La resaca emocional después de socializar con TDAH
La cena fue genial. Pero al día siguiente estás destruido emocionalmente. La resaca social del TDAH es real y tiene explicación.
La cena fue genial.
Risas, historias, bromas, esa energía de cuando todo fluye y estás a tope. Te fuiste a casa pensando "qué bien lo he pasado". Te dormiste con una sonrisa.
Y al día siguiente estás destruido.
No físicamente. Emocionalmente. Como si hubieras corrido un maratón pero por dentro. No quieres hablar con nadie. No quieres que te escriban. No quieres ni que el repartidor te diga "buen día" al dejarte el paquete en la puerta.
La resaca social del TDAH no se cura con ibuprofeno.
¿Por qué me siento agotado después de socializar con TDAH?
Porque tu cerebro estuvo haciendo horas extra sin que te dieras cuenta.
Mientras tú disfrutabas de la conversación, tu cabeza estaba procesando quince cosas a la vez. Escuchar lo que te decían. Pensar qué responder. Controlar que no interrumpieras. Captar el tono. Leer las caras. Filtrar los ruidos del restaurante. Recordar de qué hablabais hace dos minutos para no repetirte. Decidir si ese chiste que se te acaba de ocurrir es apropiado o te van a mirar raro.
Todo eso en paralelo. Sin parar. Durante horas.
Un cerebro neurotípico hace parte de esto en automático. El tuyo lo hace en manual. Cada interacción social es como conducir un coche sin dirección asistida: llegas al mismo sitio, pero acabas con los brazos reventados.
Y lo peor es que mientras está pasando, no lo notas. Porque estás a tope de estímulo. La conversación te da dopamina, las risas te dan dopamina, la conexión te da dopamina. Tu cerebro está en modo fiesta. Es al día siguiente, cuando la dopamina baja, cuando llega la factura.
No es que no te guste la gente
Esto es lo que más confunde.
Porque tú lo pasaste bien. De verdad. No estabas incómodo, no estabas fingiendo, no estabas deseando irte. Lo disfrutaste. Y precisamente por eso no entiendes por qué al día siguiente quieres meterte en una cueva y no salir en 48 horas.
La resaca emocional del TDAH no es introversión. No es que socializar te agote porque no te gusta. Es que tu cerebro gasta el triple de energía que el de al lado haciendo lo mismo, y luego necesita recuperarse.
Es como ir al gimnasio. Te encanta entrenar. Pero al día siguiente tienes agujetas. No es que no te guste el gimnasio. Es que tus músculos necesitan descanso después del esfuerzo.
Solo que aquí los músculos son emocionales. Y las agujetas son querer desaparecer del mapa durante un día entero.
Las máscaras pesan más de lo que crees
Hay otra capa que multiplica el agotamiento: el esfuerzo de parecer normal.
Porque la mayoría de nosotros llevamos años aprendiendo a ponernos máscaras sociales. A no interrumpir. A mantener el contacto visual el tiempo justo. A no soltar lo primero que se nos pasa por la cabeza. A reírnos cuando toca. A no cambiar de tema diecisiete veces en tres minutos.
Eso no sale gratis.
Cada vez que frenas un impulso, tu cerebro gasta energía. Cada vez que te muerdes la lengua, energía. Cada vez que sonríes educadamente cuando por dentro estás pensando en si dejaste la vitro encendida, energía.
Es como llevar una mochila invisible todo el rato. Los demás no la ven. Tú tampoco, la mayoría del tiempo. Pero tu cuerpo sí la siente. Y cuando llegas a casa y te la quitas, notas todo el peso de golpe.
El bajón de dopamina es real
Hay una explicación neuroquímica detrás de todo esto, y no hace falta ser médico para entenderla.
Tu cerebro con TDAH ya tiene niveles bajos de dopamina en reposo. Cuando socializas, los niveles suben. A veces mucho. Estás estimulado, conectado, presente. Tu cerebro funciona como debería funcionar siempre.
Y luego se acaba la cena. Vuelves a casa. El estímulo desaparece.
Tu dopamina no baja al nivel normal. Baja por debajo de lo que ya era bajo de por sí. Es un efecto rebote. Como un trampolín: cuanto más alto saltas, más abajo bajas antes de estabilizarte.
Eso se traduce en vacío emocional. Niebla mental. Irritabilidad. Ganas de no hacer nada. Esa sensación de "estoy triste pero no sé por qué" que aparece justo después de haberlo pasado bien.
Y si encima tu regulación emocional ya es complicada, el combo se vuelve difícil de gestionar. Porque no solo estás cansado. Estás cansado y no puedes controlar lo que sientes al respecto.
¿Qué puedes hacer con la resaca social?
No hay truco mágico. No es magia chamánica. Pero hay cosas que ayudan.
Planifica el día de después. Si sabes que mañana tienes cena con amigos, no pongas reuniones importantes al día siguiente. Trátalo como lo que es: vas a necesitar tiempo de recuperación. No es debilidad. Es logística.
Avisa a tu gente. "Oye, ayer lo pasé genial, pero hoy necesito desconectar." La gente que te quiere lo entiende. Y la que no lo entiende, pues mira, ya sabes dónde está la puerta.
No te castigues por necesitarlo. Esto es lo más importante. Que necesites un día de cueva después de socializar no significa que seas raro, antisocial, o que tengas algún problema. Significa que tu cerebro funciona diferente y que tiene sus propios ritmos de carga y descarga.
Dale a tu cerebro lo que necesita. Estímulo bajo. Poca toma de decisiones. Nada de compromisos sociales. Si quieres tirarte en el sofá con una serie que ya has visto tres veces, hazlo. Tu cerebro está recargando. Déjalo.
No eres el único
Esto le pasa a mucha gente con TDAH. Muchísima. Solo que casi nadie lo dice porque suena contradictorio. "Me lo paso genial con la gente pero luego necesito dos días para recuperarme" parece que no tiene sentido.
Tiene todo el sentido del mundo.
Tu cerebro no es defectuoso. Gasta más energía en las mismas situaciones que los demás. Y necesita más tiempo para recuperarse. Punto. No hay nada malo en eso. Solo hay que saberlo para dejar de pensar que eres un bicho raro cada vez que cancelas planes al día siguiente de haber quedado.
La próxima vez que te pase, acuérdate: no es que no te guste la gente. Es que tu cerebro se lo tomó tan en serio que necesita un rato para volver a la normalidad.
Como el que se mete en la piscina a tope y luego tiene que quedarse cinco minutos en la toalla recuperando el aliento.
Solo que tu piscina es una cena de viernes y tu toalla es el sofá con las persianas bajadas.
---
Si te reconoces en esto y quieres entender mejor cómo funciona tu cerebro, hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No diagnostica, pero te da más información sobre lo que pasa dentro de tu cabeza que cualquier hilo de Twitter. 10 minutos, gratis, y sin email obligatorio.
Sigue leyendo
Buscar el móvil mientras lo tienes en la mano: TDAH en estado puro
Llevas 5 minutos buscando el móvil por toda la casa. Lo tienes en la mano. Mientras hablas por él. Así funciona un cerebro con TDAH.
La rutina de mañana que me funciona con TDAH (y por qué las demás no)
He probado la de las 5AM, la de los 21 días, la de las afirmaciones. Ninguna sobrevivió. Esta sí. Y es fea.
Cambio de humor estacional con TDAH: cuando el otoño te cambia el chip
Tu cerebro con TDAH reacciona al otoño de forma distinta. Menos luz, menos dopamina, más caos emocional. Y no, no es que seas débil.
Trabajar de dependiente con TDAH: ocho horas de sonrisas y sobreestimulación
Ocho horas de pie, clientes sin parar y un cerebro que procesa cada estímulo a tope. Trabajar de dependiente con TDAH es un maratón sensorial.