Ser farmacéutico con TDAH: 200 cajas iguales y un cerebro que salta
Ser farmacéutico con TDAH implica precisión constante con un cerebro que no filtra. Así se sobrevive a 200 cajas que se parecen.
Doscientas cajas que se parecen, nombres que difieren en una sílaba, y un cerebro que se distrae con cada cliente que entra. Ser farmacéutico con TDAH requiere un nivel de precisión que tu neurología no produce de serie.
Omeprazol. Omeprazol Sandoz. Omeprazol Normon. Omeprazol Cinfa. Cuatro cajas casi idénticas, con el mismo nombre en distinto orden, y la diferencia entre una y otra es el excipiente que puede hacer que alguien con alergia acabe en urgencias.
Y tú ahí, detrás del mostrador, intentando leer la receta mientras una señora te cuenta su vida, suena el teléfono, un repartidor deja tres bultos en la puerta y tu cerebro decide que es el momento perfecto para preguntarse si apagaste el horno antes de salir de casa.
Bienvenido a la farmacia con TDAH.
¿Cómo trabaja un farmacéutico con TDAH sin cometer errores?
La respuesta corta: con un esfuerzo invisible que nadie ve.
Porque el problema no es que no sepas farmacología. El problema es que tu cerebro no distingue prioridades. Para tu sistema nervioso, la señora que pregunta por una crema solar tiene la misma urgencia que la receta de anticoagulante que tienes a medio dispensar en la mano. Todo llega al mismo volumen. Todo compite por tu atención.
Un cerebro neurotípico filtra. Dice "esto es importante ahora, esto puede esperar". El tuyo dice "mira, una mosca" mientras estás verificando dosis.
Así que desarrollas sistemas. No porque seas organizado de serie, sino porque si no lo haces, la alternativa es cometer errores que en otro trabajo son un email de disculpa y aquí pueden ser una urgencia médica.
Algunos farmacéuticos con TDAH hacen doble verificación de todo. Otros ponen marcadores de colores en los cajones. Otros repiten en voz baja el nombre del medicamento mientras lo buscan para que el cerebro no se enganche a otro estímulo.
No es eficiencia. Es supervivencia disfrazada de método.
¿Por qué nadie habla de esto?
Porque la farmacia se vende como una profesión "tranquila". El típico "qué bien, trabajas detrás de un mostrador, sin estrés". Como si dispensar medicamentos fuera lo mismo que vender chuches.
Una farmacia de barrio atiende entre 200 y 400 personas al día. Cada persona tiene un nombre, un historial, una receta, una duda, una queja, una historia personal que te cuenta mientras tú intentas no confundir la caja de 10 mg con la de 20 mg.
Cada dispensación es una microdecisión que requiere atención sostenida. Y la atención sostenida es exactamente lo que el TDAH te quita.
No es que seas mal profesional. Es que tu cerebro gasta el triple de energía haciendo lo mismo que el de al lado. Para las 14:00 llevas el desgaste mental de alguien que ha corrido una maratón, y todavía te queda media jornada.
Eso tiene un nombre: burnout por masking. Cuando llevas años aparentando que todo fluye con normalidad mientras por dentro tu cerebro va a mil revoluciones.
¿Qué estrategias funcionan de verdad?
Las que no dependen de tu fuerza de voluntad. Porque la fuerza de voluntad es un recurso limitado, y tú lo agotaste a las 10 de la mañana.
Entorno físico a prueba de despistes. Cajones etiquetados por orden alfabético estricto. Nada de "ya sé dónde está cada cosa". No, no lo sabes. Lo sabías hace diez minutos, antes de que entrara el del bastón preguntando por la tensión. Etiquetas, colores, separadores.
Protocolo fijo de dispensación. Siempre el mismo orden: leer receta, buscar caja, comprobar nombre, comprobar dosis, comprobar caducidad, entregar. No improvisar. No atajar. El cerebro con TDAH funciona mejor con raíles que con campo abierto.
Tareas de riesgo en las horas de foco. Si sabes que tu concentración pico es de 9 a 11, pon las verificaciones de pedidos y las preparaciones de fórmulas magistrales ahí. Deja las consultas rutinarias para la tarde.
Pedir ayuda sin drama. "Oye, ¿me verificas esta dispensación?" no es debilidad. Es profesionalidad. Y si tu farmacia tiene un entorno donde eso no se puede pedir, el problema no eres tú. Son las condiciones laborales que no contemplan cerebros diferentes.
La paradoja del hiperfoco en farmacia
Hay días en los que el TDAH hace lo contrario de lo esperado. Te metes tanto en una tarea que el mundo desaparece. Estás preparando un SPD (sistema personalizado de dosificación) para un paciente mayor y de repente han pasado cuarenta minutos, tienes tres clientes esperando y ni te has enterado.
El hiperfoco no es un superpoder. Es el mismo cerebro sin regulador, pero girando hacia el otro lado. Y en una farmacia, donde necesitas atención distribuida constante, un hiperfoco a destiempo puede ser tan problemático como la distracción.
El truco no es eliminarlo. Es saber que existe y tener señales externas que te saquen: una alarma cada 15 minutos, un compañero que te avisa, un temporizador visible.
No eres menos profesional por funcionar diferente
Lo que más duele no es el cansancio. Es la duda constante. El "¿habré puesto la caja correcta?" que te asalta en el coche de vuelta a casa. El revisar mentalmente cada dispensación del día como si fueras un detective buscando tu propio error.
Eso no lo hacen los que no tienen TDAH. Ellos terminan la jornada y se van a casa. Tú terminas la jornada y empiezas la auditoría mental.
Y es agotador. Pero también dice algo de ti: que te importa. Que te tomas en serio lo que haces. Que tu cerebro no funciona como el manual dice que debería, pero has construido un sistema propio para que el resultado sea igual de bueno. O mejor.
La farmacia con TDAH no es cómoda. Pero es posible. Con estructura, con honestidad contigo mismo, y con la certeza de que no necesitas que tu cerebro funcione "bien" para hacer un trabajo excelente. Necesitas que funcione con las herramientas adecuadas.
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