Volver al blog

Grupos de WhatsApp con TDAH: 847 mensajes sin leer y contando

Abres WhatsApp, ves 847 mensajes en grupos, y lo cierras sin leer nada. El cerebro TDAH y la ansiedad de los grupos: por qué los silencias todos.

tdah

Abres WhatsApp. Grupos: 847 mensajes. Ayer eran 312. Llevas tres días sin mirarlos.

Calculas mentalmente el tiempo que tardarías en ponerte al día. Decides que no. Cierras la aplicación.

Y ahí siguen los 847 mensajes, acumulándose como la ropa que no has doblado todavía.

¿Por qué los grupos de WhatsApp son especialmente agotadores con TDAH?

Para un cerebro neurotípico, un grupo de WhatsApp es una conversación. Entras, lees los últimos mensajes, pones al día en 30 segundos, y ya está.

Para un cerebro con TDAH, un grupo de WhatsApp es una deuda.

No es una conversación que puedes ignorar. Es un contador que no para. 47 mensajes. 183 mensajes. 312 mensajes. Cada vez que ves el número crecer, tu cerebro lo registra como algo pendiente. Como una tarea que no has hecho. Como un fracaso acumulado en tiempo real.

Y no es uno. Son cuatro grupos de amigos, el de la familia, el del trabajo, el del cole de tu hijo, el de la comunidad de vecinos donde la señora del tercero lleva dos semanas pegando fotos del tablón de anuncios. Son doce grupos distintos, cada uno con su contador, cada uno con su deuda, cada uno recordándote que llevas días sin aparecer.

Tu cerebro mira todo eso y hace lo más razonable del mundo: lo silencia todo y lo deja para después.

Después, ya sabemos cómo acaba.

El problema de ponerse al día

El momento más paralizante no es tener mensajes sin leer.

Es querer ponerse al día y no poder.

Abres el grupo con 183 mensajes. Empiezas a subir. Lees. Intentas seguir el hilo. A los 40 mensajes ya has perdido el contexto. ¿Este meme es una respuesta a qué? ¿De qué están hablando ahora? ¿Por qué alguien ha puesto un GIF de un pollito?

Con TDAH, la memoria de trabajo es la primera en irse. No puedes sostener el hilo de una conversación que ya ocurrió mientras lees 183 mensajes hacia arriba. Tu cerebro descarta información a mitad del proceso. Llegas al mensaje número 140 sin recordar lo que decía el número 5.

Y entonces tienes que elegir: empezar de cero (inviable), saltar al final sin contexto (inútil), o cerrar la app otra vez.

Cierras la app.

Los 183 mensajes se quedan ahí, ni leídos ni no leídos, en ese limbo de "he mirado pero no he procesado" que es el estado natural de muchas cosas con TDAH. Como los emails que se acumulan hasta que abrir la bandeja de entrada da miedo. El mismo mecanismo, distinta aplicación.

Llegas tarde a todo

Hay otra cosa que nadie habla del TDAH y los grupos.

No solo no lees los mensajes. Es que cuando por fin entras, la conversación ya terminó hace dos días.

Tus amigos estaban hablando el martes de ir de cena el viernes. El miércoles quedaron en el sitio. El jueves confirmaron la hora. Tú entras el viernes a las 12 del mediodía, lees el hilo entero, y escribes "venga, ¿a qué hora quedamos?".

Silencio. El grupo lleva 12 horas sin actividad. Todo está decidido. Tú llegas a la conversación con dos días de retraso y una pregunta que ya tiene respuesta.

O peor: contestas al mensaje equivocado. Alguien hizo una pregunta el lunes. Tú la contestas el jueves. Para entonces ya nadie recuerda por qué se preguntó eso ni le importa la respuesta. Pero ahí está tu mensaje, flotando solo, respondiendo algo que ya no tiene contexto.

Es como llegar a una fiesta cuando están recogiendo las sillas.

Y llegar tarde a todo ya es bastante habitual con TDAH, pero llegar tarde a las conversaciones tiene un coste diferente. El coste es quedar como el que no se entera, el que no está, el que pasa de la gente. Aunque hayas leído todo. Aunque hayas intentado seguir el hilo.

La espiral de silenciar

Al principio silencias el grupo de la comunidad de vecinos. Razonable.

Luego silencias el de los compañeros de trabajo, porque los mensajes del fin de semana te interrumpen y no puedes hacer nada con esa información hasta el lunes.

Luego silencias el de los amigos del colegio porque el ritmo de mensajes es demasiado y siempre llegas tarde de todos modos.

Luego silencias el de los amigos del barrio porque hace semanas que solo miras el número sin entrar.

Y un día te das cuenta de que tienes todos los grupos silenciados. Todos. Y WhatsApp es básicamente un buzón de voicemail que nadie revisa.

El problema es que silenciar no es solucionar. Es congelar.

Los mensajes siguen llegando. La deuda sigue creciendo. Solo que ahora no ves el contador. Y no verlo te da una falsa sensación de control que dura exactamente hasta que alguien te pregunta "¿viste lo que dije en el grupo?" y tienes que decir que no, que estaba silenciado, y aguantar la cara de "pero si hace tres semanas que lo pusiste".

Las notificaciones silenciadas te dan alivio momentáneo pero no resuelven el problema de fondo. Solo cambia dónde vive la ansiedad.

La ansiedad de aparecer después de semanas

Aquí está la parte que más me cuesta.

Llevas tres semanas sin escribir nada en el grupo de los amigos. No por mala voluntad. Por todo lo que ya hemos explicado. Pero llevan tres semanas hablando sin ti, haciendo planes sin ti, contando cosas sin ti.

Y ahora quieres escribir algo.

¿Qué escribes? ¿Entras como si nada? ¿Das explicaciones? ¿Mandas un meme? ¿Preguntas por algo que se mencionó hace quince días y ya nadie recuerda?

Tu cerebro empieza a calcular. Si entro como si nada, parece que paso de todo. Si me disculpo, parece exagerado, no han pasado meses. Si pregunto por lo del plan del mes pasado, llego tarde. Si mando un meme, parece que estoy cambiando de tema para evitar el tema.

Son demasiadas variables. Son demasiadas decisiones. Son demasiados riesgos de meter la pata.

Así que no escribes nada.

Y pasa otra semana.

Y el umbral sube un poco más.

Es exactamente el mismo patrón que no contestar mensajes individuales, pero multiplicado. Porque en un grupo no es una persona que puede estar esperando. Son diez. Y cada una tiene su propia interpretación de por qué llevas semanas sin aparecer.

No eres el único fantasma del grupo

Lo que no sabes es que probablemente haya dos o tres personas más en ese grupo que llevan semanas sin escribir nada y se sienten exactamente igual que tú.

No lo digo para que te sientas mejor. Lo digo porque ayuda a entender que este problema no es tuyo. Los grupos de WhatsApp están diseñados para generar exactamente este tipo de ansiedad en cerebros que ya no funcionan bien con la sobrecarga de estímulos.

Un grupo con 20 personas no es una conversación. Es veinte conversaciones solapadas, con cambios de tema sin aviso, con contexto que se pierde si no estás pendiente cada hora, con dinámicas sociales invisibles y deudas acumuladas de participación.

Para un cerebro neurotípico, es un poco caótico.

Para un cerebro con TDAH, que ya socializa con un coste de energía mucho mayor que el resto, es directamente insostenible.

No es que seas mal amigo. Es que el formato está roto para cómo funciona tu cerebro.

Lo que puedes hacer (y lo que no puedes exigirte)

No te voy a decir que leas los 847 mensajes. No vas a hacerlo. Yo tampoco.

Lo que sí puedes intentar es bajar el umbral de entrada. No tienes que haber leído todo para escribir algo. Puedes entrar, preguntar "¿qué me he perdido?" o mandar el GIF del pollito sin contexto y ver qué pasa. La perfección de estar al día al 100% es el enemigo de participar aunque sea un poco.

También puedes ser honesto. En los grupos que te importan, decir "oye, que llevo semanas sin leer nada, no es por vosotros" funciona mejor de lo que crees. La gente que te quiere lo entiende. La que no, bueno, se les informa.

Y puedes aceptar que algunos grupos no los vas a leer nunca. El de la comunidad de vecinos. El del trabajo de hace tres años. El de la excursión de 2018 donde nadie ha escrito nada desde marzo. Márcarlos como leídos sin leerlos. Ese número ya no representa nada útil.

No tienes que ponerte al día con todo. Tienes que decidir qué grupos merecen tu energía real y cuáles son solo ruido.

Con TDAH, la energía de atención es el recurso más escaso que tienes. Y 847 mensajes sin leer son 847 formas de gastarla antes de que decidas en qué quieres gastarla tú.

Si llevas tiempo sintiéndote abrumado por cosas que para los demás parecen simples, puede que tu cerebro funcione diferente. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. 10 minutos para entender por qué cierras WhatsApp sin leer nada y te quedas con la sensación de que has fallado a alguien.

Relacionado

Sigue leyendo