Volver al blog

Un ascenso con TDAH: más responsabilidad, más caos, mismo cerebro

Te ascienden y todo debería ir mejor. Pero con TDAH, más responsabilidad significa más frentes abiertos para un cerebro que ya iba justo.

tdah

Te ascienden. Más sueldo, más responsabilidad, más reuniones. Y el mismo cerebro que ya iba justo en el puesto anterior.

Un ascenso con TDAH puede ser el mejor y el peor día de tu carrera. Lo digo en serio. Porque por fuera es un reconocimiento, una palmadita en la espalda, un "lo estás haciendo bien". Pero por dentro, tu cabeza ya está calculando cuántas pelotas más vas a tener que mantener en el aire. Y tú sabes perfectamente que las que ya tenías se te caían una de cada tres veces.

Lo peor no es eso. Lo peor es que no puedes quejarte. Tu madre te ha mandado un audio de tres minutos diciendo lo orgullosa que está. Tu pareja ha reservado sitio para cenar. Y tú llevas dos horas mirando el nuevo organigrama pensando "me van a pillar".

¿Por qué un ascenso puede empeorar tu TDAH en vez de mejorarlo?

Porque un ascenso no te da un cerebro nuevo. Te da más cosas que gestionar con el mismo cerebro que ya iba al límite.

Piénsalo así. Hasta ahora sobrevivías con un sistema que, a base de parches, funcionaba. Tenías tus trucos. Tu alarma en el móvil para la reunión de los lunes. Tu compañero que te recordaba las entregas. Tu rutina medio estable que te permitía llegar al viernes sin haber incendiado nada visible.

Y de repente te cambian las reglas del juego.

Ahora tienes que gestionar gente. Ahora tienes que ir a reuniones donde se espera que tú lleves el hilo. Ahora tienes que recordar no solo tus tareas, sino las de otros. Ahora tienes que responder emails que antes ni te llegaban.

Es como si llevaras años haciendo malabares con tres pelotas y alguien te dice "enhorabuena, ahora son siete" mientras todo el mundo aplaude.

¿Qué pasa cuando tus sistemas de compensación se rompen?

Esa es la parte que nadie te cuenta.

Los mecanismos que has montado durante años funcionan para un nivel concreto de demanda. Cuando la demanda sube, no escalan. Son artesanales. Están hechos con cinta aislante y buena intención.

Tu alarma del móvil servía para una reunión. Ahora tienes cinco al día y se solapan. Tu compañero de confianza sigue ahí, pero ahora eres su jefe y no puedes decirle "oye, recuérdame que tengo que entregar eso el jueves". Bueno, podrías. Pero se siente raro.

Y tu rutina se ha ido al garete porque tu nuevo puesto tiene horarios distintos, responsabilidades difusas y una cosa horrible llamada "disponibilidad permanente".

Tu cerebro, que ya funcionaba buscando dopamina donde podía, ahora tiene que encontrarla en hojas de Excel y reports semanales. Buena suerte con eso.

El impostor que ya vivía dentro ahora tiene despacho propio

Si antes tenías miedo a que descubrieran que no podías con todo, imagina lo que pasa cuando te suben de categoría.

La ecuación es sencilla. Antes pensabas "no sé cómo nadie se ha dado cuenta de que voy justo". Ahora piensas lo mismo, pero con gente que te llama "jefe" y espera que tomes decisiones. La presión por demostrar que mereces el puesto se mezcla con la certeza interna de que en cualquier momento alguien va a notar que pierdes el móvil tres veces al día.

Y eso genera una espiral. Cometes un error pequeño. Tu cerebro lo convierte en catástrofe. Te bloqueas. Cometes otro error. Confirmas la teoría de que no vales. Repites.

El TDAH en puestos de responsabilidad es una fábrica de burnout por masking. Porque no solo tienes que hacer el trabajo. Tienes que hacer el trabajo mientras finges que no te cuesta tres veces más que a los demás. Y eso gasta más energía que el trabajo en sí.

¿Entonces qué? ¿Lo rechazas?

No. Ni de broma.

Un ascenso con TDAH no es una sentencia. Es un cambio de contexto que necesita un cambio de estrategia. Y la estrategia no es "esfuérzate más", porque eso ya lo has probado y sabes cómo termina.

Lo primero es ser honesto contigo. Qué parte de tu rendimiento anterior era talento real y qué parte era compensación pura. Porque las compensaciones que funcionaban antes no van a funcionar ahora, y necesitas montar nuevas.

Lo segundo es pedir adaptaciones laborales sin sentir que estás pidiendo un favor. Bloquear horas sin reuniones. Tener agendas escritas antes de cada reunión. Pedir que los acuerdos queden por email, no solo "hablados en el pasillo". Eso no es debilidad. Es saber cómo funciona tu cerebro y trabajar con él en vez de contra él.

Lo tercero: externaliza todo. Tu cerebro no va a recordar 47 tareas pendientes. Acéptalo. Listas, recordatorios, calendario con alarmas, lo que sea. Si no está apuntado, no existe. Esto no es un consejo genérico. Es supervivencia.

Y lo cuarto, y quizá lo más importante: deja de medir tu rendimiento comparándote con gente cuyo cerebro tiene un regulador de serie. El tuyo no lo tiene. Y aun así has llegado hasta aquí. Eso no es un detalle menor.

No es que no puedas con el puesto

Es que el puesto no viene diseñado para cerebros como el tuyo.

Los puestos de responsabilidad están pensados para gente que mantiene diez hilos mentales en paralelo sin perder ninguno. Que puede sentarse en una reunión de dos horas sin que su cerebro emigre a las Bahamas. Que recuerda lo que le dijeron el martes pasado sin apuntarlo.

Eso no eres tú. Y está bien.

Porque tú tienes otras cosas. Ves patrones que otros no ven. Resuelves problemas de formas que a nadie se le ocurrirían. Cuando algo te engancha, produces más en dos horas que el resto en una semana. Por eso te han ascendido. No por error.

El truco no es forzarte a funcionar como los demás. Es construir un entorno donde tu forma de funcionar sea una ventaja, no un obstáculo. Y eso requiere conocerte de verdad. No la versión bonita de "tengo TDAH y soy creativo". La versión real de "sé exactamente dónde fallo, sé qué necesito, y no me da vergüenza pedirlo".

Ese es el verdadero ascenso.

---

Si quieres entender mejor cómo funciona tu cabeza antes de que el puesto nuevo te pase por encima, hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No diagnostica, pero te da más claridad sobre tu cerebro que cualquier conversación de pasillo con recursos humanos. 10 minutos, gratis, y sin email obligatorio.

Relacionado

Sigue leyendo