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Empezar la universidad a los 30 con TDAH: nunca es tarde para el caos académico

Tus compañeros tienen 18, tú llevas un diagnóstico y un trabajo. Empezar la universidad tarde con TDAH no es llegar tarde, es llegar diferente.

tdah

Tus compañeros tienen 18. Tú llevas un diagnóstico, un trabajo y la sensación de que llegas tarde a todo.

Pero estás aquí.

Sentado en un aula que huele a futuro ajeno, rodeado de gente que todavía no paga alquiler, con un bolígrafo en la mano y una vocecita en la cabeza que dice "¿qué haces aquí, tío?".

Yo no empecé la universidad a los 30. Pero conozco esa sensación de llegar a un sitio y sentir que todos tienen el manual de instrucciones menos tú. Que todos van por el capítulo 7 y tú estás intentando encontrar el índice. Eso lo he vivido tantas veces que ya ni me molesta. Bueno, miento. Sí me molesta. Pero al menos ahora sé de dónde viene.

¿Merece la pena empezar la universidad con TDAH a los 30?

Depende de a quién le preguntes.

Si le preguntas a tu cuñado, te dirá que "ya eres muy mayor para eso". Si le preguntas a tu madre, te dirá que le parece genial pero que tengas cuidado. Si le preguntas a Internet, encontrarás 47 hilos de Reddit con opiniones opuestas y acabarás a las 3 de la mañana leyendo sobre carreras que ni te interesan.

Si me preguntas a mí: sí. Pero no por las razones que crees.

No merece la pena porque "nunca es tarde para cumplir tus sueños". Eso es una frase de taza de Mr. Wonderful. Merece la pena porque a los 30 tienes algo que a los 18 no tenías: contexto. Sabes por qué estás ahí. No estás porque tus padres te dijeron que tenías que estudiar algo. Estás porque tú has decidido estar.

Y eso, con un cerebro TDAH, es la hostia.

Porque nuestro cerebro funciona con motivación intrínseca. Si no hay un "para qué" que te encienda, no hay manera de que te sientes a estudiar derecho procesal un martes a las 8 de la noche después de currar todo el día. Pero si tu "para qué" es real, si lo sientes en el pecho, tu cerebro dice "vale, vamos a por ello". Y cuando un cerebro TDAH se engancha a algo, no hay quien lo pare.

¿Y lo de ser el mayor de la clase?

Al principio es raro. No te voy a mentir.

Hay un momento, normalmente la primera semana, en el que miras a tu alrededor y piensas "yo podría ser el hermano mayor de esta gente". Y es verdad. Podrías. Pero también es verdad que eso te da una ventaja que ellos no tienen: has vivido.

Has tenido jefes. Has pagado facturas. Has sobrevivido a reuniones que podrían haber sido un email. Has aprendido que no todo lo urgente es importante y que no todo lo importante es urgente. Y eso, en una carrera universitaria, vale más que cualquier apunte de primero.

Los de 18 tienen energía y tiempo. Tú tienes claridad y una tolerancia a la frustración forjada en años de intentar que tu cerebro coopere con plazos que no ha elegido.

No es mejor ni peor. Es diferente.

¿Qué pasa con el TDAH en la universidad?

Pasa lo de siempre, pero amplificado.

La universidad es un sistema diseñado para cerebros que pueden sentarse, escuchar, tomar apuntes, organizarse solos, estudiar con tiempo, y entregar trabajos antes de la fecha límite. Es decir, un sistema diseñado para cerebros que no son el tuyo.

Eso no significa que no puedas. Significa que tienes que aprender a sobrevivir la universidad con TDAH con tus propias reglas, no con las de los demás.

Lo que a mí me habría ahorrado años de sufrimiento es saber que mi cerebro no necesita disciplina. Necesita estructura. Y esas dos cosas se parecen tanto como un kebab y una ensalada. Los dos son comida, pero la experiencia es completamente distinta.

Estructura significa: saber qué toca hoy, tener un sitio para cada cosa, dividir los trabajos enormes en trozos pequeños que no den ganas de llorar, y aceptar que vas a necesitar más descansos que el de al lado. No porque seas peor. Porque tu cerebro consume más gasolina.

¿Y si ya lo intenté antes y lo dejé?

Entonces eres de los míos.

Hay mucha gente con TDAH que empezó una carrera a los 18 y la dejó. O cambió tres veces. O sacó el primer curso y luego se estancó en un bucle infinito de "este año sí que sí" que nunca llegaba.

Si eso te pasó, no fallaste tú. El sistema no estaba diseñado para tu cerebro. Y probablemente nadie te explicó por qué te costaba tanto algo que a los demás les parecía normal.

Pero ahora lo sabes. Y eso cambia todo.

Saber que tienes TDAH no hace que estudiar sea fácil. Pero hace que dejes de pensar que eres idiota. Y eso, créeme, libera una cantidad de energía mental que no te imaginas. Toda la energía que gastabas en culparte, en compararte, en intentar ser "normal", ahora puedes usarla en estudiar.

¿No sería más fácil hacer otra cosa?

Probablemente.

Sería más fácil no estudiar. Sería más fácil quedarte donde estás. Sería más fácil decirte que ya es tarde, que ya tienes tu vida montada, que para qué complicarte.

Pero tú no estás leyendo esto porque quieras lo fácil. Estás leyendo esto porque algo dentro de ti dice "quiero hacerlo" y otra parte dice "no sé si puedo".

Spoiler: puedes. Pero no como los demás. Y eso está bien.

A los 30 con TDAH no necesitas ser el mejor de la clase. Necesitas acabar. Necesitas demostrar que tu cerebro caótico, disperso, impulsivo y brillante puede completar algo que el mundo te dijo que no podías.

Y si estás pensando "ya, pero ¿y si a los 40 quiero hacer otra cosa?", pues mira, también se puede empezar de cero a los 40 con TDAH. El cerebro TDAH tiene esta cosa curiosa: nunca se aburre de empezar. Lo difícil es terminar. Pero eso ya lo sabes.

El secreto que nadie te cuenta

No es la edad. No es la inteligencia. No es tener más o menos TDAH.

Es que esta vez lo haces sabiendo quién eres.

A los 18 ibas a ciegas. A los 30 vas con linterna. La linterna está un poco rota y a veces parpadea, pero ilumina lo suficiente para no tropezar con los mismos muebles.

Vas a tener días horribles. Vas a tener épocas de exámenes en las que quieras tirar el portátil por la ventana. Vas a procrastinar un trabajo de 2000 palabras hasta que solo queden 6 horas. Y lo vas a entregar. Porque llevas toda la vida funcionando así.

No llegas tarde. Llegas diferente. Y diferente, con el sistema correcto, funciona.

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