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Octubre con TDAH: se acaba y no hiciste nada de lo que dijiste en septiembre

Prometiste que otoño sería tu época. Gym, rutinas, proyectos. Es 31 de octubre y no has hecho ni la mitad. No es voluntad. Es TDAH.

tdah

En septiembre dijiste que otoño iba a ser tu época.

Lo dijiste con convicción. Con esa energía que solo aparece cuando el cerebro se emociona con un plan nuevo. Gym tres veces por semana. Levantarte a las 7. Leer antes de dormir. Empezar ese proyecto que llevas arrastrando desde marzo. Organizar tu vida de una vez por todas.

Hoy es 31 de octubre. Y el gym lo dejaste la segunda semana. El proyecto sigue en una nota del móvil. Y la rutina de las 7 de la mañana duró exactamente cuatro días, tres de los cuales llegaste tarde igualmente.

No es que seas un desastre. Es que tu cerebro funciona con un sistema que nadie te explicó.

¿Por qué nunca cumplo los propósitos de septiembre con TDAH?

Porque septiembre es una trampa perfecta para el cerebro con TDAH.

Piénsalo. Vuelves de vacaciones. Hay energía nueva. El aire cambia. Los árboles cambian. Todo huele a empezar. Y tu cerebro, que vive enganchado a la novedad, se activa como si le hubieran enchufado directamente a la red eléctrica.

Y planificas. Vaya que si planificas. Rutinas nuevas, propósitos, listas perfectas. Tu cerebro está tan emocionado con el plan que confunde planificar con ejecutar. Siente la misma satisfacción. La misma dopamina. Escribir "gym L-M-V" en una app bonita ya te da el subidón que supuestamente debería darte ir al gym.

Y entonces llega la segunda semana de septiembre.

La novedad se evapora. La rutina se convierte en eso, en rutina. Y tu cerebro, que se había encendido como un árbol de Navidad, se apaga igual de rápido.

No es falta de voluntad. Es neurología pura. Tu cerebro se enciende con lo nuevo y se apaga con lo repetido. No elige hacerlo. Lo hace y punto.

El efecto bola de nieve de octubre

Septiembre fue el entusiasmo. Octubre es el juicio.

Porque octubre es cuando miras atrás y ves el cementerio de propósitos. El gym que dejaste. El libro que no abriste. El proyecto que sigue exactamente igual. Y entonces empieza la parte realmente dañina: la narrativa.

"Es que no tengo disciplina." "Es que soy un vago." "Es que siempre hago lo mismo."

Y esa narrativa te la crees. Porque llevas años repitiéndola. Porque cada septiembre es igual. Prometes, empiezas, y no terminas. Y como nadie te ha dicho que tu cerebro funciona diferente, asumes que el problema eres tú.

Spoiler: no lo eres.

El problema es que estás jugando a un juego diseñado para cerebros neurotípicos con un cerebro que tiene sus propias reglas. Es como intentar jugar al ajedrez con las reglas de las damas. Puedes esforzarte todo lo que quieras. Vas a perder igualmente.

Septiembre planifica, octubre ejecuta (y ahí está el lío)

El cerebro con TDAH es un genio planificando. En serio. Dame una tarde de domingo con un café y te diseño un sistema de productividad que haría llorar a un ingeniero de la NASA.

El problema es que planificar y ejecutar usan sistemas cerebrales distintos. Planificar es creativo, es estimulante, es nuevo cada vez. Ejecutar es repetitivo, es aburrido, es lo de siempre. Y tu cerebro no funciona con disciplina. Funciona con dopamina. Si la tarea no genera dopamina, tu cerebro no se engancha. Da igual cuánto te grites internamente.

Septiembre es pura dopamina de vuelta a la rutina

No es que no quieras cumplir. Es que tu cerebro necesita algo más que querer para funcionar.

Y encima, el otoño no ayuda

Menos horas de luz. Más frío. Más ganas de quedarte en el sofá. El otoño es precioso para pasear con bufanda y hacer fotos de hojas. Pero para un cerebro con TDAH que ya estaba perdiendo fuelle, el cambio de estación es como echarle agua a una hoguera que ya se estaba apagando.

La luz afecta a la serotonina. La serotonina afecta al ánimo. El ánimo afecta a la motivación. Y la motivación es literalmente el combustible de un cerebro que no se mueve sin ella.

No es excusa. Es contexto. Y el contexto importa más que la fuerza de voluntad.

Entonces, ¿qué hago con los dos meses que quedan?

Deja de juzgarte por los propósitos de septiembre. Están muertos. Descansa en paz, rutina del gym de las 7 de la mañana. Fue bonito mientras duró.

Ahora, en serio. Si quieres rescatar algo de lo que queda de año, necesitas hacer lo contrario de lo que hiciste en septiembre:

Menos plan, más acción mínima. No "voy al gym tres veces por semana". Mejor "hoy me pongo las zapatillas y salgo a andar 10 minutos". Tu cerebro necesita victorias pequeñas, no planes épicos.

Quita el juicio. No has fallado. Has descubierto que ese sistema no funciona para tu cerebro. Es información, no fracaso.

Busca la dopamina dentro de la tarea. Música mientras trabajas. Un café nuevo en una cafetería distinta. Un compañero de gym. Lo que sea que le dé a tu cerebro una razón para engancharse que no sea "porque debería".

Perdónate primero. No puedes construir nada encima de la culpa. La culpa es arenas movedizas. Cuanto más te mueves, más te hundes. Suelta. Empieza desde donde estás, no desde donde crees que deberías estar.

Esto se repite cada año (y tiene solución)

El ciclo septiembre-octubre no es un defecto de carácter. Es un patrón del cerebro TDAH que se repite porque nadie te enseñó a gestionarlo. Y lo primero para romperlo no es más disciplina. Es entender cómo funciona tu cabeza.

Cuando sabes que tu cerebro se enciende con la novedad y se apaga con la rutina, dejas de culparte. Y cuando dejas de culparte, puedes empezar a diseñar un sistema que funcione para ti. No uno copiado de alguien cuyo cerebro funciona distinto al tuyo.

Octubre no tiene que ser el mes de la derrota. Puede ser el mes en que por fin entiendas por qué septiembre siempre te falla.

Y eso ya vale más que cualquier rutina de gym.

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