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Becas y ayudas para personas con TDAH en España: lo que nadie te cuenta

Hay becas, ayudas y recursos para personas con TDAH en España. Pero nadie los publicita. Aquí va todo lo que he encontrado.

tdah

Hay becas, ayudas y recursos para personas con TDAH en España.

Pero nadie los publicita. Ni tu médico de cabecera. Ni la persona que te diagnosticó. Ni el orientador del instituto. Ni la web de tu comunidad autónoma, que parece diseñada en 2003 y tiene los enlaces rotos.

Yo me enteré de la mayoría buscando a las tantas de la noche, con 40 pestañas abiertas y la sensación de estar haciendo un máster en burocracia española que no pedí.

Así que aquí va lo que he encontrado. Sin adornos. Sin lenguaje administrativo. Sin formularios de 17 páginas. Bueno, los formularios siguen existiendo, pero al menos vas a saber que existen antes de que se pase el plazo.

¿Qué ayudas existen para personas con TDAH en España?

Más de las que crees. Menos de las que debería haber.

Vamos por partes.

Becas del Ministerio de Educación para necesidades educativas especiales. Esta es la grande. El Ministerio convoca cada año becas para alumnos con necesidades específicas de apoyo educativo (NEAE). Y el TDAH está incluido. No es una beca genérica para estudiar. Es una beca que cubre reeducación pedagógica, reeducación del lenguaje, y en algunos casos material didáctico.

¿Quién puede pedirla? Alumnos desde primaria hasta universidad, incluyendo FP. El requisito clave: tener un informe que acredite el TDAH. Normalmente del equipo de orientación del centro o de un profesional externo reconocido.

¿Cuánto dan? Depende del caso, pero puede cubrir hasta 900 euros para reeducación pedagógica y hasta 900 más para reeducación del lenguaje. No es un sueldo, pero es dinero real que muchas familias no saben que pueden pedir.

El plazo suele abrirse en primavera-verano. Y aquí viene el problema: si no lo sabes, no lo pides. Y si no lo pides, no existe. Así de simple.

Prestación por hijo a cargo con discapacidad. Si tienes reconocido un grado de discapacidad, que en el caso del TDAH es posible aunque mucha gente no lo sepa, puedes acceder a esta prestación. La cuantía depende del grado. Y sí, el TDAH puede generar un grado de discapacidad reconocido si afecta significativamente a tu vida diaria.

Deducciones fiscales. Esto da para un post entero, y de hecho lo escribí: deducciones en el IRPF por TDAH en España. Pero el resumen rápido: los gastos en profesionales (psicólogos, psiquiatras, logopedas) pueden desgravarse en la declaración de la renta si tienes el certificado de discapacidad. Algunas comunidades autónomas tienen deducciones propias adicionales.

¿Y si ya no estudio?

Buena pregunta. Porque la mayoría de la información sobre ayudas TDAH se centra en niños y adolescentes. Como si a los 18 el TDAH se evaporara y te convirtiera en un adulto funcional por arte de magia.

Spoiler: no funciona así.

Para adultos con TDAH, las opciones son más limitadas pero existen:

Certificado de discapacidad. Si te lo reconocen con un grado igual o superior al 33%, accedes a un abanico de ventajas: reserva de plazas en empleo público, bonificaciones en la Seguridad Social si eres autónomo, reducciones en transporte, exenciones fiscales. El trámite no es rápido ni agradable, pero el resultado puede cambiarte la economía del año.

Ayudas autonómicas. Cada comunidad tiene las suyas. Madrid, Cataluña, Andalucía, País Vasco. Todas tienen programas diferentes, con nombres diferentes, plazos diferentes y webs que parecen laberintos diferentes. No hay un listado nacional unificado. Es una búsqueda del tesoro burocrática.

Mi consejo: busca "[tu comunidad autónoma] + ayudas discapacidad" y empieza a tirar del hilo. Las asociaciones de TDAH locales suelen tener la información más actualizada, bastante más que las webs oficiales.

SEPE y bonificaciones al empleo. Si tienes el certificado de discapacidad y estás buscando trabajo, las empresas que te contraten pueden beneficiarse de bonificaciones. Esto, en la práctica, te hace más "atractivo" en ciertos procesos de selección. No es la razón más romántica para que te contraten, pero funciona.

¿Por qué nadie te cuenta esto?

Porque el sistema no está diseñado para que te enteres.

No hay un email que te llegue diciendo "oye, tienes TDAH, aquí tienes las ayudas a las que puedes optar". No hay una ventanilla única. No hay un manual de bienvenida al club del TDAH con un capítulo titulado "cómo no dejarte dinero en la mesa".

Lo que hay es un montón de información dispersa en BOEs, webs autonómicas, foros de asociaciones y grupos de WhatsApp de madres que se pasan PDFs entre ellas. Es como un juego de pistas donde el premio es dinero que ya era tuyo pero nadie te había dicho que existía.

Y luego está el estigma. Mucha gente no pide ayuda porque pedir ayuda implica reconocer públicamente que tienes TDAH. Implica ir a un sitio, rellenar papeles, que alguien evalúe "cuánto te afecta". Y eso, para alguien que lleva toda la vida escuchando "es que no te esfuerzas lo suficiente", es un trago gordo.

Pero los tragos gordos a veces son necesarios. Y los 1.800 euros de una beca NEAE, o las deducciones en la renta, o la bonificación por discapacidad, no son calderilla.

¿Por dónde empiezo?

Primer paso: conseguir un diagnóstico oficial si no lo tienes. Sin papel, no hay ayuda. Así funciona la burocracia. No es justo, pero es lo que hay.

Segundo paso: valorar si tiene sentido solicitar el certificado de discapacidad. No todo el mundo lo necesita ni lo quiere. Pero para muchos adultos con TDAH, ese certificado abre puertas que ni sabían que existían.

Tercer paso: buscar qué ayudas concretas aplican a tu caso. Edad, situación laboral, comunidad autónoma, si estudias o trabajas. Todo influye. Las asociaciones de TDAH de tu zona son el mejor recurso para esto. Mejor que Google, mejor que ChatGPT, mejor que tu cuñado.

Y cuarto paso: pedir la ayuda. Que es el paso donde más gente con TDAH se atasca. Porque pedir una ayuda implica rellenar formularios, juntar documentos, respetar plazos, hacer seguimiento. Básicamente, todo lo que el TDAH hace difícil.

Si puedes, pide ayuda para pedir ayuda. Sin ironía. Un familiar, un amigo, un gestor. Alguien que te acompañe en el proceso. Porque el proceso existe para ayudarte, pero parece diseñado por alguien que nunca ha tenido problemas de atención en su vida.

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