Olvidar que estás calentando agua: la microtraición del TDAH
Pones agua a calentar, te vas un segundo, y vuelves cuando la olla está seca. No es despiste: es tu cerebro con TDAH desconectándose del presente.
Pusiste agua a calentar. Te fuiste a hacer "algo rápido". Treinta minutos después, la olla está seca y la cocina huele a quemado.
No eres descuidado. Tienes un cerebro que se desconecta del presente.
Lo peor no es la olla. Lo peor es que llevas años viviendo esto y sigues pensando que es un fallo de carácter. Que eres "despistado". Que te falta atención. Que si te importara de verdad, no se te olvidaría.
Pero se te olvida. Cada vez. Como un reloj roto que siempre da la misma hora.
La olla seca como metáfora de todo lo demás
Te voy a contar algo que me pasó la semana pasada. Puse agua para hacerme un té. Fui al salón a contestar un mensaje. El mensaje me recordó que tenía que buscar una cosa. La cosa me llevó a abrir tres pestañas. Las tres pestañas me hicieron pensar en un vídeo que quería grabar. Empecé a apuntar ideas. Apuntar ideas me llevó a reorganizar mi lista de tareas.
Cuarenta minutos después, huelo algo raro.
La olla. Vacía. El fondo negro. Y yo con una lista de tareas impecable que no me servía de nada porque casi me cargo la vitro.
No es que me diera igual el agua. Es que mi cerebro decidió, sin consultarme, que había cosas más interesantes que vigilar una olla. Y se fue. Así, sin avisar. Como quien se levanta en mitad de una película y no vuelve.
¿Por qué siempre se te olvida que tienes algo al fuego?
Porque tu cerebro con TDAH tiene un sistema de prioridades que no funciona con lógica. Funciona con estímulo.
Una olla calentándose no es estimulante. No tiene notificaciones, no cambia de color, no hace ruido hasta que ya es demasiado tarde. Para tu cerebro, esa olla directamente no existe. Se ha borrado del mapa en el momento exacto en que apareció algo mínimamente más interesante.
Es lo mismo que te pasa cuando entras en una habitación y no sabes a qué has ido. Tu cerebro suelta la información como quien suelta un globo en un parque. No lo hace a propósito. Es que no tiene la fuerza para sujetarlo.
Los neurocientíficos lo llaman "déficit en la memoria de trabajo prospectiva". Que suena muy técnico pero básicamente significa esto: tu cerebro es malísimo recordando cosas que tiene que hacer en el futuro cercano. No olvida el pasado. Olvida la intención. "Tengo que volver a la cocina en cinco minutos" es una instrucción que se evapora antes de que termines de formularla.
Y esto no tiene nada que ver con inteligencia ni con importancia. Puedes olvidar algo que te importa muchísimo. De hecho, lo haces constantemente. Olvidas llamar al médico, recoger un paquete, contestar un mensaje importante. No porque no te importe. Sino porque tu cerebro no retiene la señal de "hazlo después" como lo hacen otros cerebros.
La cadena invisible
Lo del agua es gracioso hasta que deja de serlo.
Porque no es solo la olla. Es el café que dejas enfriar tres veces. Es la lavadora que lleva dos días terminada y huele a humedad. Es comprar algo que ya tenías porque no te acordabas de que lo habías comprado la semana pasada. Es el paquete que devolvieron porque se te pasó el plazo de recogida.
Son microtraiciones. Pequeñas promesas que te haces a ti mismo y que tu cerebro rompe sin que te des cuenta.
Y cada una, por separado, no parece gran cosa. Pero juntas forman un patrón. Un patrón que te dice, día tras día, que no puedes confiar en ti mismo. Que se te va a olvidar. Que vas a fallar en las cosas pequeñas. Que no eres de fiar ni para vigilar una olla con agua.
Eso deja marca.
¿Y qué haces con un cerebro que se desconecta solo?
No le pides que cambie. Le pones muletas.
Lo digo en serio. Tu cerebro no va a mejorar por pura fuerza de voluntad. No vas a "prestar más atención" por decidirlo muy fuerte. Si pudieras, ya lo habrías hecho hace años.
Lo que funciona es externalizar la memoria. Sacar la información de tu cabeza y ponerla en sitios que no se olvidan.
Temporizadores. Para todo. Para la olla, para la lavadora, para el paquete. El móvil tiene cronómetro, y es el mejor amigo que puede tener un cerebro con TDAH en la cocina.
Alarmas con nombre. No "alarma en 10 minutos". Sino "AGUA EN EL FUEGO" como texto de la alarma. Porque cuando suene, tu cerebro no va a recordar por qué la puso. Necesita que se lo digan.
Rituales físicos. Yo ahora, cuando pongo algo al fuego, me quedo en la cocina. No salgo. Me quedo ahí con el móvil si quiero, pero no cruzo la puerta. Porque sé que si cruzo la puerta, la olla deja de existir en mi cabeza.
No es elegante. No es inspirador. Pero funciona. Y a estas alturas, prefiero un sistema feo que funcione a un sistema bonito que me deje con la cocina llena de humo.
No es que no te importe. Es que tu cerebro tiene otras prioridades
Esa es la parte que más cuesta aceptar.
No eres irresponsable. No eres un desastre. Tienes un cerebro que gestiona la atención de forma diferente. Que no asigna importancia a las cosas por lógica, sino por novedad, por estímulo, por urgencia inmediata.
Una olla con agua no es urgente hasta que se seca. Y para entonces ya es demasiado tarde.
Pero cuando entiendes eso, dejas de culparte. Y empiezas a buscar soluciones reales en vez de promesas vacías de "la próxima vez estaré más atento".
La próxima vez también se te va a olvidar. Acepta eso. Y pon la alarma.
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