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Caitlyn Jenner: oro olímpico en decatlón con TDAH y dislexia

Caitlyn Jenner ganó el oro olímpico en decatlón en 1976 con TDAH y dislexia diagnosticados. El cerebro que no encajaba en el aula dominó el atletismo.

tdahfamosos

Hay una paradoja que no se enseña en el colegio.

El mismo cerebro que suspende las asignaturas teóricas, que pierde los apuntes, que no se puede sentar quieto cuarenta minutos seguidos... ese mismo cerebro puede empujarte a entrenar diez disciplinas atléticas distintas con una obsesión que la mayoría de la gente no es capaz de mantener ni en una sola.

Caitlyn Jenner lo vivió de primera mano.

En 1976, subió al podio de los Juegos Olímpicos de Montreal con la medalla de oro en decatlón. Batió el récord del mundo. Y lo hizo con TDAH y dislexia diagnosticados, dos condiciones que en el aula se traducían en suspensos y etiquetas, y en la pista se tradujeron en algo completamente diferente.

¿Qué es el decatlón y por qué es tan brutal?

Para entender la historia, primero hay que entender qué es el decatlón.

No es una prueba. Son diez.

100 metros lisos. Salto de longitud. Lanzamiento de peso. Salto de altura. 400 metros. 110 metros vallas. Lanzamiento de disco. Salto con pértiga. Lanzamiento de jabalina. 1500 metros.

Todo en dos días. Todo en el mismo cuerpo. Todo con el mismo cerebro.

Para competir a nivel olímpico en decatlón no basta con ser bueno en una cosa. Tienes que ser extraordinariamente bueno en diez cosas distintas. Necesitas velocidad para los 100 metros y resistencia para el 1500. Necesitas potencia explosiva para el salto y precisión técnica para el lanzamiento de jabalina. Necesitas dominar disciplinas que no tienen casi nada en común entre sí.

El decatlón se considera la prueba reina del atletismo. Al campeón se le llama "el atleta más completo del mundo".

En 1976, ese título fue para Caitlyn Jenner.

¿Qué pasaba mientras tanto en el aula?

Antes de Montreal, hubo un colegio. Varios, en realidad.

Y en todos ellos, la historia fue más o menos la misma.

Dificultades para leer. Las letras que no se quedaban quietas. Los textos que costaban el doble de esfuerzo que a cualquier otro compañero. El TDAH que no se llamaba así porque en los años sesenta ese diagnóstico apenas existía en la conciencia colectiva, pero que estaba ahí: la imposibilidad de quedarse sentado, la mente que saltaba de un sitio a otro, la sensación constante de que algo no funcionaba como se supone que debía funcionar.

El sistema educativo tiene una respuesta muy concreta para ese tipo de cerebro. La misma que tenía entonces y la misma que sigue teniendo ahora en demasiados casos. Etiquetarlo. Apartarlo. Decidir que el problema está en el niño y no en el método.

Lo que no saben hacer esos sistemas es mirar qué pasa cuando ese cerebro encuentra algo que le importa de verdad.

¿Qué cambia cuando el cerebro con TDAH encuentra su cosa?

La hiperfocalización no es una rareza del TDAH. Es uno de sus rasgos más consistentes.

Las personas con TDAH no tienen un problema de atención en el sentido de que no pueden prestar atención. Tienen un problema de regulación de la atención. Hay cosas que no consiguen capturar su interés por más que lo intenten. Y hay otras cosas que las capturan de tal manera que el mundo exterior deja de existir.

El deporte, para muchos cerebros con TDAH, entra en esa segunda categoría.

No porque sea fácil. Sino porque tiene todo lo que ese tipo de cerebro necesita para funcionar bien. Estímulo físico constante. Resultados medibles e inmediatos. Progresión visible. Variedad de retos. Competencia real.

Caitlyn Jenner empezó a entrenar con una dedicación que iba mucho más allá de lo que la mayoría consideraría razonable. No porque tuviera más horas que los demás. Sino porque cuando el cerebro con TDAH se engancha a algo, se engancha de una manera que resulta difícil de sostener para alguien con un sistema de atención más convencional.

El mismo cerebro que no podía terminar un examen escrito entrenó decatlón durante años con una consistencia que acabó siendo récord mundial.

¿Cómo se lleva el TDAH en la competición de alto nivel?

Aquí hay algo que no se suele contar.

El TDAH no desaparece cuando llegas a la élite deportiva. Sigue ahí. Sigue afectando. Pero el entorno competitivo de alto nivel tiene, paradójicamente, muchas de las estructuras que un cerebro con TDAH necesita para funcionar bien.

Rutinas muy marcadas. Objetivos concretos y medibles. Feedback constante del rendimiento. Entrenadores que marcan el ritmo y el foco. Competición que genera la adrenalina necesaria para que el cerebro se active.

No es que el deporte cure el TDAH. Es que el deporte de alto nivel crea un entorno que minimiza algunas de sus dificultades y potencia algunas de sus fortalezas.

Michael Phelps

El patrón se repite demasiado para ser casualidad.

La dislexia y el cerebro que aprende diferente

La dislexia de Caitlyn Jenner no es un detalle menor en esta historia.

La dislexia no es un problema de inteligencia. Es una diferencia en cómo el cerebro procesa el lenguaje escrito. Las personas con dislexia suelen tener capacidades cognitivas completamente normales o por encima de la media en muchas áreas. Lo que les cuesta es el código específico de la lectura y la escritura tal como está diseñado para la mayoría.

El problema es que la escuela mide casi todo a través de ese código. Leer. Escribir. Responder exámenes por escrito. Si eso te cuesta, el sistema interpreta que tienes un problema general, cuando en realidad tienes una dificultad específica con una herramienta concreta.

Caitlyn Jenner llegó a los Juegos Olímpicos con una dislexia sin resolver del todo. No porque la dislexia la hubiera frenado en el deporte, sino porque el deporte no requería del mismo canal que la escuela castigaba.

Su cerebro no era defectuoso. Era diferente. Y encontró el terreno donde esa diferencia no importaba lo más mínimo.

Lo que dice una medalla de oro sobre el TDAH

En la tabla de deportistas famosos con TDAH, Caitlyn Jenner ocupa un lugar particular.

No solo porque ganara el oro. Sino porque el decatlón, más que cualquier otra prueba olímpica, requiere exactamente el tipo de versatilidad y capacidad de adaptación que las personas con TDAH suelen tener cuando encuentran el contexto adecuado.

Diez disciplinas distintas. Diez tipos de reto diferente. Un cerebro que no se aburre fácil porque siempre hay algo nuevo que dominar.

Lo que en el aula era un déficit, en la pista era una ventaja competitiva.

No significa que el TDAH sea un superpoder. Esa narrativa es un poco peligrosa porque simplifica algo que en la vida real tiene partes muy duras. Significa que el TDAH es un conjunto de características que en ciertos entornos son una carga y en otros son una palanca.

La diferencia no estaba en el cerebro. Estaba en el contexto.

Simone Biles

El coste de no entender cómo funciona tu cabeza

Caitlyn Jenner ganó el oro. Y eso es verdad. Y es impresionante. Y no resta nada a la historia.

Pero antes de ganar el oro hubo años de un colegio que no supo leerla. Años de creer que el problema era ella, no el método. Años de esfuerzo sobrehumano para compensar con voluntad lo que el diagnóstico correcto habría resuelto con mucho menos fricción.

Eso es lo que cuesta el diagnóstico tardío. No solo el tiempo. El esfuerzo de más que tienes que meter para llegar al mismo sitio que alguien con las mismas capacidades pero con las herramientas correctas desde el principio.

La medalla de oro no borra ese coste. Demuestra que se puede llegar a pesar de él. Que son cosas distintas.

Si llevas tiempo notando que tu cerebro tiene un modo de funcionar que no encaja del todo con lo que el entorno espera, que hay patrones en tu vida que se repiten sin explicación clara, que hay días que rindes de forma espectacular y otros en los que no puedes ni empezar... no lo dejes pasar.

Hacer el test de TDAH

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