Intimidad y TDAH: cuando tu cerebro se distrae en el peor momento
Estás en un momento íntimo y tu cerebro decide pensar en si apagaste el horno. La distracción durante el sexo con TDAH es real, común y nadie habla de ello.
Estás en un momento íntimo con tu pareja. Todo bien. Muy bien, de hecho. Y entonces tu cerebro decide que es el momento perfecto para preguntarse si apagaste el horno.
No el horno de ahora. El horno de ayer.
Y ya está. Ya se fue. Tu cuerpo sigue ahí, en el sitio, pero tu cabeza está en la cocina haciendo un repaso de todas las veces que dejaste algo encendido. O pensando en esa reunión de mañana. O recordando que los flamencos duermen sobre una pata y nadie sabe muy bien por qué.
Tu pareja nota que algo ha cambiado. Y tú no sabes cómo explicarle que no es ella. Que es tu cerebro. Que tu cerebro no tiene un botón de apagado y no le importa el contexto.
¿Por qué me distraigo durante la intimidad?
Porque el TDAH no distingue entre situaciones donde la distracción es tolerable y situaciones donde es un desastre absoluto.
Para tu cerebro, no hay una jerarquía de momentos. No existe un modo "esto es importante, centra toda la atención aquí". Existe el estímulo que tu cerebro encuentra en ese microsegundo, y existe todo lo demás. Y si lo que hay en ese microsegundo dentro de tu cabeza es más interesante que lo que tienes delante, se va. Sin avisar.
Durante la intimidad, esto es especialmente brutal porque la presión de estar presente lo hace peor. Cuanto más intentas no distraerte, más se disparan los pensamientos. Tu cerebro interpreta el esfuerzo de concentrarse como una tarea, y las tareas le activan el modo "¿y qué más tengo pendiente?". Es exactamente al revés de como debería funcionar.
El resultado es ese bucle horrible: notas que te has ido, intentas volver, notas que sigues un poco ido, te empiezas a preocupar por notarlo, y la preocupación te distrae más. Es como intentar dormirte a la fuerza. Cuanto más lo intentas, menos funciona.
Y lo que pasa por tu cabeza en ese momento no es nada dramático. No es que estés pensando en otra persona. Es que tu cerebro ha decidido, con toda la mala leche del mundo, que ahora es buen momento para repasar la lista de la compra.
El silencio que lo complica todo
Lo peor de esto no es la distracción en sí.
Lo peor es que nadie habla de ello.
Hay miles de artículos sobre TDAH y trabajo, TDAH y relaciones, TDAH y memoria. Pero sobre la distracción durante la intimidad, silencio total. Y ese silencio lo convierte en algo mucho más gordo de lo que es. Porque cuando no hay palabras para algo, tu cabeza rellena el hueco con lo peor posible.
Tu pareja puede interpretarlo como desinterés. Como que ya no le atraes lo suficiente. Como que hay algo que no le estás contando. Y tú puedes empezar a sentir vergüenza, a evitar la intimidad para no repetir la situación, o a hacerte el que todo va bien cuando por dentro estás pendiente de si tu cerebro va a desaparecer otra vez.
Es exactamente la misma dinámica que pasa cuando tu pareja te habla y tu cerebro se va a diseñar una casa en Minecraft. El mismo mecanismo, el mismo malentendido, el mismo dolor. Solo que aquí el contexto hace que todo se sienta más íntimo y más difícil de decir en voz alta.
Así que lo digo yo: esto pasa. Es común. Y no significa lo que parece.
No es falta de deseo. Es falta de regulación.
Tu cerebro con TDAH tiene un problema de regulación de la atención, no un problema de interés.
Son cosas distintas. El interés es lo que sientes. La regulación es la capacidad de sostener la atención donde quieres, durante el tiempo que quieres. Y esa capacidad, con TDAH, es inconsistente. A veces funciona. A veces no. Y casi nunca puedes predecir cuándo va a fallar.
Lo que hace especialmente cruel a la distracción durante la intimidad es que el deseo sí está ahí. El problema no es que no quieras estar presente. El problema es que tu cerebro no tiene bien calibrado el mecanismo que sostiene la atención en una sola cosa. El zapping mental del TDAH no se detiene porque estés en un momento importante. Si acaso, la importancia del momento activa cierta presión que lo acelera.
No es personal. No es una señal de nada sobre tu relación. Es neurología funcionando de una forma particular que no tiene en cuenta el contexto emocional.
Qué funciona de verdad
No hay una solución mágica. Pero hay cosas que ayudan, y que son menos complicadas de lo que parecen.
Habla de ello antes de que sea un problema. No en el momento, que ese es el peor momento para cualquier conversación. En un rato tranquilo, sin tensión encima. "Oye, a veces me pasa que me desconecto en momentos íntimos. No es por ti. Es mi cerebro. Quiero que lo sepas para que si lo notas, no lo interpretes mal." Una sola conversación de esas cambia mucho.
No te castigues cuando pase. El peor camino es el de la vergüenza y el silencio. Cuanto más te castigas por haberte distraído, más miedo tienes de que vuelva a pasar, y más probable es que pase. Es el bucle de siempre. Notarlo sin juzgarlo es infinitamente más útil que flagelarte.
Anclajes sensoriales. Suena muy de taller de meditación, lo sé. Pero funciona. Prestar atención deliberada a lo que notas físicamente en ese momento, temperatura, tacto, sonido, te da algo concreto donde poner el foco. Es más fácil para tu cerebro agarrarse a algo tangible que intentar "estar presente" de forma abstracta.
Comunica sin drama. Si en el momento notas que te fuiste y volviste, no tienes que hacer una declaración solemne ni interrumpir nada. Pero si tu pareja pregunta qué te pasa, decir "mi cabeza se fue un momento, ya estoy" es mucho mejor que el silencio o el "nada, estoy bien" con cara de haber visto un fantasma.
La comunicación en pareja con TDAH es la base de todo esto. No hay atajos. Pero tampoco hace falta convertirlo en un proyecto de ingeniería emocional. A veces basta con que la otra persona sepa lo que está pasando.
Lo que tu pareja necesita escuchar
Si tu pareja está leyendo esto contigo, o si lo vas a compartir con ella, hay una cosa fundamental:
La distracción durante la intimidad no es una señal de que algo falla en la relación. No es que no te vea. No es que no le desees. Es que su cerebro tiene un sistema de atención que falla precisamente cuando hay más presión para que funcione.
Y eso es frustrante para los dos. Para ti, que no puedes controlarlo. Para tu pareja, que no puede entenderlo sin que se lo expliquen.
Pero se puede hablar. Se puede manejar. Y la vergüenza de no hablarlo hace mucho más daño que el problema en sí.
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Si reconoces este patrón en ti mismo y llevas tiempo preguntándote si podría ser algo más que distracción puntual, hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. Evalúa atención, impulsividad y regulación emocional. No es un diagnóstico, pero es un punto de partida para entender cómo funciona tu cerebro.
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