Tu motivación no es un tablero de sueños, es un recuerdo que no se va

Los coaches te dicen que visualices tu futuro ideal. Tu cerebro TDAH prefiere recordar el peor momento. Y funciona mejor.

Los coaches te dicen que recortes fotos de casas bonitas, coches y viajes, y las pegues en un tablero. Que lo mires cada mañana. Que el universo conspire a tu favor.

Tu cerebro con TDAH mira ese tablero y no siente absolutamente nada.

Pero mencionas la época en la que no podías pagar un café y tu cuerpo entero se tensa como si estuviera pasando ahora mismo. Curioso cómo funciona esto, ¿no?

¿Por qué el miedo mueve más que la inspiración?

Los tableros de sueños no funcionan para un cerebro TDAH. No es que sean malos. Es que el deseo es demasiado abstracto. Demasiado lejano. Demasiado "para luego". Y ya sabemos lo que pasa con el "para luego" y el TDAH.

Tu cerebro no se enciende con una foto de un Lamborghini en la nevera. No se enciende con una visualización guiada de tu yo del futuro viviendo en Bali. Se enciende cuando recuerda lo que se siente al mirar la cuenta del banco y saber que no llegas a fin de mes. Se enciende cuando recuerda las llamadas de números desconocidos que no contestabas porque sabías que eran del banco.

El deseo es un susurro. El miedo es un puñetazo en la mesa.

Y tu cerebro solo responde a puñetazos.

La neurociencia lo explica mejor: el cerebro TDAH tiene un sistema de recompensa diferente. Lo que para otros es motivación suficiente (imaginar un futuro bonito), para nosotros es ruido blanco. Pero el peligro, la amenaza, el "si no hago esto me hundo". Eso lo procesamos a la velocidad de la luz.

Es como tener un detector de humo hipersensible y un termostato roto. No sabes regular la temperatura de la motivación, pero hueles el fuego desde tres plantas más abajo.

¿Esto no es un poco... oscuro?

Sí. No queda bien en un póster.

Pero piénsalo un segundo. El alcohólico que lleva 20 años sobrio no bebe porque recuerda lo que era beber. Cada día. No se le olvida. No se diluye con el tiempo. Y ese miedo, ese recuerdo constante, es exactamente lo que le mantiene sobrio.

No es un motor peor. Es un motor diferente.

Tu motor del miedo funciona igual. No desaparece cuando las cosas van bien. No desaparece cuando consigues el ascenso, cuando montas el negocio, cuando emprender con TDAH deja de ser un deporte de riesgo y empieza a ser tu vida. El motor sigue ahí. Susurrándote lo mismo: "No vuelvas a eso."

Y te levantas. Otra vez.

¿Puedes vivir solo de miedo?

No. Y aquí viene la parte que cuesta años entender.

El motor del miedo funciona. Pero no puedes depender solo de él. Un cerebro TDAH no genera motivación interna sostenida por arte de magia. Necesita anclas externas. Siempre ha sido así.

Piensa en un barco. Un barco con una sola ancla se la pega contra las rocas cuando viene la tormenta. Necesitas varias: el trabajo, las personas, los proyectos, las metas pequeñas, los compromisos con otros. Cada ancla te sostiene cuando las otras fallan. Como buen informático: un sistema con un solo punto de fallo es un sistema de mierda.

Si tu única ancla es el miedo, funcionará. Hasta que un día no funcione. Hasta que un martes a las 7 de la mañana el miedo no baste para sacarte de la cama y tu cuerpo empiece a pasar la factura.

Y entonces necesitas más anclas. El proyecto que te importa. Las personas que cuentan contigo. La versión de ti que te parece aceptable. El miedo puede seguir siendo una de ellas. Probablemente siempre lo será.

Pero no puede ser la única.

¿Entonces qué hago con el tablero de sueños?

Tíralo. O quédatelo, no sé, igual decora.

Pero si quieres algo que realmente te mueva el culo cuando tu cerebro TDAH decide que hoy no quiere colaborar, mira hacia atrás. No hacia delante. Recuerda lo que se sentía cuando las cosas no funcionaban. Recuerda la versión de ti que no quieres volver a ser.

Y la próxima vez que un coach te diga que recortes fotos de mansiones y las pegues en la pared, puedes sonreír educadamente.

Porque tú ya tienes tu tablero de sueños. Lo llevas dentro de la cabeza. Y es un tablero de pesadillas.

No es inspirador. No es bonito.

Pero lleva años sacándote de la cama. Y aquí sigues.

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