Mi mejor sistema de productividad cabe en un post-it

Tenía un Notion con 47 vistas. Lo dejé de usar a los 5 días. Mi verdadero sistema de productividad son tres post-its en el monitor.

Hace un tiempo me monté un Notion con 47 vistas, 12 bases de datos y 8 automatizaciones. Si lo hubieras visto, habrías llorado.

De lo bonito, no de lo útil. Colores, iconos, filtros cruzados, paneles para todo. Cada tarea tenía su estado, su prioridad, su fecha límite, su etiqueta de contexto y un campo personalizado que ni yo sabía para qué lo había puesto. Era la catedral de la productividad digital. Y como toda catedral, daba gusto mirarla pero nadie vivía dentro.

Día 1: "esta sí es la definitiva." Lo dije en voz alta. Se lo dije a mi gato. Faraday me miró con esa cara que pone cuando sabe que me estoy mintiendo pero le da igual porque tiene hambre.

Día 3: "a ver, qué tenía que hacer para mover esta tarea de una vista a otra?" Quince minutos buscando dónde se había metido una tarea que yo mismo había creado. En mi propio sistema.

El sistema que yo había diseñado. Para organizarme. La ironía no me pasó desapercibida. A Faraday tampoco.

Día 5: segunda pantalla del móvil. Funeral exprés. Sin flores, sin discurso, sin nadie que la eche de menos. Notion pasó a compartir cementerio con Todoist, TickTick, Things 3, Asana, Trello, ClickUp, Google Tasks y Apple Reminders. Todas descansando en paz en esa segunda pantalla que solo abres cuando buscas la app de la linterna.

Y es que hay algo muy traicionero en montar un sistema bonito. Te hace sentir productivo sin serlo. Eliges colores para las etiquetas y sientes que has avanzado. Configuras una automatización y te sientes un genio de la eficiencia. Alineas los iconos y piensas "ahora sí, ahora todo va a cambiar."

Pero no has hecho nada. No has movido ni una tarea real. Has decorado el escenario de una obra que nunca se va a estrenar.

Es como comprarte unas zapatillas de running caras. Las miras mucho.

Las limpias con un trapo especial. Las pones en la estantería con la caja al lado por si hay que guardarlas bien.

Y no corres nunca. Pero te sientes runner. Porque tienes las zapatillas. Y las zapatillas son bonitas. Y eso debería contar, ¿no?

No. No cuenta.

Configurar no es producir. Elegir colores para etiquetas no es trabajar. Pero vaya si te hace sentir que sí. Es dopamina de mentira. Tu cerebro te dice "chaval, lo estás petando" y en realidad llevas dos horas decidiendo si la etiqueta de urgente es roja o naranja.

Y mira, yo sé de lo que hablo. Tengo un curso entero de Notion. He construido sistemas complejos para empresas. He hecho cosas con bases de datos relacionales que darían para un documental. Pero el sistema que uso yo, el mío, el de verdad, el que no he abandonado, cabe en un post-it.

Tres cosas. Haz la primera.

Eso es todo. Si mañana no recuerdas cómo funciona tu sistema de productividad, es demasiado complicado. Y con TDAH, "demasiado complicado" es básicamente cualquier cosa que tenga más de un paso para empezar.

No porque sea difícil. Porque tu cerebro necesita cero fricción entre "decido hacerlo" y "lo estoy haciendo." Si hay un paso intermedio, si hay que abrir una app, buscar una vista, filtrar un panel, ya te has perdido.

Ya estás en YouTube. Ya estás leyendo sobre fósiles marinos. Ya has pedido un kebab.

Lo que funciona no es bonito. Es simple.

Y eso es lo más difícil de aceptar. Porque lo simple no impresiona a nadie. No queda bien en una captura de pantalla.

No genera likes. Pero funciona. Y al final, eso es lo único que importa.

---

Esto me lo enseñó mi psicóloga y me cambió el día a día. Te lo regalo.

Esto no es un diagnóstico. Si algo de lo que has leído te suena familiar, habla con un profesional.

El truco de la psicóloga

Relacionado

Sigue leyendo