hay otra capa que nadie ve: la performance social.
Ser recepcionista no es solo gestionar tareas. Es ser la cara amable de la empresa. Sonreír, ser educado, transmitir calma aunque por dentro estés calculando si has perdido el paquete de las 11 o si has apuntado bien el nombre del señor García.
Para alguien con TDAH, esa doble exigencia es agotadora. Estás llevando una máscara social todo el día. Fingiendo que todo fluye cuando tu cerebro está en llamas.
Y lo peor es que si lo haces bien, nadie se entera. "Qué bien lo llevas", te dicen. Y tú llegas a casa sin energía ni para calentar la cena.
Es el castigo silencioso de compensar. Cuanto mejor se te da disimular, menos ayuda recibes. Porque desde fuera parece que no la necesitas.
Entonces, ¿qué opciones hay?
No voy a decirte "déjalo y busca otro curro". Porque a veces no puedes. A veces la recepción es lo que hay, y necesitas ese sueldo.
Lo que sí puedo decirte es lo que ayuda:
Externaliza tu memoria. Libreta abierta siempre, no confíes en tu cabeza. Cada llamada, cada recado, apuntado al momento. No "luego lo anoto". Ahora. Siempre ahora.
Crea rituales de transición. Antes de cada cambio de tarea, tres segundos. Solo tres. Cierra mentalmente lo anterior. "He colgado. El recado está apuntado. Ahora atiendo a esta persona." Suena ridículo, pero funciona.
Negocia lo que puedas. Si tu empresa tiene algo de flexibilidad, pide bloques sin teléfono. Aunque sean 20 minutos al día para los emails que requieren concentración. Es poco, pero marca una diferencia enorme.
Identifica tus horas buenas. Con TDAH, tu rendimiento no es lineal. Hay franjas donde tu cerebro coopera más. Mete ahí las tareas que más concentración exigen. Las mecánicas, para las horas flojas.
Y sobre todo: deja de culparte por los despistes. No eres un desastre. Estás haciendo un trabajo diseñado para cerebros que funcionan de una manera concreta, y el tuyo funciona de otra. No es excusa. Es contexto.
Ser recepcionista con TDAH no te define
Es un trabajo. No es tu identidad. Y que te cueste más no significa que lo hagas peor. Significa que lo estás haciendo con un nivel de esfuerzo que los demás no ven.
Hay gente con TDAH que encuentra trucos, adapta su puesto, y acaba siendo la mejor recepcionista de la oficina. Y hay gente que decide que ese formato no encaja con su cerebro y busca algo donde pueda funcionar diferente. Las dos opciones son válidas.
Lo que no es válido es quedarte pensando que eres vago, torpe o incompetente porque tu cerebro no encaja en un puesto que pide justo lo que peor se te da.
Tu cerebro no está roto. Solo funciona diferente. Y cuanto antes dejes de pelearte con eso, antes empiezas a trabajar con ello.
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