Prepararse para una operación con TDAH: ansiedad, burocracia y olvidos
Te operan en tres semanas y tu cerebro decide gestionarlo todo mañana. Así es prepararse para una operación con TDAH.
Te operan en tres semanas.
Tienes que pedir cita previa, hacerte analíticas, firmar consentimientos, dejar de tomar ciertos medicamentos. Tu cerebro ha decidido que el mejor momento para gestionar todo esto es mañana. Siempre mañana.
Y así van pasando los días. Veintiuno se convierten en catorce. Catorce en siete. Y de repente estás a tres días de entrar en un quirófano y no tienes ni las analíticas hechas.
No es que te dé igual tu salud. Es que tu cerebro tiene un sistema de prioridades que funciona con un criterio muy concreto: urgencia absoluta o nada.
¿Por qué prepararse para una operación es tan difícil con TDAH?
Porque una operación no es una tarea. Es un proyecto con quince subtareas invisibles que nadie te enumera.
El cirujano te dice "nos vemos en tres semanas, pide cita para el preoperatorio". Y tú asientes como si eso fuera una instrucción clara. Pero no lo es. Eso implica: llamar a tu centro de salud, pedir una cita que probablemente no haya hasta dentro de diez días, recordar ir a esa cita, que te manden a hacerte analíticas, ir a hacerte las analíticas en ayunas (en ayunas, con TDAH, a las 8 de la mañana), volver a por los resultados, y llevarlos al hospital antes de la fecha.
Y eso es solo el preoperatorio.
Luego está lo que nadie te cuenta: que tienes que dejar de tomar cierta medicación días antes. Que necesitas alguien que te lleve y te recoja. Que hay un consentimiento informado que deberías leer. Que vas a necesitar cosas para el postoperatorio que no tienes en casa.
Para un cerebro neurotípico, esto es una lista de tareas. Molesta, pero manejable.
Para un cerebro con TDAH, esto es 47 tareas pendientes sin saber por cuál empezar. Y como no puedes empezar ninguna, no empiezas ninguna.
La trampa de la fecha lejana
Tres semanas parece mucho tiempo. Tu cerebro lo sabe. Y lo usa en tu contra.
"Tengo tiempo de sobra", piensas el primer día. Y el segundo. Y el tercero. Y así durante dos semanas hasta que una noche, a las once, te acuerdas de que no has pedido la cita del preoperatorio y el centro de salud abre a las ocho de la mañana y tú a las ocho de la mañana estás en coma.
El TDAH no tiene problema con las tareas difíciles. Tiene problema con las tareas que no son urgentes ahora mismo. Tu cerebro no registra "esto es importante para dentro de tres semanas" como algo que necesita acción hoy. Lo registra como algo que necesita acción en algún momento del futuro. Y "algún momento del futuro" es la carpeta donde tu cerebro mete las cosas para olvidarse de ellas.
Hasta que quedan tres días. Y entonces se activa el modo pánico. Y en modo pánico haces en una mañana lo que podrías haber hecho tranquilamente en tres semanas.
Pero una operación no funciona así. No puedes hacerte unas analíticas y tener los resultados en dos horas. No puedes pedir cita para hoy. El sistema sanitario tiene sus propios plazos, y esos plazos no se adaptan a tu neurología.
La burocracia médica no está diseñada para cerebros como el tuyo
Pedir una cita con tu médico de cabecera ya es un acto de fe cuando tienes TDAH. Tienes que llamar, o entrar en la app, o ir al centro de salud. Y cualquiera de esas opciones requiere que recuerdes hacerlo, que lo hagas en horario de atención, y que no te distraigas entre que lo piensas y lo ejecutas.
Los chequeos médicos pendientes se acumulan
Ahora multiplica eso por cada paso del proceso preoperatorio. Cada uno requiere una llamada, un desplazamiento, una espera. Y hablando de esperas. Sentarse en la sala de espera del médico con TDAH es un deporte de resistencia para el que nadie te entrena. Tu cuerpo está en la silla. Tu cerebro está en Marte.
Lo que realmente funciona
No voy a decirte que te hagas una lista. Ya lo sabes. El problema no es que no sepas qué hacer. Es que tu cerebro no te deja hacerlo cuando toca.
Lo que a mí me ha servido es algo más simple y más bruto: sacar la tarea del cerebro y meterla en el mundo real.
El mismo día que te dan la fecha de la operación, antes de salir de la consulta, pide la cita del preoperatorio. Ahí. En ese momento. Antes de que tu cerebro archive la tarea en la carpeta de "luego".
Si no puedes hacerlo ahí mismo, pon una alarma para dentro de una hora. No para mañana. Para dentro de una hora. Porque mañana no existe en un cerebro con TDAH. Mañana es un concepto abstracto que tu cerebro usa para darte permiso de no hacer nada hoy.
Si necesitas dejar de tomar medicación cinco días antes, ponlo en el calendario con alarma. No confíes en que te vas a acordar. No te vas a acordar. Tu cerebro tiene la memoria a corto plazo de un pez dorado con jet lag.
Y si necesitas que alguien te lleve al hospital, pídelo hoy. No "ya lo organizaré". Hoy. Un mensaje. Treinta segundos.
La ansiedad que nadie menciona
Lo peor de prepararse para una operación con TDAH no es la burocracia. Es la ansiedad que genera saber que probablemente se te va a olvidar algo importante.
Porque ya te ha pasado. Ya has llegado a citas sin los papeles que necesitabas. Ya has olvidado dejar de tomar algo que tenías que dejar de tomar. Ya has tenido que llamar corriendo para reprogramar algo que se te fue de la cabeza.
Y esa experiencia se queda. Tu cerebro aprende que no eres fiable. Y cada vez que tienes algo importante, aparece esa voz que dice "seguro que se te olvida algo". Y a lo mejor tiene razón. Pero esa voz no te ayuda a recordar. Solo te ayuda a sentirte peor.
La ansiedad preoperatoria es normal para cualquiera. Pero cuando tienes TDAH, no solo te preocupa la operación en sí. Te preocupa toda la logística que la rodea. Te preocupa fallar en los pasos previos. Te preocupa ser esa persona que llega al hospital sin las analíticas porque se le olvidó ir a recogerlas.
Y eso agota más que la operación en sí.
No eres irresponsable, tu cerebro funciona diferente
Si estás leyendo esto a tres días de una operación con la mitad de las cosas sin hacer, no eres un desastre. Eres alguien con un cerebro que no procesa las tareas futuras como la mayoría. No es excusa. Pero es contexto. Y el contexto importa.
Haz lo que puedas hacer ahora. No lo que deberías haber hecho hace dos semanas. Ahora. Coge el teléfono, haz la llamada, envía el mensaje. Una cosa. La primera que se te ocurra. Luego la siguiente.
Tu cerebro no hace bien los planes a tres semanas. Pero hace muy bien las cosas de los próximos treinta minutos cuando por fin se enciende.
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