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Domingo por la noche con TDAH: la ansiedad de todo lo que no hiciste

Son las 8 de la tarde del domingo y no has hecho nada de lo que planeaste. Esa ansiedad del domingo noche con TDAH tiene nombre y explicación.

tdah

Son las 8 de la tarde del domingo. La semana empieza en 12 horas. Y todo lo que ibas a hacer este fin de semana sigue exactamente donde lo dejaste el viernes. Intacto. Sin tocar. Como si el sábado y el domingo no hubieran existido.

La ropa sin doblar sigue en el mismo sitio. El correo que ibas a contestar sigue abierto en una pestaña. La compra que ibas a hacer sigue siendo una lista mental que ni siquiera llegaste a escribir. Y ese proyecto personal, ese que el viernes a las 7 de la tarde te jurabas a ti mismo que ibas a avanzar "este finde sí", sigue exactamente igual.

Y empieza.

Esa bola en el estómago. Ese runrún de fondo que te dice que no has hecho nada. Que has desperdiciado dos días. Que eres un desastre. Que mañana va a ser un infierno porque encima llegas al lunes sin haber hecho nada de lo que tenías pendiente.

La ansiedad del domingo por la noche no es exclusiva del TDAH. Pero con TDAH es otra cosa. Con TDAH es un ritual semanal que no pediste y del que no puedes salir.

¿Por qué el fin de semana desaparece con TDAH?

Porque el viernes hiciste un plan. Tu cerebro generó una lista preciosa de cosas que ibas a hacer. Limpiar, cocinar, avanzar en ese proyecto, hacer ejercicio, quizá ver a alguien. Era un plan realista. Era un plan que cualquier persona podría completar en dos días.

Pero el sábado por la mañana te levantaste sin estructura. Sin horario. Sin nadie que te obligara a hacer nada. Y tu cerebro, que entre semana funciona a base de urgencia y presión externa, se encontró con un paisaje vacío. Sin deadline, sin jefe, sin reuniones. Solo tú y tu lista de intenciones.

Y pasó lo de siempre.

Abriste el móvil "un momento". Ese momento se convirtió en una hora. Luego pensaste "bueno, empiezo después de comer". Después de comer te sentaste en el sofá y acabaste viendo algo que ni querías ver. A las 6 de la tarde pensaste "ya es tarde para empezar". Y el sábado se evaporó.

El domingo fue la fotocopia del sábado. Pero con un matiz peor: la culpa del sábado perdido pesando encima. Así que no solo no hiciste nada, sino que encima te sentiste culpable por no hacer nada, lo cual te paralizó más, lo cual te hizo sentir más culpable. El bucle perfecto.

Es lo mismo que pasa con el fin de semana vacío que no entiendes. El tiempo libre sin estructura externa es kryptonita para un cerebro con TDAH. No es descanso. Es parálisis disfrazada de libertad.

La lista fantasma

Lo peor del domingo por la noche no es lo que no hiciste. Es la lista.

Porque no es una lista real. No la escribiste en ningún sitio. Es una lista que vive solo en tu cabeza. Una lista que tu cerebro va ampliando durante todo el fin de semana, añadiendo cosas nuevas cada vez que recuerdas algo pendiente, sin quitar ninguna, sin priorizar ninguna.

Para las 8 de la tarde del domingo, esa lista tiene 30 cosas. Y todas tienen la misma urgencia. Todas pesan igual. Todas te gritan al mismo tiempo.

Y tu cerebro, que no sabe por dónde empezar cuando tiene 3 tareas, imagínate con 30.

Se bloquea.

No es que no quieras hacer cosas. Es que la cantidad de cosas pendientes te aplasta tanto que hacer cualquiera de ellas parece insuficiente. "¿De qué sirve doblar la ropa si no he hecho la compra, ni he contestado el correo, ni he avanzado el proyecto?" Y como ninguna tarea te va a dar la sensación de haber cumplido, no haces ninguna. Y te metes en la cama con la bola en el estómago.

El lunes por la mañana ya empezó el domingo a las 8

Aquí está la trampa.

La ansiedad del domingo por la noche no es solo "ay, mañana es lunes". Es que tu cerebro ya está viviendo el lunes. Ya está anticipando todas las cosas que van a salir mal. Ya está montando la película completa de la semana: las reuniones, los emails, las tareas que arrastras, los plazos que se acercan.

Y todo eso lo estás procesando a la vez, tumbado en el sofá, mientras por fuera parece que no estás haciendo nada.

Por dentro estás haciendo todo. Tu cerebro no para. Está planificando, reprochándote, anticipando, recordándote cada cosa pendiente, cada promesa incumplida, cada tarea que dejaste para "el finde". Es como tener 47 pestañas abiertas en la cabeza y no poder cerrar ninguna. Eso es lo que pasa cuando tu cerebro no se apaga por la noche. No es insomnio normal. Es un procesador que no tiene botón de OFF.

Y llegas al lunes agotado. No porque hayas hecho mucho durante el fin de semana. Sino porque tu cerebro no ha parado ni un segundo de machacarte por lo que no has hecho.

La culpa del "no es para tanto"

Esto es lo que no cuentan.

Que la ansiedad del domingo por la noche viene con un bonus: la culpa de sentirla.

Porque una parte de ti sabe que "no es para tanto". Que la gente normal también tiene domingos vagos. Que no pasa nada por no haber hecho la compra o no haber limpiado. Que mañana es lunes y ya está, no es el fin del mundo.

Y eso te hace sentir peor.

Porque si no es para tanto, ¿por qué te sientes así? ¿Por qué tienes una bola en el estómago por no haber doblado la ropa? ¿Por qué estás al borde de llorar un domingo a las 10 de la noche porque no has sido productivo?

Y ahí entra la voz: "es que eres un exagerado". "Es que eres débil." "Es que todo el mundo se las apaña y tú no."

Esa voz. Esa maldita voz que llevas oyendo toda tu vida. La misma que te dice que la culpa por no ser normal es tu responsabilidad. Que si te organizaras mejor, si te esforzaras más, si fueras como los demás, no tendrías este problema.

No es verdad.

No eres un exagerado. No eres débil. Tienes un cerebro que no regula emociones como la mayoría. La ansiedad que sientes un domingo por la noche es desproporcionada no porque tú seas defectuoso, sino porque tu sistema nervioso amplifica todo. Lo bueno, lo malo, y lo que queda sin hacer.

¿Se puede hacer algo?

No te voy a vender la solución mágica porque no existe.

Pero hay cosas que ayudan. La primera: escribir la lista. Sacarla de la cabeza y ponerla en un papel. No para hacerla. Solo para verla. Porque cuando la lista está en tu cabeza tiene 30 cosas y todas pesan como camiones. Cuando la lista está en un papel, resulta que son 7, y tres de ellas pueden esperar.

La segunda: no planificar fines de semana como si fueran jornadas laborales. Dos o tres cosas. Máximo. Si haces una, has ganado. Si haces las tres, fiesta. Pero dejar de programarte como si tuvieras 16 horas productivas un sábado, porque no las tienes. Nadie las tiene, pero tú menos.

Y la tercera: dejar de castigarte el domingo por la noche por lo que no hiciste el sábado. Suena fácil. No lo es. Pero cada vez que tu cerebro empiece con el repaso de todo lo pendiente, recuérdate una cosa: la semana no se ha ido a la basura porque no hayas doblado la ropa. Mañana es otro día. Y mañana, con estructura, con horarios, con presión externa, probablemente funciones mejor que hoy.

Porque así funciona tu cerebro. No en modo libre. En modo estructura.

Y eso no te hace peor. Te hace diferente.

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Si los domingos por la noche son tu peor momento de la semana y siempre pensaste que era solo pereza, quizá hay algo más. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos para ponerle nombre a lo que sientes cada domingo a las 8 de la tarde.

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