El bolso de emergencia con TDAH: lo que llevas 'por si acaso'
Tu bolso pesa 4 kilos y tiene tres cargadores. No es rareza: es tu cerebro con TDAH construyendo un sistema de seguridad portátil contra el caos.
Mi mochila pesa más que la de mi novia cuando se va una semana de vacaciones.
Y yo solo voy a tomar un café.
Hace unos meses la pesé y salió 4,2 kilos. Cuatro kilos y dos cien gramos para ir al bar de la esquina. Abrí la cremallera para hacer inventario y me encontré con: el cargador del móvil, un cable USB-C de repuesto por si el otro no funciona, unos auriculares con cable porque los inalámbricos se quedan sin batería, los auriculares inalámbricos porque los de cable son una molestia, la medicación, un snack de nueces, otro snack de barritas de cereales por si las nueces no me apetecen, una libreta que no abro desde octubre, dos bolígrafos (uno por si se queda sin tinta), una copia de las llaves de casa, una tirita, y un adaptador de enchufe europeo que llevo desde un viaje a Londres hace año y medio.
¿A qué viajé? Al bar de la esquina. Que está a 200 metros.
¿Por qué tu cerebro convierte el bolso en un búnker portátil?
No es manía. No es que seas raro.
Es que tu cerebro con TDAH tiene una relación muy particular con la incertidumbre. Un cerebro neurotípico puede adaptarse sobre la marcha sin demasiado coste. Se le olvida el cargador, lo pide prestado, o aguanta hasta casa. Para él es una incomodidad pequeña.
Para un cerebro con TDAH, quedarte sin cargador puede arruinarte el día entero. Porque si el móvil se muere, pierdes el calendario, los recordatorios, las alarmas. Y sin esas muletas externas, la memoria de trabajo no puede sujetar todo lo que está en el aire. Se cae todo.
Así que tu cerebro hace lo único que sabe hacer cuando anticipa caos: se prepara para todos los escenarios posibles. Uno por uno. Con un ítem físico para cada uno.
¿Y si se queda sin cargador? Llevo cargador. ¿Y si el cargador no tiene cable compatible? Llevo dos cables. ¿Y si los auriculares inalámbricos se quedan sin batería? Llevo los de cable. ¿Y si se muere el bolígrafo? Llevo dos. ¿Y si hay un corte y necesito una tirita? Llevo tirita.
Tu bolso no es un bolso. Es un plan de contingencia con correa.
El "por si acaso" como sistema de seguridad
Hay algo casi brillante en esto, si lo miras de lejos.
El problema con perder cosas que necesitas en el momento justo es que desencadena un espiral. No es solo la molestia de no tener el cargador. Es el tiempo buscando un enchufe, la ansiedad de ver la batería bajar, la interrupción del foco que tenías, el agotamiento mental que genera gestionar lo imprevisto.
Tu cerebro, de forma bastante inteligente, aprendió a atajar ese espiral. La solución fue meter todo en el bolso. Siempre. Por si acaso.
El problema es que esa solución tiene un coste de entrada: cuatro kilos en la espalda y veinte segundos buscando las llaves entre todo lo demás.
Y la libreta que llevas y nunca usas. Esa libreta es un tema aparte.
La libreta que nadie abre
La llevas por si se te ocurre algo importante y necesitas apuntarlo.
Lleva en el bolso desde hace seis meses. No la has abierto ni una vez. Porque cuando se te ocurre algo, lo apuntas en el móvil. O en una nota de voz. O le mandas un audio a alguien. O confías en que te vas a acordar y luego no te acuerdas.
Pero la libreta sigue ahí. Porque tirarla del bolso requiere una decisión. Y esa decisión requiere aceptar que no la vas a usar nunca. Y eso requiere admitir que la metiste por nada. Y eso es un bucle mental que tu cerebro prefiere evitar.
Así que sigue ahí.
Junto a los dos bolígrafos, el adaptador de enchufe europeo y las tiritas que no has necesitado nunca.
El bolso también compensa la memoria
Hay otra capa en esto que va más allá del "por si acaso".
Si en casa tienes sistemas para que las cosas siempre estén donde deben estar, el bolso es la extensión móvil de ese sistema. Es la forma de garantizar que, dondequiera que estés, tienes lo que necesitas sin tener que recordar qué llevas cada vez.
La alternativa, hacer el inventario cada mañana antes de salir, tiene un fallo enorme: depende de tu memoria de trabajo. Y ya sabes cómo va eso. Un día se te olvida el cargador, otro se te quedan las llaves dentro, otro llegas a la reunión sin papel para apuntar nada.
El bolso pesado es, en cierta forma, la solución a no fiarte de tu cerebro por las mañanas. No tienes que pensar qué metes. Todo está ya. Siempre. El bolso completo sale contigo.
Es ineficiente. Es pesado. Pero falla poco.
Cuándo el sistema de seguridad se convierte en lastre
El bolso búnker funciona. El problema es cuando empiezas a acumular cosas que nunca usas porque quitarlas genera ansiedad.
¿Y si necesito el adaptador europeo? ¿Y si hay una emergencia y necesito la tirita? ¿Y si mañana sí uso la libreta?
Acumular objetos "por si acaso"
La línea entre sistema de seguridad y lastre innecesario es difusa. Y la única forma de encontrarla es preguntarte, objeto por objeto: ¿he necesitado esto en el último mes? ¿Lo necesitaría con suficiente urgencia como para que no poder conseguirlo me arruine el día?
Si la respuesta es no, el adaptador europeo puede quedarse en casa.
La libreta también.
Esto no es un defecto de carácter
Lo que llevas en el bolso no dice que seas exagerado o ansioso.
Dice que tu cerebro aprendió, a base de experiencias, que el caos puede aparecer en cualquier momento y que más vale estar preparado. Que quedarse sin cargador, sin llaves de repuesto o sin auriculares no es una incomodidad menor: es una interrupción real que afecta a cómo funciona tu día.
El bolso es tu forma de darle al cerebro una certeza que por dentro no puede darse.
Y eso tiene sentido. Mucho sentido.
Solo que quizá el adaptador europeo puede quedarse en casa hasta que vuelvas a viajar.
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Si el bolso de emergencia, las llaves perdidas y los sistemas de "por si acaso" te suenan demasiado familiares, quizá tiene más que ver con cómo funciona tu cerebro de lo que crees. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos para entender si hay algo detrás de todo esto.
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