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Mi motivacion no es un tablero de suenos es un recuerdo que no se va

Los coaches te dicen que visualices tu futuro ideal. Yo visualizo el peor momento de mi pasado. Y funciona mejor. El motor del miedo del cerebro TDAH.

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Los coaches te dicen que visualices tu futuro ideal. Que recortes fotos de casas bonitas, coches y viajes, y las pegues en un tablero. Yo visualizo la noche en la que casi me rindo. Y funciona mejor.

No tengo un tablero de sueños. Tengo un recuerdo que no se va.

La noche antes de apretar el botón

Son las 3 de la mañana. Estoy en mi cueva, solo. Mañana lanzo un producto nuevo y debería estar durmiendo, pero mi cerebro no funciona así. Nunca ha funcionado así.

Tengo los números abiertos en una pestaña. Las proyecciones en otra. El copy del email de lanzamiento en otra. Y en la pestaña que no está abierta en el navegador, sino dentro de mi cabeza, está el Mercadona.

Siempre está el Mercadona.

No el supermercado como concepto. El Mercadona concreto del barrio de Zaragoza donde en 2013 me paré en la acera, miré a los reponedores a través del cristal y pensé: "Si me muero aquí, qué he hecho con mi vida."

Esa imagen no se borra. No quiero que se borre.

¿Por qué el miedo funciona mejor que la inspiración?

Los tableros de sueños no funcionan para un cerebro TDAH. No es que sean malos. Es que el deseo es demasiado abstracto. Demasiado lejano. Demasiado "para luego".

Y "para luego" es la sentencia de muerte de alguien con TDAH.

Mi cerebro no se enciende con una foto de una casa en Bali. Se enciende cuando recuerda lo que se siente al no poder pagar un café y tener que mentirle al camarero. Se enciende cuando recuerda el teléfono vibrando con llamadas de bancos que no podía contestar. Se enciende cuando recuerda esa noche de 2013 en Zaragoza mirando un supermercado como si fuera mi destino.

El deseo es un susurro. El miedo es un puñetazo en la mesa.

Y mi cerebro solo responde a puñetazos.

No lo digo como si fuera algo bonito. Es lo que hay. La neurociencia lo explica mejor que yo: el cerebro TDAH tiene un sistema de recompensa diferente. Lo que para otros es motivación suficiente (imaginar un futuro mejor), para nosotros es ruido blanco. Pero el peligro. El peligro lo procesamos a la velocidad de la luz.

Es como tener un detector de humo hipersensible y un termostato roto. No sé regular la temperatura de la motivación, pero huelo el fuego desde tres plantas más abajo.

El alcohólico sobrio

Hay una analogía que me ayudó a entenderlo.

Piensa en un alcohólico que lleva 20 años sobrio. No bebe. No ha tocado una copa en dos décadas. Pero el miedo a recaer sigue ahí. Cada día. No desaparece. No se diluye con el tiempo.

Y ese miedo es exactamente lo que le mantiene sobrio.

No es un motor peor. Es un motor diferente.

Mi motor del miedo funciona igual. No desapareció cuando dejé de estar arruinado. No desapareció cuando facturé mis primeros 100.000 euros. No desapareció cuando me mudé a Polonia, cuando construí una lista de 6.000 personas, cuando emprender con TDAH dejó de ser un deporte de riesgo y empezó a ser mi vida.

El motor sigue ahí. Lo que cambió es la forma.

Antes el miedo decía: "No puedes ni mantenerte a ti mismo."

Ahora dice: "No puedes dejar que los que dependen de ti pasen por esto."

La fuente es la misma. La responsabilidad es otra.

Esa noche a las 3AM

Vuelvo a mi cueva. A esa noche antes del lanzamiento.

Son las 3 y pico. He repasado los números tres veces. El email está listo. La página de ventas, revisada. Todo funciona. Todo está en su sitio.

Pero mi cerebro no para.

Me levanto. Voy a la cocina. Me sirvo un vaso de agua. Miro por la ventana. Y ahí está. El Mercadona mental. No el de Zaragoza. El que mi cerebro ha construido como screensaver del fracaso. Se enciende solo cuando llevo demasiado rato quieto.

No visualizo la playa. No visualizo el coche. Visualizo el peor momento de mi vida y le digo: "No. Otra vez no."

Y vuelvo a sentarme. Y repaso los números por cuarta vez.

El barco y las anclas

Aquí va la parte que me costó años entender.

El motor del miedo funciona. Pero no puedes depender solo de él. Un cerebro TDAH no puede generar motivación interna sostenida. Necesita anclas externas. Siempre ha sido así.

Pero ojo. La clave no es tener un ancla. Es tener varias.

Un barco con una sola ancla se la pega contra las rocas cuando viene la tormenta. Necesitas varias: el trabajo, las personas, los proyectos, las metas pequeñas, los compromisos con otros.

Cada ancla te sostiene cuando las otras fallan. Es redundancia. Como buen informático: un sistema con un solo punto de fallo es un sistema de mierda.

Durante años, mi única ancla fue el miedo. Y funcionaba. Hasta que no funcionaba. Hasta que un día el miedo no bastó para levantarme de la cama y mi cuerpo empezó a pasar la factura.

Ahora tengo más anclas. El negocio. Las personas que confían en mí. Lo que estoy construyendo. La versión de mí mismo que me parece aceptable. El miedo sigue siendo una de ellas. Probablemente siempre lo será.

Pero ya no es la única.

Lo que no te cuentan los tableros de sueños

Te cuentan que la motivación nace del deseo. Que si imaginas tu vida ideal con suficiente fuerza, el universo conspira a tu favor.

A lo mejor para algunos funciona. Para mí suena como ponerle tiritas a un hueso roto.

Mi motivación no es una foto de un Lamborghini. Es un recuerdo de un tío parado frente a un Mercadona en Zaragoza, a punto de rendirse, que decidió que no.

Y cada noche a las 3 de la mañana, cuando el cerebro se pone creativo con los miedos, ese recuerdo me dice: "Venga, una vez más."

No es inspirador. No queda bien en un póster.

Pero llevo 14 años levantándome con él. Y aquí sigo.

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