Volver al blog

Contestar mentalmente un mensaje y creer que lo enviaste con TDAH

Tu cerebro formuló la respuesta perfecta, la marcó como hecha y nunca la envió. Así funciona olvidar contestar mensajes con TDAH.

tdah

Tu cerebro procesó la respuesta. La formuló perfecta. La marcó como "hecho". No la envió. Y ahora tu amigo piensa que le ignoras.

Lo peor es que tú juras que contestaste. Lo recuerdas. Recuerdas las palabras exactas, el tono, hasta la broma que metiste al final. Lo recuerdas porque tu cerebro lo hizo. Lo ensayó entero. Solo que lo hizo dentro de tu cabeza, en una simulación tan realista que tu memoria lo archivó como "tarea completada".

Y tres días después recibes un "¿estás bien?" que te descoloca la existencia.

¿Por qué tu cerebro marca como hecho algo que no hiciste?

Porque tu cerebro con TDAH no distingue bien entre intención y acción.

Para un cerebro neurotípico, pensar en hacer algo y hacerlo son dos pasos claramente separados. Primero pienso, luego hago, y mi memoria registra en qué paso me quedé. Sencillo. Limpio. Funcional.

Para un cerebro con TDAH, esos dos pasos se solapan. Pensar en la respuesta activa las mismas áreas que redactarla. Tu cerebro genera la respuesta, siente la satisfacción de haberla formulado, y le pone el sello de "completado". Porque para él, el esfuerzo mental ya se hizo. Y si el esfuerzo ya se hizo, ¿por qué iba a recordar que falta el paso físico de mover los pulgares y darle a enviar?

No falta. Ya está hecho. Siguiente tarea.

Excepto que no está hecho. Está flotando en tu cabeza, perfectamente redactado, sin destino. Como una carta que escribiste, metiste en el sobre, y dejaste en la mesa del salón en vez de llevarla al buzón.

El buzón lleno de cartas que nunca salieron

Si miras tu WhatsApp ahora mismo, probablemente encuentres conversaciones donde tu último mensaje fue hace semanas. No porque no te importe esa persona. Sino porque tu cerebro te convenció de que ya le habías contestado.

Y esto no pasa con un mensaje. Pasa con muchos. Con los 47 mensajes sin leer que se acumulan mientras tu cerebro decide que ya se ha ocupado de todos. Porque los leyó. Los procesó. Formuló respuestas brillantes para cada uno. Y luego se fue a otra cosa. Porque apareció otro estímulo. Otro pensamiento. Otra urgencia que secuestró tu atención durante el medio segundo que necesitabas para darle a enviar.

Y medio segundo es lo que separa "contesté" de "creí que contesté". Nada más. Medio segundo de distracción y tu memoria se inventa el final de la película.

No es que no te importe. Es que tu RAM se desbordó.

Esto es lo que la gente no entiende.

Tu amigo ve que no le contestas y piensa: "Pasa de mí". Tu madre ve que no respondiste y piensa: "No le importo lo suficiente". Tu pareja ve el doble check azul sin respuesta y piensa: "Me está ignorando a propósito".

Pero tú no les ignoras. Tu cerebro les ignoró por ti sin consultarte. Porque tu memoria a corto plazo funciona como una mesa diminuta donde solo caben tres cosas a la vez, y cuando llegó la cuarta, la tercera se cayó al suelo. Y la tercera era contestar a tu amigo.

No es falta de cariño. Es falta de espacio mental. Tu cerebro tiene un disco duro enorme lleno de datos, ideas, recuerdos y planes, pero la bandeja de entrada se colapsa cada cinco minutos. Lo que no se procesa en el momento, desaparece. No se borra. Se pierde en algún cajón interno al que no puedes acceder hasta que alguien te dice "oye, ¿recibiste mi mensaje?" y entonces tu cerebro abre el cajón de golpe y piensa: "Ah. Esto. Creía que ya lo había hecho."

El ciclo de la culpa que no ayuda

Y después viene lo bueno. La culpa.

Ves el mensaje sin contestar. Sientes vergüenza. Han pasado tres días, así que ahora no puedes contestar "jaja sí, mañana quedamos" como si nada. Necesitas justificarte. Pero justificarte requiere energía. Y cuanta más energía necesitas, menos ganas tienes de abrir la conversación. Así que la dejas para luego. Luego se convierte en mañana. Mañana se convierte en una semana. Y una semana se convierte en un agujero social del que cada vez es más difícil salir.

No contestaste un mensaje y ahora tienes ansiedad cada vez que abres WhatsApp.

Así funciona.

Lo que a mí me salva: externalizar el paso que falta

La solución no es "prestar más atención". Eso es como decirle a alguien miope que mire más fuerte. La solución es aceptar que tu cerebro va a seguir haciendo esto y poner una red donde las cosas caen.

Lo que a mí me funciona es tratar la respuesta como una tarea, no como algo que "ya haré". Si leo un mensaje y no puedo contestar ahora, lo marco como no leído. Físicamente. Le quito el visto. Porque si mi cerebro ve el visto, interpreta "hecho". Y si interpreta "hecho", yo estoy perdido.

También funciona externalizar la memoria de forma agresiva. Un post-it en la pantalla. Una alarma en el móvil. Un recordatorio a los 10 minutos. Lo que sea que le diga a tu cerebro futuro: "Oye, esto no lo has hecho, solo lo has pensado". Porque tu cerebro futuro no se va a acordar. Nunca se acuerda. Y ya va siendo hora de dejar de confiar en él para estas cosas.

No es triste. Es práctico. Y funciona mejor que la culpa.

No eres mala persona. Eres una persona con un cerebro que confunde pensar con hacer.

Si tu amigo piensa que le ignoras, no es porque no le quieras. Es porque tu cerebro tiene un bug de fábrica que confunde la simulación con la ejecución. Y ese bug no se arregla con fuerza de voluntad. Se arregla con sistemas externos, con trucos, con la humildad de saber que tu memoria te va a traicionar y prepararte para ello.

La próxima vez que alguien te diga "nunca me contestaste", no te machaquen. Contesta ahora. Sin excusas elaboradas. Sin párrafos de justificación. Un simple "perdona, juro que lo hice en mi cabeza" es más honesto y más real que cualquier excusa inventada.

Porque lo hiciste en tu cabeza. Eso es verdad. Solo que tu cabeza se olvidó de contárselo a tus manos.

---

Si esto de contestar mensajes mentalmente te suena demasiado familiar y siempre pensaste que era dejadez, quizá no lo es. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos para entender por qué tu cerebro hace cosas que tú no le has pedido.

Relacionado

Sigue leyendo