La sensación de estar perdiendo el tiempo siempre con TDAH
Son las 11 de la noche y no has hecho nada. Con TDAH, la sensación de perder el tiempo es constante. Y no se arregla con más disciplina.
Son las 11 de la noche. No has hecho nada de lo que querías. Otra vez. Y la sensación de que la vida se te está escapando entre los dedos no se va con dormir.
Porque mañana te levantas, y vuelve. Esa presión sorda en el pecho que dice "otro día desperdiciado". Da igual que hayas ido a trabajar, que hayas contestado emails, que hayas hecho la compra. Nada de eso cuenta. Porque lo que tenías que hacer de verdad, lo importante, lo tuyo, sigue exactamente donde lo dejaste.
Intacto. Virgen. Sin tocar.
Y lo peor no es no haberlo hecho. Lo peor es que ni siquiera sabes en qué se te ha ido el día.
¿Por qué siempre sientes que estás perdiendo el tiempo con TDAH?
Porque tu cerebro no mide el tiempo como el resto.
En serio. No es una frase bonita. Es neurología. El TDAH afecta a la percepción temporal. Tu cerebro no tiene un reloj interno fiable. Para ti existen dos tiempos: ahora y no ahora. Y todo lo que cae en "no ahora" se siente exactamente igual de lejos, ya sean 10 minutos o 10 años.
Eso significa que puedes pasarte tres horas viendo vídeos de gente restaurando muebles viejos y sentir que han sido 20 minutos. Y después, cuando miras el reloj, te invade esa ola de culpa que ya conoces. El "otra vez". El "por qué soy así". El "llevo toda la vida igual".
Es como vivir en una casa sin relojes ni ventanas. No sabes si es de día o de noche hasta que alguien te lo dice. Y cuando te lo dicen, ya es tarde.
¿Es pereza o es algo más?
Aquí es donde la cosa se pone fea. Porque desde fuera parece pereza. Y desde dentro lo sientes como pereza. Pero no lo es.
La pereza es no querer hacer algo. Tú sí quieres. Te mueres por hacerlo. Te acuestas pensando "mañana sí". Te levantas con energía. Abres el portátil. Y de repente son las 7 de la tarde y estás leyendo sobre la historia de los semáforos en Japón.
No has elegido no hacer nada. Tu cerebro ha elegido por ti.
Con TDAH, el problema no es la falta de ganas, es que tu cerebro no arranca sin urgencia
Y ese momento no llega nunca.
La trampa del domingo por la noche
Hay un momento muy específico en el que esta sensación pega más fuerte: el domingo por la noche.
Has tenido dos días enteros. 48 horas. Sin jefe, sin compromisos, sin nadie diciéndote qué hacer. Y no has hecho nada. O peor: has hecho cosas, pero ninguna era la que querías hacer.
El fin de semana con TDAH es una trampa perfecta
Y entonces llega el lunes. Y arrastras la culpa del fin de semana encima de la culpa de la semana anterior encima de la culpa del mes pasado. Y todo eso pesa. Pesa más que las tareas que no has hecho.
¿Por qué la lista de tareas no ayuda?
Porque la lista es el problema, no la solución.
Suena raro, lo sé. Pero piénsalo. Tienes una lista con 47 cosas. 47 tareas pendientes y no puedes empezar ninguna. Tu cerebro mira esa lista y hace lo mismo que tú harías si te pusieran un plato con 47 tipos de queso diferentes: se bloquea. No sabe por dónde empezar. Así que no empieza.
Y tú interpretas eso como "soy un desastre". Cuando en realidad es tu cerebro diciendo "demasiadas opciones, necesito que alguien elija por mí".
El cerebro con TDAH no necesita más listas. Necesita menos opciones y más estructura externa. Una sola tarea, un solo bloque de tiempo, una sola decisión. Lo demás es ruido.
La culpa que se acumula como las notificaciones
Cada día que pasa sin hacer lo que querías, se suma una capa más de culpa. Y esa culpa no desaparece. Se queda ahí, como las notificaciones que ignoras en el móvil. Sabes que están. Sabes que deberías atenderlas. Pero cada vez que las miras, el número ha crecido. Y el simple hecho de verlas ya te genera ansiedad.
Y la ansiedad te paraliza más. Y la parálisis genera más culpa. Y más culpa genera más ansiedad.
Es un ciclo. Y no se rompe con fuerza de voluntad. No se rompe con "este lunes empiezo". No se rompe prometiéndote que vas a ser mejor.
Se rompe entendiendo por qué pasa.
Tu cerebro no está roto. Funciona diferente. No gestiona el tiempo como la mayoría. No prioriza como la mayoría. No se activa como la mayoría. Y cuando dejas de exigirle que funcione como un cerebro que no es, empiezas a encontrar formas de trabajar con él en lugar de contra él.
No es que pierdas el tiempo. Es que nadie te enseñó a gestionarlo con tu cerebro
La productividad convencional está diseñada para cerebros que pueden decidir "ahora hago esto" y hacerlo. Punto. Sin más. Eligen, ejecutan, pasan a lo siguiente.
Tu cerebro no hace eso. El tuyo necesita novedad, necesita urgencia, necesita interés. Y si la tarea no tiene ninguna de esas tres cosas, da igual cuánto la pongas en negrita en tu agenda. No va a pasar.
No estás perdiendo el tiempo. Estás intentando funcionar con un manual que no es el tuyo. Y cada vez que fallas siguiendo ese manual, te culpas a ti en lugar de cuestionar el manual.
Llevas años haciendo eso. Ya está bien.
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