Paul Orfalea: dislexia, TDAH y la creación de Kinko's
Paul Orfalea no podía leer. Tenía TDAH y dislexia. Así que contrató a gente que sí podía y fundó Kinko's. Ahora es multimillonario.
Paul Orfalea no podía leer.
No metafóricamente. No "le costaba un poco". Literalmente no podía leer bien. Tenía dislexia y TDAH, suspendió segundo de primaria, pasó por cuatro colegios distintos, y su profesora le dijo a su madre que era el niño más tonto que había visto en su vida.
Ese niño fundó Kinko's, la cadena de copisterías que FedEx compró por 2.400 millones de dólares.
No está mal para el más tonto de la clase.
¿Cómo funda una empresa alguien que no puede leer?
Aquí está la respuesta que Paul Orfalea da en sus entrevistas, con una claridad que desarma:
"Contraté a gente que sí podía."
Fin de la estrategia. Eso es todo.
No es una broma. No es modestia calculada. Es la descripción exacta de lo que hizo. Sabía que leer documentos, gestionar facturas y organizar papeles no eran sus puntos fuertes, así que no intentó mejorarlos. No se apuntó a ningún taller de lectura rápida. No compró libros de productividad. Buscó personas que fueran buenas en lo que él era malo y se centró en lo que sí sabía hacer.
Lo que sabía hacer era ver oportunidades donde los demás veían nada.
En 1970, Orfalea tenía 23 años y vivía en Santa Barbara, California. Vio que los estudiantes universitarios necesitaban fotocopias y no tenían donde hacerlas. Alquiló un local diminuto, tan pequeño que la fotocopiadora no cabía dentro y tenía que sacarla a la acera para que funcionara. Ese local se llamó Kinko's, por el apodo que le habían puesto de pequeño por su pelo rizado.
Empezó con una máquina en la acera. Acabó con 1.200 tiendas en todo el mundo.
El TDAH como modelo de negocio
Lo que más me llama la atención de Orfalea no es que tuviera éxito a pesar del TDAH. Es que su modelo de negocio era, literalmente, una extensión de cómo funciona su cerebro.
Kinko's no tenía una estructura corporativa rígida. Orfalea odiaba los organigramas, las reuniones largas y los manuales de procedimientos. Su empresa funcionaba con una filosofía que él llamó "manage by walking around": en vez de sentarse a leer informes, recorría las tiendas, hablaba con los empleados, veía los problemas con sus propios ojos.
No leía los informes porque no podía. Así que miraba.
Y resulta que mirar tiene ventajas enormes sobre leer. Ves cosas que los números no cuentan. Detectas el ambiente de una tienda en diez minutos. Sabes si el equipo está motivado o si algo está fallando antes de que aparezca en ninguna hoja de cálculo.
Lo que para un CEO convencional sería una limitación, para Orfalea fue una forma de gestión que resultó más efectiva que quedarse enterrado en informes.
Puedes leer sobre otros empresarios conocidos con TDAH y verás que el patrón aparece con una frecuencia que ya deja de ser coincidencia.
¿Por qué suspendió segundo de primaria?
Porque el sistema educativo de 1950 no estaba diseñado para cerebros como el suyo.
Eso no es una excusa. Es una descripción técnica de lo que pasó.
Orfalea no podía seguir instrucciones escritas en una pizarra. No podía leer el libro de texto. No podía hacer los deberes que implicaban copiar enunciados. En un sistema donde el 90% de la evaluación dependía de esas habilidades, su cerebro no tenía ninguna forma de demostrar lo que sabía.
Cuatro colegios diferentes en su infancia. Profesores que le dijeron que no llegaría a ningún lado. Un expediente académico que, según él mismo cuenta, era una colección de suspensos y comentarios sobre su comportamiento.
Y sin embargo.
Hablaba con todo el mundo. Recordaba conversaciones con una precisión brutal. Detectaba oportunidades de negocio en situaciones cotidianas. Tenía una energía que agotaba a la gente de alrededor. Todo lo que en el aula era un problema, fuera del aula era un motor.
Lo que hizo diferente al resto
Orfalea no intentó ser lo que no era.
Eso suena obvio dicho así. Pero la mayoría de nosotros pasamos años intentando ser lo que no somos, especialmente cuando el sistema nos ha repetido desde pequeños que hay una forma correcta de funcionar y nosotros no la tenemos.
Él no se puso a perfeccionar sus habilidades débiles. Se rodeó de personas que las tenían. Y destinó toda su energía a lo que sí sabía: moverse, conectar, ver oportunidades, crear cultura de empresa.
El resultado es que Kinko's no era solo una copistería. Era un lugar abierto las 24 horas, con ambiente de comunidad, donde los empleados tenían autonomía real. Orfalea creía que si tratabas bien a tu equipo, ellos tratarían bien a los clientes. Esa filosofía no venía de un MBA. Venía de un tío que aprendió desde pequeño que necesitaba que la gente de alrededor quisiera ayudarle porque solo no podía con todo.
Eso, sin quererlo, le hizo mejor líder que muchos con doctorados en gestión empresarial.
El momento en que FedEx llamó
En 2004, FedEx compró Kinko's por 2.400 millones de dólares.
El niño que no podía leer, que suspendió segundo de primaria, que pasó por cuatro colegios y que escuchó más veces de las que puede contar que no llegaría a ningún lado, vendió su empresa por dos mil cuatrocientos millones de dólares.
No es un número inventado. No es el tipo de cifra que se redondea "aproximadamente". Dos mil cuatrocientos millones exactos.
Puedes intentar cuadrar eso con la narrativa de "este niño tiene problemas de aprendizaje y un futuro complicado". Yo no lo consigo.
Lo que te llevas de esto
Paul Orfalea no es un ejemplo de que el TDAH te hace especial o de que la dislexia es un superpoder disfrazado. Esas narrativas me ponen nervioso porque simplifican algo que es más complicado y más interesante.
Es un ejemplo de algo más concreto.
Que hay formas de funcionar que el sistema educativo no sabe evaluar. Que las habilidades que te hacen fracasar en un entorno son exactamente las mismas que te hacen triunfar en otro. Que "contratar a gente que sí puede" no es una rendición. Es inteligencia estratégica.
Orfalea no superó sus limitaciones. Las aceptó, las incorporó a su modelo de negocio, y construyó algo enorme alrededor de ellas.
La pregunta no es cómo vas a arreglar lo que no funciona en ti.
La pregunta es qué puedes construir sabiendo exactamente cómo funciona tu cerebro.
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