Perder la tarjeta de crédito cada dos meses: TDAH y objetos que desaparecen
Tres tarjetas en un año. La primera en el cajero, la segunda en algún sitio, la tercera en el abrigo de invierno. Tu cerebro no pierde cosas: las suelta.
Tres tarjetas en un año.
La primera la dejaste en el cajero. Te fuiste pensando en lo que ibas a cenar y el cajero se la tragó. La segunda se cayó en algún sitio entre el supermercado y tu casa. Nunca apareció. La tercera la encontraste tres meses después en el bolsillo del abrigo de invierno, el mismo día que estrenabas la cuarta.
Cuatro tarjetas. En doce meses.
No es que seas un desastre. Bueno, un poco sí. Pero no es el tipo de desastre que la gente piensa. No es dejadez. No es que te dé igual. Es que tu cerebro funciona como un malabarista al que le van lanzando pelotas sin parar y en algún momento, inevitablemente, una se cae. Y siempre se cae la que más necesitabas.
¿Por qué pierdo cosas importantes si sé que son importantes?
Esta es la pregunta que más duele.
Porque no es que pierdas el boli del banco que te regalaron en 2017. Pierdes la tarjeta de crédito. El DNI. Las llaves. El móvil que acabas de tener en la mano hace 30 segundos. Las cosas que sabes que son importantes. Las cosas que te has dicho "no pierdas esto" justo antes de perderlas.
Y ahí es donde la gente sin TDAH no lo entiende.
"Si sabes que es importante, ¿cómo lo pierdes?"
Pues mira, lo pierdo precisamente porque mi cerebro no asigna prioridad como el tuyo. Tu cerebro dice "tarjeta = importante = la guardo en la cartera". Mi cerebro dice "tarjeta = importante" y un segundo después dice "uy, qué interesante ese cartel" y cuando vuelve a la tarjeta ya no sabe dónde la ha dejado. No es un fallo de voluntad. Es un fallo de atención sostenida.
El cerebro con TDAH no tiene un sistema de archivos ordenado. Tiene más bien una mesa de escritorio con 47 pestañas abiertas, tres cafés a medio terminar y un gato encima del teclado. La información entra, se procesa a medias, y se coloca en un sitio temporal que luego nadie recuerda.
El ritual del palmeo
Si tienes TDAH, conoces el palmeo.
Ese gesto de darte golpecitos en todos los bolsillos antes de salir de cualquier sitio. Llaves, móvil, cartera. Llaves, móvil, cartera. Como un mantra. Como un rezo laico. Como si no confiaras en ti mismo para mantener tres objetos en el mismo sitio durante más de una hora.
Porque no confías. Y con razón.
Perder cosas es un ritual diario cuando tienes TDAH
Y el coste. La hostia, el coste.
No solo emocional, que también. Sino económico. Cada tarjeta nueva son trámites, llamadas al banco, días sin poder pagar con tarjeta. Si pierdes el carné de conducir, 20 euros. El DNI, más trámites. Las gafas, otro pico. Las multas por despiste se acumulan de una forma que la gente que "nunca pierde nada" no puede ni imaginar.
Tu cerebro no pierde cosas a propósito
Esto es lo que necesito que entiendas.
No eres descuidado. No eres irresponsable. No "pasas de todo". Tu cerebro tiene un problema real con la memoria de trabajo. Esa memoria que te permite retener información a corto plazo mientras haces otra cosa. La que te dice "has dejado las llaves en la encimera de la cocina" mientras estás en el salón.
En un cerebro neurotípico, esa memoria funciona como una bandeja de entrada decente. Llegan tres cosas, las retiene, las procesa, las archiva.
En un cerebro con TDAH, esa bandeja tiene un agujero en el fondo. Las cosas entran, se quedan un segundo, y se caen antes de que les des tiempo a archivarlas. No es que no te importe la tarjeta. Es que tu cerebro la soltó sin avisarte.
Y lo peor es que esto genera un ciclo. Pierdes algo. Te frustras. Te dices "soy un desastre". Esa frustración consume energía mental. Con menos energía mental, tu memoria de trabajo funciona peor. Pierdes otra cosa. Más frustración. Más "soy un desastre".
Hasta que un día normalizas que eres "el que siempre pierde todo" y dejas de intentar entender por qué.
¿Tiene solución?
Parcial. Honesta.
No vas a dejar de perder cosas. Pero puedes reducir el daño.
Los que mejor lo llevan no confían en su memoria. Confían en sistemas. Un sitio fijo para las llaves. Siempre el mismo bolsillo para la cartera. Un gancho en la puerta para las cosas que tienes que llevar mañana. Tiles, AirTags, lo que sea. No porque seas tonto, sino porque eres listo y has aceptado que tu cerebro necesita muletas para lo mundano.
Yo tengo un cuenco en la entrada de casa. Todo lo que llevo encima va al cuenco cuando entro. Llaves, cartera, auriculares. Si no está en el cuenco, no existe. Es feo, es de cerámica barata, y me ha ahorrado más dinero que cualquier curso de finanzas personales.
La clave no es esforzarte más en recordar. Es dejar de necesitar recordar.
Porque tu cerebro tiene cosas mejores que hacer que vigilar dónde dejaste la tarjeta. El problema es que nadie te dijo eso. Te dijeron "ten más cuidado". Y tú tuviste más cuidado. Y la seguiste perdiendo. Porque el cuidado no arregla la memoria de trabajo. Solo arregla la culpa. Y la culpa no encuentra tarjetas.
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Si llevas toda la vida perdiendo cosas, llegando tarde y sintiéndote "el desastre del grupo", quizá no es que seas un desastre. Quizá tu cerebro funciona diferente. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No diagnostica, pero te da más información sobre tu cabeza que darte golpecitos en los bolsillos. 10 minutos, gratis, sin email obligatorio.
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