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Perder las cosas: el ritual diario del TDAH

Llaves, móvil, cartera, gafas. Cada día empieza buscando algo. Tu cerebro TDAH no registra dónde deja las cosas. No es desorden: es memoria de trabajo.

tdah

Esta mañana he tardado doce minutos en encontrar las gafas.

Estaban encima de la mesilla. Donde las dejo siempre. Donde las había dejado la noche anterior con la intención específica de no perderlas.

Doce minutos.

Y no es que esté exagerando para que quede bonito. Es que en esos doce minutos busqué en el baño, en la cocina, en el bolsillo de una chaqueta que no me había puesto, en la bandeja de la entrada donde nunca pongo nada, y en el cajón de los trastos, que en mi casa es básicamente el agujero negro donde van a morir los mecheros, los cargadores viejos y mi tranquilidad mental.

Las gafas estaban en la mesilla.

Donde siempre.

¿Por qué pierdo todo lo que toco?

No es que seas desordenado. Bueno, puede que también, pero eso es otro tema.

Lo que pasa cuando tienes TDAH es algo distinto: tu cerebro no registra el momento en que sueltas las cosas. Porque en el momento de soltarlas, ya está pensando en otra cosa. Está a kilómetros de allí, procesando algo completamente irrelevante, mientras tu mano deja las llaves en un sitio aleatorio del sofá sin que ninguna parte de tu conciencia tome nota.

El objeto se suelta. El objeto desaparece. Para tu cerebro, es como si nunca hubiera existido.

Esto tiene un nombre que me inventé yo mismo: el punto ciego del objeto soltado. El momento exacto en que tu atención abandona el barco antes de que el objeto haya aterrizando en ningún mapa mental. Cero registro. Cero huella. La información simplemente no llega a grabarse.

Lo más terrorífico es que puedes mirar directamente las gafas y no verlas.

No estoy hablando en sentido figurado. Tu cerebro no las procesa como "objeto buscado" porque la señal de búsqueda activa y la señal de reconocimiento no se conectan en ese momento. Miras. No ves. Sigues mirando otra parte. Las gafas siguen ahí, riéndose de ti desde la mesilla.

Esto es lo mismo que pasa cuando sales de casa sin el móvil, vuelves a por él y te dejas las llaves dentro

El agotamiento que nadie menciona

Perder cosas cansa mucho más de lo que parece.

No es solo el tiempo perdido buscando. Es la ansiedad anticipatoria que se instala con el tiempo. Empiezas a salir de casa con miedo. Esa sensación de "seguro que me olvido algo" que aparece en el portal antes de abrir la puerta. Revisas los bolsillos tres veces. Vuelves a por la cartera aunque la tienes encima. Llegas al trabajo con la sospecha permanente de que algo se ha quedado atrás.

Y cuando pasa delante de otras personas, la cosa se complica más. Porque buscas el móvil en la reunión y está en tu mano. Porque abres el bolso diez veces en el supermercado mientras la cola de detrás te mira. Porque llegas tarde porque los últimos ocho minutos los pasaste buscando las llaves, y tienes que explicar por qué, y la explicación suena exactamente igual que una excusa.

No lo es. Pero lo parece.

El cerebro con TDAH también olvida lo que acaba de decir a mitad de frase, y eso tiene el mismo origen: la información no se queda grabada porque la atención no la retiene el tiempo suficiente. Perder objetos es la versión física de ese mismo fallo.

El sistema: rendirse a lo evidente

Hay una fase en la que intentas mejorar. Eres más cuidadoso. Más consciente. Te dices a ti mismo "voy a prestar atención a dónde dejo las cosas".

Funciona aproximadamente tres días.

El cuarto día, con la cabeza llena de otras cosas, las llaves vuelven a caer en el sofá mientras piensas en lo que tienes que hacer a las cuatro. El cerebro no se puede forzar a hacer lo que no está diseñado para hacer mediante pura voluntad. Si la memoria de trabajo tiene un límite, ese límite no desaparece porque lo decidas.

Lo que sí funciona es no depender de que funcione.

Suena a trampa, pero no lo es. Es aceptar la realidad y diseñar alrededor de ella en lugar de pelear contra ella.

El método que más me ha cambiado la vida es brutalmente simple: el sitio sagrado.

Un único punto de aterrizaje para cada cosa importante. Las llaves siempre van al cacharro de la entrada. No a veces. No "casi siempre". Siempre. El cacharro existe para que tu cerebro no tenga que recordar. Solo tiene que repetir el gesto. Como dejar las llaves en la mano antes de salir de casa, que parece una tontería hasta que te das cuenta de que las rutinas físicas no requieren memoria de trabajo, solo repetición.

El gesto se convierte en automático. Lo automático no se olvida.

Para los objetos que resisten la rutina, la muleta tecnológica hace su trabajo: un AirTag en el llavero, uno en la cartera, uno en la mochila. No es rendirse. Es usar la tecnología para lo que existe: compensar lo que tu cerebro no puede hacer solo.

Y lo tercero, que es lo más difícil de aceptar: vas a perder cosas igualmente. Incluso con el sistema. Incluso con el AirTag. Va a pasar. La pregunta no es "cómo evito perder cosas" sino "cuánto tardo en recuperarlas cuando las pierdo". El sistema de recuperación es tan importante como el de prevención.

Treinta segundos con el AirTag. Un minuto de protocolo mental ("última vez que lo tuve, qué estaba haciendo, dónde suelo dejarlo cuando estoy distraído"). Menos energía. Menos espiral de pánico.

No es un defecto de carácter

Esto importa decirlo.

Perder cosas de forma crónica se interpreta como señal de que eres un desastre, un vago, alguien que no se toma las cosas en serio. Es lo que piensa la gente que te rodea. A veces es lo que piensas tú mismo.

No es eso.

Es un cerebro que procesa el momento presente con tanta intensidad que el registro de lo periférico, de lo que no es urgente ahora mismo, simplemente no se graba. No es descuido. Es arquitectura.

Cuanto antes lo entiendas, antes dejas de gastar energía en culparte y empiezas a gastarla en construir sistemas que funcionen para ti. Que son, al final, los únicos sistemas que sirven de algo.

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Si quieres entender mejor cómo funciona tu cerebro en esto y en muchas otras cosas, hay una forma de empezar.

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