Multas por despiste: cuando el TDAH te sale caro literalmente

La multa la viste. Pagarla se te pasó. El recargo por pagar fuera de plazo es el impuesto invisible del TDAH. Multas por despiste y cómo evitarlas.

Tengo una colección.

No es de sellos, ni de camisetas de conciertos, ni de nada que pueda enseñar con orgullo. Es una colección de multas. Tres, concretamente. Tres multas que resumen bastante bien cómo funciona mi cerebro.

La primera: zona azul. Aparqué, fui a sacar el ticket del parquímetro, me sonó el móvil, contesté, volví al coche, arranqué y me fui. Sin ticket. Ni lo vi. Ni me acordé. Simplemente dejó de existir en mi cabeza en el momento en que otra cosa captó mi atención.

La segunda: exceso de velocidad. Leve. De esas de 10 km/h por encima del límite. No vi la señal. Estaba ahí, como todas las señales, al lado de la carretera, bien visible. Pero mi cerebro estaba en otra cosa. Siempre está en otra cosa.

La tercera: ITV caducada. Dos meses. Dos meses conduciendo con la ITV caducada porque la carta me llegó, la vi, pensé "el jueves la pido" y el jueves nunca llegó. Llegó la multa.

Pero la mejor parte no es ninguna de esas tres. La mejor parte es el recargo.

Porque la multa de la zona azul la vi. Me llegó a casa. La abrí. La leí. Y pensé "la pago esta tarde". Esa tarde no la pagué. Ni la siguiente. Ni la otra. La pagué fuera de plazo. Con recargo. Veinte euros más por no hacer clic en un botón durante tres semanas.

La multa más cara no es la de tráfico. Es la que pagas por pagarla tarde.

¿Cuánto cuesta el TDAH en multas?

Si alguien se sentara a sumar todas las multas, recargos, penalizaciones y costes extra que acumula una persona con TDAH a lo largo de su vida, la cifra te haría llorar.

No hablo solo de tráfico. Hablo de todo.

El recibo del seguro que no renovaste a tiempo y te quedaste una semana sin cobertura. La factura del dentista que pagaste con recargo porque se te pasó el plazo. La declaración de la renta que presentaste tarde y te cayó una sanción. La suscripción que querías cancelar hace seis meses pero nunca lo hiciste y has pagado 60 euros de nada.

Es un goteo constante. Pequeñas cantidades que solas no parecen gran cosa, pero que sumadas al final del año son cientos de euros. A veces más. Y lo peor es que no es dinero que hayas gastado en algo. Es dinero que has perdido por no hacer algo a tiempo. Es el impuesto invisible del TDAH.

Y antes de que alguien diga "eso le pasa a todo el mundo", no. No le pasa a todo el mundo con esta frecuencia. Todo el mundo paga algo tarde alguna vez. Pero no todo el mundo acumula un historial de recargos que parece el extracto de una empresa en quiebra.

¿Por qué no es irresponsabilidad?

Porque la intención está.

Eso es lo que la gente no entiende. No es que te dé igual. No es que pases de pagar. Es que tu cerebro no ejecuta la tarea aunque quieras. Ves la carta, piensas "tengo que pagarla", tu cerebro dice "sí, luego" y ese luego se convierte en nunca.

Es la misma función ejecutiva que falla cuando no puedes calcular cuánto vas a tardar en algo. Tu cerebro no gestiona bien el futuro. No conecta el "tengo que hacer esto" con el "voy a hacerlo ahora". Lo aplaza. No por vagancia. Por diseño.

La ITV caducada no es irresponsabilidad. Es una tarea que requiere varios pasos (buscar taller, pedir cita, llevar el coche, recogerlo) y para tu cerebro, cada paso es una barrera. No es un paso. Son cinco. Y cinco pasos sin recompensa inmediata es exactamente el tipo de tarea que tu cerebro con TDAH manda al final de la cola. Donde se pudre. Donde caduca. Literalmente.

¿Qué puedes hacer para que no te sigan sangrando?

Lo primero: domiciliar todo lo que se pueda domiciliar.

Si hay una opción de pago automático, actívala. Seguro del coche: domiciliado. ITV: hay talleres que te avisan y te dan cita. Facturas: domiciliadas. Todo lo que puedas quitar de tu lista de "cosas que tengo que acordarme de pagar" es una multa menos que vas a acumular. Porque cada recibo que depende de que tú te acuerdes es un recibo en peligro.

Lo segundo: un día al mes. Solo uno. El mismo día cada mes. Primer domingo, primer lunes, el que quieras. Y ese día revisas. Correo acumulado, facturas pendientes, el cajón del horror de los papeles. No hace falta que lo organices todo. Solo que lo mires. Que detectes si hay algo a punto de caducar, a punto de vencer, a punto de generarte un recargo.

Ponlo en el calendario. Con alarma. Con tres alarmas si hace falta. Porque tu cerebro no va a recordarlo solo. Nunca lo hace.

Lo tercero: alertas de calendario para fechas clave. ITV, seguro, renovación de DNI, declaración de la renta, fin de periodo de prueba de esa suscripción que te van a empezar a cobrar. Todo al calendario. Con alarma una semana antes y otra el día de antes. No confíes en que te vas a acordar. No te vas a acordar. Eso ya lo sabes.

La frustración de pagar por algo evitable

Esto es lo que más duele.

No es el dinero en sí. Son 20, 50, 100 euros. Duele, pero no te arruina. Lo que te arruina por dentro es saber que podrías haberlo evitado. Que la solución era hacer una cosa. Una sola cosa. Pagar. Llamar. Renovar. Y no lo hiciste.

Y te castigas. Te dices que eres un desastre, que cómo puede ser, que cualquier adulto funcional es capaz de pagar una multa a tiempo. Y te comparas con gente que no tiene que poner tres alarmas para acordarse de ir al médico. Gente que abre la carta, paga y sigue con su vida. Sin drama. Sin recargo.

Pero tú no eres esa gente. Tu cerebro no funciona así. Y cuanto antes dejes de castigarte por ello y empieces a diseñar sistemas que compensen, antes dejarás de regalar dinero por despiste.

Porque eso es exactamente lo que es. No es que no puedas gestionar el dinero. Es que tu cerebro necesita muletas para hacer lo que otros hacen en automático. Y no hay nada malo en usar muletas. Lo malo es seguir intentando caminar sin ellas y preguntarte por qué te caes.

Domicilia. Automatiza. Pon alarmas. Revisa una vez al mes. Y perdónate las multas que ya has pagado.

No eres irresponsable. Tienes un cerebro que necesita un sistema más fuerte que su capacidad de olvidar. Y eso se construye. Se tarda un poco. Pero es infinitamente más barato que el recargo.

Si te has reconocido en cada párrafo de este post y estás pensando "vale, pero esto no puede ser solo despiste", probablemente no lo sea. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No es un diagnóstico, pero sí un primer paso para entender qué pasa en tu cabeza. 10 minutos.

Relacionado

Sigue leyendo