La sala de espera del médico con TDAH
Llegas puntual (milagro) pero te toca esperar 45 minutos sin saber cuánto queda. El móvil se muere. El reloj no avanza. Y cuando te llaman, ya no recuerdas para qué venías.
Llegas puntual. Un milagro del siglo XXI.
Te has levantado antes, has salido con margen, no te has distraído con nada raro. Has llegado a la consulta con cinco minutos de antelación sintiéndote una persona funcional y adulta.
Y entonces te dicen: "Siéntese, que el doctor tiene un poco de retraso."
Ahí empieza la tortura.
¿Qué hace un cerebro con TDAH cuando no tiene nada que hacer?
Entra en colapso controlado.
No de forma dramática. No te pones a gritar ni a correr por los pasillos. Es más silencioso que eso. Es una angustia de fondo que va subiendo poco a poco, como cuando dejas la leche al fuego y no la vigilas.
Te sientas. Miras el techo. Miras las sillas de alrededor. Hay un señor mayor con una bolsa de plástico en el regazo. Una mujer que lleva ya un rato con el abrigo puesto, como lista para salir disparada en cuanto la llamen. Un niño que se ha dormido en el hombro de su madre.
Tú no puedes dormir. Tú no puedes leer la revista de 2019 que hay en la mesita porque te da repelús tocarla. Y tú no puedes simplemente... esperar.
Porque esperar requiere saber cuánto queda. Y nadie te lo dice.
El problema no es la espera. Es la incertidumbre.
Eso es lo que mata.
Si te dijeran "vas a esperar 45 minutos exactos", podrías organizarte mentalmente. Podrías ponerte los cascos, escuchar algo, mirar el móvil con calma. 45 minutos es tiempo suficiente para hacer algo.
Pero no te dicen 45 minutos. Te dicen "un momento" o "no tardará mucho". Y esas dos frases son las más torturantes del idioma español para alguien con TDAH, porque tu cerebro no sabe procesarlas. No son una cantidad. Son una nebulosa.
¿Un momento es cinco minutos? ¿Veinte? ¿Media hora?
Y mientras tanto, tu cerebro entra en modo vigilancia constante. Ojo en la puerta de la consulta. Ojo en la recepcionista por si dice algo. Ojo en los demás pacientes para intentar deducir quién va antes. Como si fuera un juego de deducción en el que nadie te ha explicado las reglas.
La percepción del tiempo con TDAH ya está distorsionada de base
El móvil se queda sin batería
Es la parte más injusta.
Porque el móvil era tu salvavidas. Con el móvil podías aguantar. Podías ver algo, leer algo, escuchar algo. Podías darle a tu cerebro la estimulación mínima que necesita para no empezar a orbitar.
Pero no, claro. Llevas el móvil con un 8% de batería porque lo cargaste "un momento" antes de salir y ese momento duró exactamente lo que tarda en pasar de 8% a 7%.
Lo guardas. Ahorrar batería. Por si necesitas hacer una llamada importante. Por si surge algo.
Y ahora estás sin nada.
Sin música. Sin vídeos. Sin nada que leer que no sea esa revista de 2019 con una portada de un cantante que ya no existe como tal. Sin distracción de ningún tipo.
Y el reloj de la pared. Que no avanza.
Lo has mirado ya cuatro veces y siempre son las mismas 11:23. El segundero se mueve, así que técnicamente el tiempo pasa, pero nadie se lo ha dicho a los minutos.
Las 11:23 duran para siempre
Este es el TDAH en estado puro.
Un cerebro que necesita movimiento, novedad, estimulación, quedado atrapado en un entorno donde no pasa absolutamente nada. Sin poder levantarte a pasear porque parece raro. Sin poder hablar con alguien porque aquí nadie habla. Sin poder hacer nada productivo porque no tienes los materiales.
Solo estás tú, la silla, el señor de la bolsa de plástico, y las 11:23 que llevan ya demasiado tiempo siendo las 11:23.
Tu cerebro, que en otros contextos es capaz de hiperfocarse durante tres horas seguidas en algo que le interesa, ahora no puede aguantar dos minutos sin desesperarse. No porque seas débil. Sino porque el hiperfoco necesita un disparador. Y en una sala de espera gris no hay disparadores. Hay sillas. Y paredes beige. Y las 11:23.
Es lo contrario de interesante. Y sin interés, sin urgencia, sin novedad, tu cerebro simplemente no arranca. Se queda en punto muerto, zumbando en vacío, consumiendo energía sin ir a ningún sitio. Como un coche con el motor encendido en un atasco que no avanza.
Tranquilo. Con este cerebro.
Y cuando por fin te llaman, ya no recuerdas para qué venías
Esto es lo que nadie cuenta.
Llevas 50 minutos esperando. Tu cerebro ha estado orbitando, preocupándose, distrayéndose, volviendo, preocupándose otra vez. Y en ese proceso, algo se ha perdido.
La razón exacta por la que habías pedido la cita.
O no se ha perdido del todo, pero se ha difuminado. Era algo concreto. Lo tenías claro cuando llamaste para pedir hora. Tenías incluso pensado cómo explicarlo. Y ahora estás en la silla del médico, que te mira y te dice "¿qué le trae por aquí?", y tú abres la boca y lo que sale es una especie de niebla verbal.
"Pues... venía por... a ver, que llevo un tiempo con... o sea, hay una cosa que quería preguntarle, que es..."
La memoria de corto plazo con TDAH es así
Y el médico tiene otro paciente esperando. Así que tienes aproximadamente 30 segundos para organizarte antes de que la conversación tome un rumbo que tú no elegiste.
La estrategia que nadie te enseña
Escríbelo antes.
No el día antes. Esa mañana, o justo antes de entrar. Una nota en el móvil. No una nota elaborada con puntos y subapartados. Solo las dos o tres cosas que quieres preguntar o comentar. En lenguaje de chatear con un amigo.
"Duerme mal. Pregunta si puedo cambiar hora medicación."
"La cosa del hormigueo en el brazo izquierdo que llevo ignorando tres semanas."
"El tema del trabajo, que últimamente no puedo concentrarme ni con fuerza de voluntad."
Eso. Tres líneas. Que están ahí cuando tu cerebro haya terminado su tour por los 11:23 de la sala de espera.
Y para la espera en sí: auriculares cargados, podcast descargado, o al menos el móvil con batería. Que parece básico, pero es exactamente el tipo de cosa que se nos olvida gestionar antes de las citas médicas. No porque seamos irresponsables. Sino porque planificar los detalles de algo que no pasa en las próximas horas es precisamente lo que peor se le da a un cerebro con TDAH.
No es vagancia. Es neurología.
Pero sí es tu responsabilidad encontrar el sistema que funcione para ti. Aunque ese sistema sea tan sencillo como tres líneas en el móvil y los cascos cargados.
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Si te reconoces en esto y llevas tiempo pensando si lo tuyo podría ser TDAH, hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No sustituye a un médico, pero es un punto de partida serio para dejar de preguntarte si te lo estás inventando.
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