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He comprado la agenda de septiembre y ya sé que la abandonaré en octubre

Cada septiembre compras una agenda nueva. Cada octubre la abandonas. El ritual TDAH que se repite y por qué la papelería no es la solución.

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Cada septiembre compras una agenda nueva.

Y cada octubre la abandonas. Lo sabes. Lo sé. Lo sabemos los dos desde el momento exacto en que pasas la tarjeta en la papelería.

Pero da igual. Porque estás en septiembre. Y en septiembre todo es posible.

El ritual anual del cerebro TDAH

Septiembre es el enero de la gente con TDAH. Pero mejor. Porque en enero hace frío, estás reventado de las navidades y la motivación te dura lo que tarda en llegar la factura del gas. En septiembre hay algo más. Hay olor a papelería. Hay rotuladores nuevos. Hay cuadernos con las hojas todavía crujientes.

Y tu cerebro hace clic.

No es que necesites una agenda. Es que necesitas la sensación de comprar la agenda. El paseo por la tienda. Tocar las tapas. Comparar formatos. Semanal o diaria. A5 o A4. Con pestañas o sin pestañas. Ese proceso te da más dopamina que cualquier tarea productiva que hagas en las próximas tres semanas.

Porque eso es lo que pasa. Tu cerebro funciona con dopamina, no con disciplina. Y la compra de material de organización es una inyección de dopamina pura. Estás comprando la fantasía de ser una persona organizada. Y esa fantasía sabe increíble.

La primera semana la llenas entera. Con colores. Con letra bonita. Con post-its que nadie te ha pedido. Hasta pones stickers, que los compraste "por si acaso" y te costaron 4,50€.

La segunda semana ya no usas colores. Escribes con boli negro y la letra empieza a degenerar.

La tercera semana hay tres días en blanco.

La cuarta semana la agenda vive en el fondo de la mochila, debajo de unos auriculares y un chicle sin envoltorio.

¿Por qué las agendas nunca funcionan con TDAH?

No es la agenda. Es el sistema que hay detrás.

Una agenda funciona con una premisa simple: tú vas a abrirla todos los días, vas a mirar qué toca, y vas a hacerlo. Así, sin más. Como si tu cerebro fuera un empleado obediente que recibe instrucciones y las ejecuta.

Pero tu cerebro no es un empleado. Tu cerebro es un gato. Hace lo que le da la gana, cuando le da la gana, y si le obligas se tumba en el teclado.

Las agendas asumen constancia. Y la constancia es exactamente lo que un cerebro con TDAH no puede garantizar. No porque seas vago. No porque no te importe. Sino porque la parte de tu cerebro que debería decir "oye, abre la agenda" está ocupada pensando en por qué los semáforos tienen ese orden específico de colores.

He comprado 12 agendas y ninguna ha durado más de 2 semanas

Y el problema no estaba en la agenda. El problema estaba en creer que la herramienta iba a cambiar el cerebro.

¿Por qué septiembre es especialmente peligroso?

Porque septiembre trae el efecto "vuelta al cole". Y ese efecto es borrón y cuenta nueva con esteroides.

Piénsalo. En septiembre todo se reinicia. Los niños vuelven al colegio, las oficinas vuelven a llenarse, las series lanzan temporada nueva. El mundo entero dice "ahora sí, ahora en serio". Y tu cerebro TDAH, que es adicto a los reinicios, se lo cree. Otra vez.

Es como si tu cabeza tuviera un botón de "nueva partida" que solo funciona en septiembre y enero. Y tú le das con toda la ilusión del mundo, convencido de que esta vez va a ser distinto.

Pero no es distinto. Porque septiembre no cambia tu neurología. Lo que cambia es tu nivel de dopamina temporal. La novedad de la agenda, la energía post-vacaciones, la ilusión del "nuevo yo". Todo eso se agota. Y se agota rápido. Más o menos para mediados de octubre, cuando llevas tres semanas sin abrir la agenda y encuentras un post-it pegado en la portada que dice "NO OLVIDAR: sistema nuevo" y ni siquiera recuerdas a qué sistema te referías.

¿Entonces qué hago, no compro nada?

No digo eso. Digo que dejes de buscar la solución en la papelería.

La agenda no es el problema. El problema es que confías en la motivación de septiembre para sostener un hábito en noviembre. Y la motivación de septiembre tiene la vida útil de un yogur abierto.

Lo que funciona con un cerebro TDAH no es la herramienta perfecta. Es un sistema tan simple que no necesites motivación para usarlo. Algo que no dependa de que te acuerdes de abrirlo. Algo que no requiera letra bonita, ni colores, ni stickers de 4,50€.

¿Puedes comprar la agenda? Claro. Disfrútala. Huele las hojas nuevas. Estrena los rotuladores. Siente esa dopamina de septiembre recorrer tus venas.

Pero no te engañes pensando que esta vez será diferente solo porque la tapa es de cuero reciclado y tiene un cierre magnético.

Tu cerebro no necesita una agenda mejor. Tu cerebro necesita un sistema que funcione con él, no contra él. Uno que asuma que habrá días que no lo abras. Que no dependa de la constancia diaria. Que sobreviva a octubre.

Eso existe. Pero no lo venden en papelerías.

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