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La procrastinación de Darwin: 20 años para publicar su mayor obra

Darwin tardó 20 años en publicar El Origen de las Especies. No era vago. Era procrastinación TDAH en estado puro. Esto te va a sonar.

tdahfamosos

Darwin llevaba veinte años sabiendo la respuesta y no era capaz de escribirla.

La teoría estaba lista desde 1838. La evolución por selección natural. El mecanismo que explicaría cómo funcionaba la vida en la Tierra. Una de las ideas más importantes de la historia de la ciencia. Y Charles Darwin la tenía en la cabeza, con notas, con evidencias, con especímenes de todo el mundo clasificados en su estudio.

Y no publicaba.

¿Por qué tardó veinte años en publicar lo que ya sabía?

Esto es lo que la mayoría de los libros de historia pasan por alto: Darwin no tardó veinte años en descubrir la teoría. Tardó veinte años en soltar el botón de publicar.

Volvió del viaje en el Beagle en 1836. Cinco años navegando por el mundo, coleccionando fósiles, especímenes, observaciones. Tortugas de las Galápagos, pinzones, escarabajos de Sudamérica, corales del Pacífico. El hombre llenó baúles enteros con criaturas muertas y vivas. Un nivel de obsesión coleccionista que hace que tu colección de cualquier cosa parezca un hobby casual de tarde de domingo.

Pero la teoría se le fue armando en la cabeza durante ese viaje y en los años siguientes. Para 1838 ya la tenía. La selección natural. La variación dentro de las especies. La adaptación al entorno. Todo.

Y entonces... no pasó nada.

Siguió coleccionando. Siguió tomando notas. Siguió "preparando" el trabajo. Empezó a escribir un manuscrito enorme, enciclopédico, que nadie iba a leer nunca porque tenía cuatro mil páginas y seguía creciendo. No era un libro. Era una procrastinación disfrazada de rigor científico.

Cuando alguien te fuerza la mano

La historia solo se desbloquea en 1858. Darwin recibe una carta de Alfred Russel Wallace, un naturalista que había estado trabajando por su cuenta en las selvas de Indonesia. La carta contenía, resumida en pocas páginas, exactamente la misma teoría que Darwin llevaba veinte años sin publicar.

Ese momento tiene que haber sido como recibir un correo donde alguien te envía el proyecto que llevas dos años aplazando terminado al cien por cien.

Y Darwin publicó El Origen de las Especies al año siguiente. En 1859. No en cuatro mil páginas sino en un libro de tamaño normal que la gente podía leer. Lo sacó en cuestión de meses después de décadas de bloqueo.

Sin la presión de Wallace, quién sabe si lo publica alguna vez.

Si esto te suena a algo, es porque es exactamente el patrón de la procrastinación con TDAH: puedes tener la idea perfectamente formada en la cabeza, puedes saber exactamente lo que tienes que hacer, y aun así no arrancar hasta que algo externo te fuerza a moverte. Un deadline real. Una competencia. Una crisis. El botón del pánico.

No es vagancia. Es biología.

El coleccionismo como hiperfoco

Hay algo más en Darwin que llama la atención cuando lo miras con este prisma.

El viaje del Beagle duró cinco años. Cinco años lejos de casa, en un barco pequeño, con mareos constantes, comida horrible y condiciones que cualquier persona razonable hubiera considerado insoportables. Y Darwin aguantó. Más que aguantó: disfrutó. Porque cada parada era una nueva oportunidad de recoger especímenes.

Eso no es curiosidad científica normal. Eso es hiperfoco.

Cuando Darwin encontraba algo que le interesaba, el tiempo dejaba de existir. Podía pasarse horas estudiando un escarabajo. En Cambridge, de joven, coleccionaba insectos con tanta obsesión que cuando un día encontró dos escarabajos raros y ya llevaba uno en cada mano, se metió el tercero en la boca para no perderlo. Se lo metió en la boca. Porque las manos estaban ocupadas.

Eso es lo que hace el hiperfoco cuando está en modo activo: todo lo demás desaparece. La incomodidad, el tiempo, el ridículo. Solo existe el objeto de interés.

Igual que el hiperfoco no elige cuándo aparece, tampoco elige qué aspecto de un proyecto te engancha. Darwin podía obsesionarse con recoger más datos durante décadas. Pero sentarse a ordenar esos datos y escribir el libro final era otra cosa. Ese paso no generaba la misma dopamina.

Y sin dopamina, el cerebro con TDAH no arranca.

¿Por qué cerrar proyectos es tan difícil?

Aquí está el núcleo de la cuestión. Porque Darwin no es el único. Es que da Vinci dejó la mayoría de sus proyectos sin terminar por la misma razón. Es que la historia está llena de personas extraordinariamente capaces que acumulaban obras en proceso y tenían una relación torturada con el punto final.

Empezar es excitante. Hay novedad, hay posibilidad, hay dopamina. El cerebro se engancha.

Terminar es otra historia. Terminar significa exponerse. Significa que ya no hay excusa de "todavía le falta un poco". Significa sacar algo al mundo y que el mundo lo juzgue.

Darwin tenía además una capa extra: sabía que su teoría iba a ser explosiva. La evolución contradecía directamente la narrativa religiosa dominante. No es que publicara y ya. Publicar significaba enfrentarse a la Iglesia, a los medios, a la sociedad entera. Tenía razones de sobra para seguir "preparando" el trabajo.

El miedo a la exposición disfrazado de perfeccionismo. Si algo está en proceso, no se puede criticar del todo.

Si tienes TDAH en adultos, esto te puede sonar terriblemente familiar. Cuántos proyectos llevas "casi listos" que llevan meses o años sin ver la luz. Cuántas veces has necesitado un Darwin externo, alguien que te presione desde fuera, para terminar lo que ya sabías que tenías que terminar.

Lo que Darwin sabía sin saberlo

No se puede diagnosticar a Darwin con nada. No es posible, no es honesto y no es útil hacerlo. Lo que sí se puede decir es que los rasgos que se documentan en su vida, la procrastinación épica, el coleccionismo obsesivo, el hiperfoco extremo en campo, la dificultad para cerrar el trabajo final, el miedo a la exposición, son rasgos compatibles con cómo funciona un cerebro con TDAH.

No lo sabía. Nadie lo sabía entonces. No existía ese marco para entender ese tipo de funcionamiento. Solo era "el naturalista excéntrico que tardó mucho en publicar".

Hoy ese marco existe. Y si te reconoces en algo de lo que has leído aquí, eso ya es información. No un diagnóstico. No una excusa. Información.

Porque la diferencia entre Darwin y tú es que tú sí puedes entender por qué te pasa lo que te pasa. Y cuando entiendes el mecanismo, puedes hacer algo con él.

No tienes que esperar a tu Wallace particular para publicar.

Si quieres entender si tu cerebro funciona con estas reglas, he preparado un test de 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No es un diagnóstico, pero en 10 minutos vas a tener más claridad que en años pensando que simplemente eres "un poco vago".

Hacer el test de TDAH

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