Miedo a envejecer con TDAH: el futuro que no puedes planificar
No puedes planificar la semana. ¿Cómo planificas los próximos 30 años? El miedo a envejecer con TDAH es real y casi nadie habla de él.
No puedo planificar la semana.
En serio. El lunes pongo alarmas, escribo listas, me organizo como si fuera un director de operaciones de una multinacional. El martes ya he perdido la lista. El miércoles ni recuerdo que el lunes existió. Y el jueves improviso como si improvisar fuera un estilo de vida y no una señal de que mi cerebro no retiene planes.
Entonces alguien me dice: "¿Y tu plan de jubilación?"
Y yo me quedo mirándole como si me hubiera preguntado cuántos satélites tiene Júpiter. No lo sé, tío. No tengo plan de jubilación. Apenas tengo plan de cena.
Pero la pregunta se queda. Se clava. Porque debajo de la broma hay algo que no hace gracia: el miedo real a envejecer sin tener nada bajo control.
¿Por qué el TDAH hace que envejecer dé más miedo de lo normal?
Porque envejecer requiere exactamente lo que peor se nos da: pensar a largo plazo.
Ahorrar. Cuidar el cuerpo. Mantener relaciones durante décadas. Construir una carrera con constancia. Planificar la salud. Ir al médico cuando toca, no cuando ya es urgente.
Todo eso necesita un cerebro que sepa esperar, que vea el futuro como algo real, que conecte lo que haces hoy con lo que pasará en 20 años.
Y el cerebro con TDAH no funciona así. El cerebro con TDAH vive en el ahora. No porque sea zen ni espiritual. Sino porque el futuro le parece una película que le están contando sobre otra persona. Algo abstracto, lejano, que no genera la dopamina suficiente para que te pongas en marcha.
Es como intentar preocuparte por una tormenta que dicen que viene en 2049. Tu cerebro te dice "ya, bueno, pero ahora mismo hace sol y hay un vídeo de gatos muy interesante".
Y eso, cuando tienes 25 años, parece gracioso. Cuando tienes 40, empieza a no hacer tanta gracia. Y cuando tienes 50, te despiertas un día y piensas: ¿cómo he llegado aquí sin haber preparado nada?
¿Qué tiene de distinto este miedo?
No es el miedo normal a envejecer. Ese lo tiene todo el mundo. Las canas, las rodillas, el "antes aguantaba y ahora no".
Este miedo es otro.
Es el miedo a que el desgaste que ya sientes no pare de crecer. El agotamiento de compensar, de funcionar con parches, de aparentar que llevas el control cuando por dentro estás haciendo malabares con antorchas encendidas.
Es pensar: si con 35 ya estoy quemado de sostener una vida que no está diseñada para mi cerebro, ¿cómo voy a estar con 60?
Es mirar a tus padres y preguntarte si tú vas a poder gestionar la burocracia de la vejez. Los papeles, las citas médicas, los seguros, las herencias, las decisiones importantes que requieren atención sostenida y cabeza fría. Todo lo que ya se te escapa ahora, pero con más consecuencias.
Y es el miedo silencioso a la soledad. Porque mantener relaciones a largo plazo con TDAH es complicado. No porque no quieras a la gente. Sino porque se te olvida llamar, se te pasan cumpleaños, desapareces tres semanas sin darte cuenta, y cuando vuelves, hay personas que ya no están.
Acumula eso durante décadas y el resultado es una red social más fina de lo que debería.
¿Es un miedo irracional?
No. Es bastante racional, la verdad.
Los adultos con TDAH tienen, de media, peor salud financiera. Más deuda, menos ahorro, más compras impulsivas. Tienen más probabilidad de cambiar de trabajo, de no mantener un plan de pensiones, de tomar decisiones económicas basadas en lo que necesitan hoy sin pensar en mañana.
También tienen más desgaste físico. Peor sueño, peor alimentación (o alimentación caótica), más estrés crónico. El cuerpo lo nota. Lo acumula. Y pasa factura antes de lo que debería.
No digo esto para asustarte. Digo esto porque fingir que todo va bien no ayuda. Lo que ayuda es mirar el problema de frente y hacer algo con lo que tienes.
Porque se puede. No es fácil. Pero se puede.
¿Qué puedes hacer con esto?
No te voy a soltar una lista de 10 consejos para planificar tu jubilación. No soy asesor financiero y además ya te habrías perdido en el punto tres.
Pero sí hay cosas que funcionan cuando tu cerebro no conecta con el futuro.
La primera: automatizar lo que puedas. Si no puedes confiar en que tu yo del futuro va a ahorrar, haz que el banco lo haga por ti. Transferencia automática el día que cobras. Ni lo ves, ni lo tocas, ni tu cerebro tiene opción de gastárselo en algo que le acaba de parecer imprescindible a las 11 de la noche.
La segunda: dejar de compararte con el plan de vida estándar. Ese que dice que a los 30 tienes hipoteca, a los 40 estabilidad y a los 50 un plan de pensiones gordo. Ese plan no lo diseñó alguien con TDAH. Lo diseñó alguien cuyo cerebro puede ver una línea recta entre hoy y dentro de 20 años sin distraerse.
Tu camino va a ser más caótico. Más zigzag. Más "empecé cinco cosas y terminé dos pero una de ellas me cambió la vida". Y eso no significa que vayas peor. Significa que vas diferente.
La tercera: buscar esperanza realista. No el optimismo vacío de "todo va a salir bien". Sino la evidencia real de que personas con TDAH han construido vidas funcionales, con estructura, con red de apoyo, con finanzas que no son un desastre. Existe. No es la norma, pero existe. Y saber que es posible cambia la relación que tienes con el miedo.
No estás solo en esto
Lo peor de este miedo es que parece que nadie más lo tiene.
Porque la gente habla de envejecer en plan "ay, las arrugas" o "ya no puedo comer pizza a las 12 de la noche". Pero nadie dice "tengo miedo de que mi cerebro no me deje construir una vida estable a largo plazo". Eso no se dice en una cena con amigos.
Pero es real. Y lo siente mucha más gente de la que crees.
El TDAH no desaparece con la edad. Se transforma. Algunas cosas mejoran, otras empeoran, y la investigación cada vez entiende mejor cómo evoluciona. Pero la base sigue ahí: un cerebro que funciona distinto, que necesita estrategias distintas, y que merece un plan de vida adaptado a cómo es, no a cómo debería ser.
El miedo no se va hablándolo. Pero se hace más pequeño cuando dejas de cargarlo solo.
Y cuando empiezas a construir, aunque sea poco, aunque sea caótico, aunque sea a tu manera, el futuro deja de parecer un agujero negro y empieza a parecer algo que puedes habitar.
Imperfecto. Desordenado. Tuyo.
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