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Fatiga de decisión con TDAH: cuando elegir qué cenar te agota más que trabajar

Has tomado 847 decisiones hoy. Te preguntan qué cenar y quieres llorar. La fatiga de decisión con TDAH es real, y tiene nombre.

tdah

Son las 8 de la tarde. Has tomado 847 decisiones hoy. Y alguien te pregunta "¿qué cenamos?" y quieres llorar.

No estás exagerando.

No eres dramático. No es que te dé igual la cena. Es que tu cerebro lleva todo el día eligiendo cosas. Desde que te has levantado. Qué ponerte. Qué desayunar. Qué hacer primero. Si contestar ese email ahora o después. Si levantarte de la silla o aguantar cinco minutos más. Si el café es necesario o ya vas demasiado acelerado. Si ese mensaje de tu amigo requiere respuesta ahora o puede esperar.

Y cada una de esas decisiones, que para alguien sin TDAH es un clic automático que ni registra, para ti es una negociación interna con un cerebro que quiere debatirlo todo.

¿Por qué decidir cansa más que trabajar?

Porque decidir no es gratis.

Hay un concepto que los psicólogos llevan años estudiando: la fatiga de decisión. La idea es simple. Tu cerebro tiene un depósito limitado de energía para tomar decisiones. Cada vez que eliges algo, el depósito baja un poco. Da igual si es una decisión importante o una tontería. El cerebro gasta el mismo tipo de recursos.

Esto le pasa a todo el mundo. Los jueces dictan sentencias más duras después de comer porque están mentalmente agotados de decidir toda la mañana. Los cirujanos cometen más errores en las últimas operaciones del día. No es incompetencia. Es un cerebro al que se le ha acabado el combustible.

Ahora imagina que tu depósito es la mitad de grande.

Eso es el TDAH. Tu cerebro, que ya de por sí funciona con dopamina y no con disciplina, tiene menos recursos disponibles para la toma de decisiones. No porque seas débil. Porque tu corteza prefrontal, la parte del cerebro que gestiona las funciones ejecutivas, va corta de gasolina desde el minuto uno.

Y encima, gastas más por decisión. Porque donde otra persona elige sin pensar, tú piensas. Y piensas. Y le das vueltas. Y consideras opciones que nadie más consideraría.

La tiranía de las decisiones pequeñas

Lo peor de la fatiga de decisión con TDAH es que no te agotan las decisiones grandes. Esas, por lo menos, tienen peso. Cambiar de trabajo, mudarte, romper una relación. Son agotadoras, pero entiendes que lo sean.

Lo que te destroza es la acumulación de decisiones insignificantes.

Qué zapatos ponerte. Si llevar chaqueta o no. Qué ruta tomar para ir al trabajo. Si poner gasolina ahora o de vuelta. Si comprar la leche de siempre o probar la otra que está de oferta. Si responder ese WhatsApp con un "ok" o un "vale" o un emoji o un mensaje más largo para no parecer borde.

Cada una de esas decisiones pesa 5 gramos. Pero llevas 200 encima. Y a las 8 de la tarde cargas con un kilo de microdecisiones que te han ido chupando la batería sin que te dieras cuenta.

Por eso abres la nevera, miras dentro, la cierras, la vuelves a abrir, la cierras otra vez, y acabas cenando cereales. No es que no sepas cocinar. Es que tu cerebro ha decidido que elegir entre pasta o ensalada es el equivalente mental a resolver una ecuación diferencial. Y se niega.

¿Por qué el TDAH lo multiplica todo?

Un cerebro neurotípico tiene un truco que el tuyo no: el piloto automático.

La mayoría de decisiones cotidianas no se toman. Se ejecutan. Tu cerebro crea rutinas, automatismos, hábitos. Metes la llave en la cerradura sin pensar. Eliges el mismo desayuno sin debatirlo. Conduces por la misma ruta sin plantearte alternativas. Son decisiones que ya no gastan energía porque se han convertido en reflejos.

El cerebro con TDAH no automatiza bien. Le cuesta crear esos atajos. Cada mañana es como si fuera la primera vez. Cada decisión rutinaria se siente nueva. Tu cerebro no ha guardado el resultado anterior, o lo ha guardado pero no lo encuentra, o lo encuentra pero decide cuestionarlo igualmente.

Es como si tu cerebro tuviera un ayudante que, en vez de hacer las cosas como ayer, te preguntara cada vez: "¿Estás seguro? ¿Y si hoy lo hacemos diferente? ¿Y si hay una opción mejor?"

A las 3 de la tarde ya estás harto del ayudante. A las 8 de la noche quieres despedirlo. Pero no puedes, porque vive dentro de tu cabeza.

Lo que pasa cuando se acaba la batería

Cuando un cerebro con TDAH agota su capacidad de decisión, no "decide peor". Directamente deja de decidir.

Y eso se manifiesta de formas que la gente no entiende.

Parálisis. Te quedas sentado en el sofá mirando la pared, incapaz de elegir qué hacer. No es pereza. Es un cortocircuito. Tu cerebro ha llegado al límite y ha apagado el sistema de toma de decisiones como medida de protección.

Impulsividad. Eliges lo primero que se te pasa por la cabeza sin evaluarlo. Compras algo absurdo online. Dices que sí a un plan que no quieres. Contestas un mensaje de una forma que luego lamentas. No es falta de juicio. Es un cerebro que ya no tiene energía para filtrar.

Irritabilidad. Alguien te pregunta algo inocente y saltas. "¿Qué quieres cenar?" se convierte en una agresión. No porque estés enfadado con esa persona. Porque la pregunta te exige una decisión más y no te queda ni una gota para darla.

Y lo peor es que la gente de tu alrededor no lo ve. Ven a alguien que "se pone de mal humor por tonterías". Que "no puede decidir ni qué cenar". Que "se queda paralizado sin hacer nada". Y piensan que es un problema de actitud. Cuando en realidad es un problema de un cerebro que lleva todo el día fingiendo que puede con todo y ya no puede más.

¿Qué puedes hacer con esto?

No voy a darte una lista de 15 trucos de productividad. Tu cerebro no necesita más listas. Necesita menos decisiones.

Reduce las opciones. Siempre que puedas, elimina la necesidad de elegir. La misma comida los lunes. La misma ropa de trabajo. La misma ruta. No es aburrido. Es estratégico. Cada decisión que automatizas es batería que te queda para lo que de verdad importa.

Decide la noche anterior. Tu cerebro por la noche, aunque esté cansado, todavía funciona mejor que tu cerebro por la mañana con cero decisiones tomadas y toda la presión del día encima. Elige la ropa. Planifica la comida. Prepara la mochila.

Externaliza decisiones. Escríbelas. Ponlas en una app. Dile a tu pareja "elige tú la cena los martes y jueves y yo elijo los lunes y miércoles". No es delegar por vaguería. Es distribuir la carga para que no te reviente a ti solo.

Y lo más importante: entiende que no es debilidad. Es neurología. Tu cerebro no está diseñado para tomar 847 decisiones al día sin consecuencias. Nadie lo está. Pero tú llegas al límite antes porque empiezas con menos y gastas más.

No es que elegir qué cenar te agote más que trabajar.

Es que elegir qué cenar es la decisión número 848. Y la 848 pesa lo mismo que las 847 anteriores juntas.

Si te has reconocido en esto y llevas tiempo sospechando que tu cerebro funciona diferente, hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No es un diagnóstico, pero sí un punto de partida para dejar de culparte por cosas que no son culpa tuya. 10 minutos.

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