He quemado más comida que Gordon Ramsay: cocinar con TDAH
Cocinar con TDAH es un deporte de riesgo. Agua evaporada, ollas rojas y alarmas de humo. Por qué tu cerebro sabotea cada receta y qué hacer al respecto.
Puse agua a hervir. Me fui al salón "un segundo" a contestar un mensaje. Volví 35 minutos después. No quedaba agua. La olla estaba roja. Y olía a apocalipsis.
Abrí las ventanas, encendí el extractor y me quedé ahí de pie, mirando la olla, pensando en qué momento exacto de mi vida las cosas habían ido tan mal como para quemar agua.
Agua.
La cosa más básica que puedes calentar en una cocina. No era un soufflé. No era una reducción de vino tinto con romero. Era agua. Y la quemé. Porque un mensaje de WhatsApp se convirtió en contestar otro mensaje, que se convirtió en mirar un vídeo que me habían mandado, que se convirtió en buscar algo en Google, que se convirtió en 35 minutos de vida que mi cerebro borró del mapa.
Y lo peor es que esto no fue una vez.
¿Por qué cocinar con TDAH es un deporte de riesgo?
Porque cocinar es, básicamente, gestión de tiempos en paralelo. Tienes la pasta en un fuego, la salsa en otro, tienes que vigilar que no se pase, que no se pegue, que no se queme. Son tres o cuatro procesos simultáneos que requieren atención sostenida durante 20 o 30 minutos seguidos.
Y atención sostenida es exactamente lo que tu cerebro no tiene.
No es que no sepas cocinar. Es que tu cerebro no está diseñado para quedarse vigilando algo que no cambia. Una olla hirviendo es, para tu cerebro, lo más aburrido del universo. No pasa nada. Solo agua burbujeando. Y tu cerebro necesita estímulos. Necesita novedad. Necesita algo que active la dopamina. Y una olla no activa nada.
Entonces se va.
Se va a mirar el móvil. A poner una lavadora. A buscar algo que iba a buscar ayer. A pensar en una conversación que tuvo hace tres días. Y cuando vuelve, ya no hay agua. Hay una olla al rojo vivo y un detector de humo gritando.
Esto es lo mismo que cuando abres la nevera 6 veces y acabas cenando cereales. Tu cerebro no es capaz de mantener el foco en algo tan poco estimulante como preparar comida. Y en lugar de cocinar, procrastinas la cena hasta que es tan tarde que ya no te compensa hacer nada. Cereales. Otra vez.
El "ya lo vigilo de oído"
Esta es la mentira más grande que me cuento a mí mismo.
"No hace falta que me quede aquí mirando la olla. Si oigo algo raro, vuelvo."
No.
No vas a oír nada raro. Porque cuando tu cerebro se engancha con algo, desconecta los canales que no le interesan. Puedes estar a tres metros de la cocina con la sartén echando humo y tu cerebro no va a registrarlo porque está ocupado leyendo un hilo de Reddit sobre por qué los gatos amasan.
Me ha pasado con pasta, con arroz, con huevos, con un brick de tomate que dejé reduciéndose "cinco minutitos". He provocado más alarmas de humo que un simulacro de incendios. En mi piso el detector de humo no es un aparato de seguridad. Es un temporizador de cocina con extra de dramatismo.
Y cada vez que pasa, la secuencia es la misma: olor raro, carrera a la cocina, olla destruida, ventanas abiertas, y yo prometiéndome que la próxima vez no me voy a mover de ahí.
La próxima vez me muevo.
Siempre me muevo.
¿Entonces qué haces, te quedas de pie mirando la olla?
No. Porque eso tampoco funciona. Si me quedo mirando la olla sin hacer nada, a los dos minutos mi cerebro empieza a buscar estímulos. Y si no los encuentra en la cocina, me arrastra fuera.
Lo que sí funciona es hacer que la cocina sea el estímulo.
Poner música. Un podcast. Un vídeo en el móvil apoyado en la encimera. Algo que mantenga a mi cerebro entretenido MIENTRAS cocino, para que no necesite irse a buscar entretenimiento a otro sitio.
No es la solución elegante que verás en un blog de productividad. Es un apaño. Pero funciona. Si mi cerebro tiene suficiente dopamina en la cocina, no se escapa al salón. Y si no se escapa al salón, la olla sobrevive.
Temporizadores. Muchos temporizadores. No uno. Tres. Porque el primero lo voy a ignorar, el segundo me va a pillar haciendo otra cosa, y el tercero, con suerte, me va a sacar de lo que sea que esté haciendo a tiempo para que la comida no acabe carbonizada.
Y la regla que más me ha salvado: nada de "fuego bajo mientras hago otra cosa". Fuego bajo es la trampa definitiva. Tu cerebro interpreta "fuego bajo" como "no pasa nada, tengo tiempo". Y "tengo tiempo" se convierte en "me olvido por completo de que la cocina existe". Si pongo algo al fuego, me quedo en la cocina. Punto. No voy a contestar mensajes. No voy a poner una lavadora. No voy a "mirar una cosa rápida" en el ordenador.
Porque "una cosa rápida" con TDAH no existe.
El meal prep: cocinar una vez para olvidarte el resto
Esto me lo descubrieron y fue un antes y un después.
La idea es simple: cocinas un día, comes toda la semana. Un domingo por la tarde, con música, con calma, sin prisa. Haces arroz para cinco días. Pollo para cinco días. Verduras para cinco días. Lo metes en tápers y lo guardas en la nevera.
El resto de la semana no cocinas. Abres la nevera, coges un táper, lo calientas, y comes. Cero decisiones. Cero tiempos de espera. Cero ollas al fuego que vigilar.
Es lo más parecido a un sistema de cocina diaria para cerebros con TDAH que he encontrado. No te pide fuerza de voluntad cada día. Te pide un esfuerzo concentrado un día y luego te deja en paz. Y para un cerebro que no puede mantener una rutina diaria de cocina sin quemar algo, eso es oro.
¿Es aburrido comer lo mismo cinco días? Sí. ¿Es más aburrido que llamar a los bomberos porque se te ha prendido fuego una sartén con aceite? También sí, pero de otra manera.
El meal prep es un salvavidas para cerebros TDAH. No porque sea la dieta perfecta. Porque elimina la parte que tu cerebro no puede gestionar: la atención sostenida diaria sobre algo que no le interesa.
No eres un desastre en la cocina. Tu cerebro funciona diferente.
Cocinar mal con TDAH no es un problema de habilidad culinaria. Es un problema de atención.
Puedes saber la receta perfecta. Puedes tener los ingredientes exactos. Puedes haber visto el tutorial tres veces. Nada de eso importa si a los cinco minutos tu cerebro decide que hay algo más interesante en otra habitación y te lleva ahí sin pedirte permiso.
No eres vago. No eres un inútil en la cocina. Eres una persona con un cerebro que se aburre con los procesos lentos y repetitivos, y cocinar es exactamente eso.
La solución no es "pon más empeño" ni "presta más atención". La solución es diseñar el proceso para que tu cerebro no tenga que prestar una atención que no puede dar. Temporizadores. Estímulos en la cocina. Meal prep. Recetas simples que no te pidan 45 minutos de concentración ininterrumpida.
Gordon Ramsay grita cuando alguien quema la comida. Si me hubiera visto a mí, habría perdido la voz.
Pero eso no significa que no pueda comer bien. Solo significa que tengo que hacerlo de otra manera.
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Si te has sentido identificado con quemar agua, olvidar que tenías algo al fuego o cenar cereales tres días seguidos, quizá no es dejadez. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos para entender por qué tu cerebro hace lo que hace.
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