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No puedo parar de pensar: el cerebro en modo rumiación 24/7

No es que pienses mucho. Es que tu cerebro con TDAH no tiene botón de apagado. La diferencia entre pensar y rumiar es que rumiar te destruye.

tdah

No es que pienses mucho.

Es que no puedes parar. Tu cerebro no tiene botón de apagado. Funciona en modo rumiación las 24 horas, los 7 días. Y la diferencia entre pensar y rumiar es que rumiar te destruye.

Yo me di cuenta de esto una noche a las 3 de la mañana. Estaba en la cama, con los ojos cerrados, haciendo como que dormía. Pero mi cabeza estaba repasando una conversación que tuve con un cliente. Una conversación normal. Sin drama. Sin conflicto. Pero mi cerebro había decidido que necesitaba analizarla 47 veces desde todos los ángulos posibles.

"¿Y si lo que dije sonó borde?" "¿Y si entendió otra cosa?" "¿Y si me contesta mañana enfadado?"

Spoiler: no pasó nada. El cliente ni se acordaba de la conversación. Pero yo llevaba cuatro horas dándole vueltas como si fuera un caso de la serie CSI.

¿Por qué el cerebro con TDAH no puede dejar de pensar?

Porque tu cerebro funciona con dopamina, no con lógica. Y la rumiación, aunque sea destructiva, es estimulante.

Suena absurdo, pero tiene todo el sentido. Tu cerebro con TDAH no regula bien qué pensamientos entran y cuáles se quedan. Un cerebro neurotípico tiene una especie de portero en la puerta. Ve un pensamiento, lo evalúa, y dice "tú no pasas, no eres importante". El tuyo tiene la puerta abierta de par en par. Con música alta. Y barra libre.

El resultado es que cualquier pensamiento que genera una mínima carga emocional se queda a vivir. Y no solo se queda. Invita a sus amigos.

Piensas en algo que dijiste hace tres días. Eso te lleva a recordar otra vez que la cagaste en 2019. Que te conecta con la vez que tu jefe te dijo que eras despistado. Que te recuerda al profesor del instituto que te llamó vago. Y de repente estás en la cama, a las 3 de la mañana, reviviendo un catálogo completo de fracasos que ni siquiera son relevantes.

Tu cerebro no está pensando. Está rebobinando cintas viejas y poniéndolas en bucle.

¿Qué diferencia hay entre pensar mucho y rumiar?

Pensar mucho es útil. Es darle vueltas a algo hasta encontrar una solución. Tienes un problema, lo analizas desde varios ángulos, llegas a una conclusión, pasas página.

Rumiar es un hámster en una rueda. Das vueltas y vueltas y vueltas, pero no vas a ningún sitio. No buscas una solución. No llegas a ninguna conclusión. Solo repites el mismo pensamiento con ligeras variaciones, como un DJ que pone la misma canción en remix durante seis horas seguidas.

La clave está en el final.

Si después de darle vueltas a algo llegas a un "vale, ya sé qué hacer", eso era pensar.

Si después de darle vueltas a algo solo llegas a "soy un desastre", eso era rumiar.

Y el cerebro con TDAH tiene una tendencia brutal a lo segundo. Porque no sabe parar. No tiene freno. El pensamiento entra, se instala, y como no hay nadie que le diga "ya está, suficiente", se queda girando hasta que te agota.

¿Por qué pasa más de noche?

Porque de día tienes estímulos externos que compiten por tu atención. El trabajo, el móvil, la gente, el ruido. Tu cerebro va saltando de cosa en cosa y no le da tiempo a engancharse con un solo pensamiento.

Pero de noche se apagan los estímulos. Te metes en la cama, apagas la luz, y de repente tu cerebro se queda a solas consigo mismo. Sin distracciones. Sin nada que lo interrumpa.

Y ahí empieza la fiesta.

Es como ese cerebro que no se apaga de noche. La oscuridad y el silencio no son relajantes para un cerebro con TDAH. Son una invitación a rumiar. Tu cabeza, que lleva todo el día buscando estímulos fuera, de repente solo tiene un sitio donde buscar: dentro. Y dentro hay un archivo enorme de conversaciones pendientes, errores pasados, miedos futuros y cosas que dijiste en 2014 que no tenían gracia.

No es insomnio normal. Es que tu rutina de noche se convierte en un infierno porque tu cerebro decide que las 2 de la mañana es buen momento para hacer inventario emocional de toda tu vida.

¿Se puede parar la rumiación?

No la puedes apagar con un botón. Pero puedes aprender a pillarla antes de que se dispare.

El primer paso es darte cuenta de que estás rumiando. Que suena obvio, pero no lo es. Cuando llevas una hora dándole vueltas a algo, no piensas "estoy rumiando". Piensas "estoy pensando en algo importante". Tu cerebro te vende la rumiación como algo productivo. Como si necesitaras repasar esa conversación por decimoquinta vez para extraer alguna conclusión que se te ha escapado las catorce anteriores.

No. No se te ha escapado nada. Tu cerebro te está engañando.

Lo segundo es romper el bucle. Y para eso necesitas un estímulo externo. Algo que obligue a tu cerebro a cambiar de canal. Un podcast. Un paseo. Escribir lo que estás pensando en un papel. No para analizarlo después, sino para sacarlo de tu cabeza y ponerlo en algún sitio donde no pueda seguir girando.

Lo tercero, y esto es lo más difícil, es no juzgarte por rumiar. Porque la rumiación ya te machaca bastante como para que tú encima te machaques por rumiar. "Soy idiota por seguir pensando en esto" no es una solución. Es otra capa de rumiación.

Tu cerebro funciona así. No es un defecto de carácter. Es un cerebro que no regula bien el tráfico de pensamientos. Y en vez de pelearte con él, la estrategia es aprender a redirigirlo.

Esto no es ser "demasiado sensible"

Cuando le cuentas a alguien que no puedes parar de pensar, la respuesta suele ser alguna variante de "no le des tantas vueltas".

Gracias, Carmen. No se me había ocurrido. Déjame que apriete el botón de "dejar de darle vueltas" que tengo aquí en la nuca.

La rumiación no es una elección. No es ser dramático ni demasiado sensible ni complicarse la vida por gusto. Es un cerebro que no tiene regulador de volumen para los pensamientos. Todo suena al máximo. Todo el rato. Y no es que no quieras bajarlo. Es que el mando no funciona.

Entender esto es lo primero. Que no estás loco. Que no eres raro. Que hay una explicación para ese ruido constante dentro de tu cabeza. Y que se puede gestionar. No eliminar. Gestionar. Que ya es bastante.

Tu cerebro no está roto. Pero necesita entender cómo funciona para dejar de pelearse consigo mismo.

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