Septiembre con TDAH: la vuelta a la rutina que tu cerebro no pidió
Se acabó el verano. Tu cerebro llevaba dos meses sin estructura y ahora toca arrancar de cero. Septiembre con TDAH es otro nivel.
Se acabó el verano. Toca volver. Y tu cerebro, que llevaba dos meses sin estructura, ahora tiene que arrancar de cero.
No arrancar como quien enciende un coche después de un fin de semana largo. Arrancar como quien encuentra su coche en el garaje con las ruedas pinchadas, la batería muerta y un gato viviendo en el capó.
Septiembre es así para todo el mundo, sí. Pero para un cerebro con TDAH, septiembre es como reiniciar un ordenador que ya de por sí tardaba veinte minutos en arrancar. Solo que ahora además le has desinstalado medio sistema operativo durante julio y agosto.
¿Por qué septiembre es el mes más duro para un cerebro con TDAH?
Porque tu cerebro funciona con estructura externa. Rutinas, horarios, compromisos. No porque le gusten, sino porque sin ellas se desintegra. Y en verano, toda esa estructura desaparece.
El problema no es el verano. El problema es septiembre.
Porque septiembre te pide que reconstruyas todo eso de golpe. Horarios, rutinas, compromisos, alarmas, listas, planificación. Todo. A la vez. El primer lunes de septiembre.
Y tu cerebro, que lleva ocho semanas funcionando en modo supervivencia sin calendario, se queda mirando la lista de cosas que tiene que hacer y dice: "No".
No es pereza. No es falta de ganas. Es que un cerebro con TDAH no tiene un interruptor de "modo productivo". Tiene un motor diésel que necesita calentarse durante días antes de funcionar bien. Y le estás pidiendo que haga un sprint en frío.
¿Qué pasa realmente dentro de tu cabeza en septiembre?
Pasan tres cosas a la vez, y ninguna es agradable.
Primero: el duelo del verano. Tu cerebro estaba en modo libre. Sin presión, sin estructura, sin reglas. Y ahora le están quitando eso. Para un cerebro neurotípico es incómodo. Para un cerebro con TDAH es como arrancarle el juguete a un niño de tres años. Hay resistencia emocional real.
Segundo: la sobrecarga de decisiones. En verano tomabas tres decisiones al día: qué comer, a qué hora ir a la playa, y si ese kebab a las 2 de la mañana era buena idea (nunca lo era, pero siempre merecía la pena). Ahora tienes que decidir qué ropa ponerte, qué desayunar, a qué hora salir, qué hacer primero en el trabajo, qué comprar para la semana, cuándo ir al gimnasio, cuándo contestar esos 47 correos que llevan ahí desde julio.
Tu cerebro colapsa. No por cada decisión individual, sino por la acumulación. Es como intentar beber de una manguera de bomberos.
Tercero: la culpa. Porque tú sabías que septiembre iba a llegar. Te lo dijiste en agosto. "En septiembre me pongo las pilas." "En septiembre empiezo fuerte." "En septiembre va a ser diferente." Y ahora es septiembre, son las once de la mañana, y lo único que has hecho es mirar el móvil durante cuarenta minutos y sentirte mal por ello.
¿Cómo sobrevive un cerebro con TDAH a septiembre?
No con fuerza de voluntad. Eso ya lo has intentado cada septiembre desde que tienes uso de razón, y aquí estamos.
La clave es no intentar reconstruir toda tu vida el día 1.
Tu cerebro no puede pasar de cero a cien. Pero sí puede pasar de cero a cinco. Y de cinco a diez. Y así.
Una rutina. Una sola. Las mañanas con TDAH ya son una carrera de obstáculos sin necesidad de añadirle más vallas. Así que no intentes montar la mañana perfecta con meditación, journaling, ejercicio, desayuno equilibrado y planificación semanal. Elige una cosa. Solo una. Y hazla durante una semana.
La siguiente semana, añades otra. No antes.
Porque el secreto no es tener la rutina perfecta el 1 de septiembre. El secreto es tener alguna rutina el 30 de septiembre. Mantener un hábito más de dos semanas con TDAH ya es un logro que la mayoría no entiende. Si lo consigues, ya vas por delante del 90% de los septiembres anteriores.
¿Y si ya estamos a mediados de septiembre y sigo igual?
Pues nada. No pasa nada.
Septiembre no es un examen. No hay nota. No hay tribunal. No hay una fecha límite en la que tengas que tener tu vida montada. Eso es la culpa hablando, no la realidad.
Tu cerebro necesita más tiempo que otros para arrancar. No es un defecto. Es un dato. Y cuanto antes dejes de comparar tu septiembre con el septiembre de alguien que no tiene que pelearse con su propio cerebro cada mañana, antes empezarás a funcionar.
No porque la motivación llegue de golpe. Sino porque dejas de gastar energía en machacarte y empiezas a usarla en cosas que sirven.
El mes más duro del año no se gana con un sprint. Se gana sin rendirte la segunda semana.
Y si llegas a octubre con una sola rutina funcionando, has ganado septiembre. Aunque tu cerebro te diga lo contrario.
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