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Adaptaciones escolares para TDAH en la práctica: lo que funciona y lo que es papel

Tu hijo tiene adaptaciones escolares por TDAH. En el papel. En la práctica, depende del profesor. Así funciona en España.

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En el papel, tu hijo tiene adaptaciones. En la práctica, depende del profesor de turno.

Así funciona en España. Y si tienes un hijo con TDAH en el sistema educativo español, probablemente ya lo sabes. Has ido a reuniones. Has firmado documentos. Te han dado un papel donde pone que tu hijo tiene derecho a más tiempo en los exámenes, a sentarse en primera fila, a que le repitan las instrucciones.

Y luego llega septiembre, cambia el tutor, y hay que empezar de cero.

Como si el TDAH de tu hijo también se fuera de vacaciones y volviera sin diagnosticar.

¿Qué adaptaciones escolares existen para niños con TDAH en España?

Sobre el papel, bastantes. En teoría el sistema contempla lo que se llama "adaptaciones curriculares no significativas" y "medidas de atención a la diversidad". Traducido al español: pequeños ajustes que no cambian el contenido, pero sí cómo se presenta y cómo se evalúa.

Las más comunes:

  • Más tiempo en los exámenes (normalmente un 25% extra).
  • Exámenes divididos en partes más cortas.
  • Sentarse cerca del profesor para reducir distracciones.
  • Instrucciones más claras, una por una, no cinco de golpe.
  • Uso de agenda supervisada.
  • Reducción de deberes repetitivos (no necesita hacer 40 sumas si ya ha demostrado que sabe sumar).
  • Evaluación continua en vez de jugárselo todo a un examen.

Suena bien, ¿verdad?

El problema es que entre el BOE y el pupitre de tu hijo hay un abismo. Un abismo que se llama recursos, formación, voluntad y, seamos honestos, la suerte de que te toque alguien que se lo tome en serio.

¿Por qué funciona en unos colegios y en otros no?

Porque las adaptaciones dependen de personas, no de leyes.

La ley dice lo que hay que hacer. Pero no dice cómo, ni cuándo, ni con qué medios. No envía un orientador extra. No reduce la ratio. No forma al profesorado en TDAH. Dice "adapta" y se va.

Y entonces tienes dos escenarios:

El profesor que se lo curra. Que lee el informe, que habla contigo, que se sienta con tu hijo los primeros días para entender qué necesita. Que pone el examen en letra más grande, que le avisa cinco minutos antes de que termine el tiempo, que le deja levantarse a beber agua cuando nota que se está desconectando. Ese profesor existe. Y cuando te toca, lloras de alivio.

Y el otro. El que recibe el informe, lo mete en una carpeta y dice "aquí todos son iguales". El que pone un examen de 40 preguntas en 50 minutos y cuando tu hijo no termina dice "es que no se esfuerza". El que confunde hiperactividad con mala educación y déficit de atención con vagancia.

Ese también existe. Y es más común de lo que debería.

No es maldad, casi nunca lo es. Es un profesor con 28 alumnos, tres con necesidades especiales, cero formación en TDAH y la misma programación que tiene que cumplir que sus compañeros. No le han dado herramientas. Le han dado un papel y una palmadita en la espalda.

¿Y los padres qué pueden hacer?

Todo. Y nada. Esa es la parte más frustrante.

Puedes ir a todas las reuniones. Puedes llevar el informe del psiquiatra, del psicólogo, del neurólogo. Puedes pedir por escrito las adaptaciones. Puedes hablar con el tutor, con el orientador, con el director. Puedes presentar reclamaciones en inspección educativa.

Y aun así, lo que pase dentro del aula cuando tú no estés depende de la persona que esté al mando.

Pero hay cosas que sí marcan la diferencia:

Pide que las adaptaciones queden por escrito en el expediente. No en un email, no en una conversación de pasillo. En el Plan de Trabajo Individualizado (PTI) o en el documento equivalente de tu comunidad autónoma. Lo que está escrito es más difícil de ignorar.

Reúnete al principio de cada curso. No esperes a que haya un problema. Llega antes. Presenta el informe, explica qué funciona con tu hijo y qué no. Haz que te conozcan antes de que tu hijo "dé problemas".

Involucra al orientador del centro. Es la persona que puede mediar entre tú y el profesorado. No todos los orientadores son iguales, pero tener uno de tu lado cambia las cosas.

Documenta todo. Si una adaptación no se cumple, que quede constancia. No para denunciar (aunque puedes), sino para tener un historial que respalde a tu hijo año tras año.

Y lo más importante: no dejes de buscar el diagnóstico adecuado. Porque sin un informe actualizado y completo, las adaptaciones se convierten en favores. Y los favores dependen de la buena voluntad.

¿Qué pasa en secundaria?

Que todo se complica.

En primaria, el tutor está con los niños todo el día. Conoce a tu hijo. Sabe cuándo se dispersa, cuándo necesita un descanso, cuándo está teniendo un mal día. Y si es un buen tutor, ajusta sobre la marcha.

En secundaria, tu hijo tiene ocho profesores distintos. Ocho personas diferentes que tienen que conocer su situación, aplicar las adaptaciones y coordinarse entre ellas. Ocho personas que cambian cada año.

Es como llevar a los niños al cole con TDAH multiplicado por ocho. Cada mañana, cada asignatura, cada examen es una nueva lotería.

Y aquí es donde muchos chavales con TDAH empiezan a caer. No porque sean menos capaces. Sino porque el sistema no está diseñado para ellos. Está diseñado para el alumno medio. Y el alumno con TDAH no es el alumno medio. Es el alumno que necesita que le expliquen las cosas de otra forma, que le den más tiempo, que le dividan las tareas, que no le penalicen por olvidar el material.

Sin esas adaptaciones reales, no teóricas, el chaval empieza a acumular suspensos. Y con los suspensos llega la frustración. Y con la frustración llega el "es que paso de todo". Y entonces ya no es un problema de TDAH, es un problema de autoestima, de motivación, de todo.

¿Y esto tiene solución?

Completa, no. No mientras las adaptaciones dependan de individuos y no de sistemas.

Pero parcial, sí. Mucha.

La crianza con TDAH que funciona pasa por aceptar que el colegio no va a resolver esto solo. Que tú, como padre o madre, vas a tener que ser el abogado de tu hijo dentro del sistema. No porque sea justo. Sino porque es lo que hay.

Y pasa también por hablar con tu hijo. Por explicarle que las adaptaciones no son "ventajas" ni "trampas". Son ajustes para que compita en las mismas condiciones que los demás. Como las gafas: nadie dice que llevar gafas sea hacer trampa en el examen. Pues más tiempo para un cerebro que procesa diferente tampoco.

El sistema va lento. Más lento que tu hijo, que ya va rápido de por sí. Pero mientras el sistema cambia, lo que puedes hacer es asegurarte de que tu hijo no piense que el problema es él.

Porque no lo es.

El problema es un sistema que escribe adaptaciones en un papel y luego espera que se cumplan solas. Como quien escribe una lista de propósitos de Año Nuevo y la guarda en un cajón.

El papel lo aguanta todo. Tu hijo, no.

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