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Me aburro de mis proyectos a las 3 semanas: TDAH y la maldición de la novedad

La idea era brillante. Las primeras semanas fueron pura magia. Y ahora no puedes ni abrir el archivo. Así funciona el TDAH con tus proyectos.

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La idea era genial. Las primeras semanas fueron mágicas. Y ahora no puedes ni abrir el archivo.

No me refiero a ese hobby que empezaste y dejaste. Me refiero al proyecto. Ese que ibas a lanzar, que le habías dado vueltas durante meses, que tenía nombre, logo, carpeta en el ordenador y todo.

Ese que ahora te da pereza solo de pensar en él.

El patrón de las tres semanas

Semana uno: relámpago creativo. Todo fluye. Estás hasta las tantas montando el Notion, diseñando la estructura, comprando el dominio, hablando del proyecto como si fuera tu hijo recién nacido. Le cuentas a tu pareja, a tu madre, a un señor en el supermercado. Da igual. Estás encendido.

Semana dos: sigues con energía. Quizá un poco menos que la primera, pero te dices que es normal. Avanzas. Haces cosas. Te sientes productivo. Piensas "esta vez sí".

Semana tres: algo cambia. No sabes exactamente qué. Abres el proyecto y sientes... nada. Cero. La pantalla te devuelve la mirada y tú la cierras para ver un vídeo de YouTube. Luego otro. Luego te acuerdas de que tenías que avanzar. Pero no puedes. No es que no quieras. Es que tu cerebro se ha ido a otra parte y no ha dejado nota.

Si esto te ha pasado una vez, mala suerte. Si te ha pasado con todos tus proyectos, probablemente no es mala suerte.

¿Por qué me aburro de todo lo que empiezo con TDAH?

Dopamina. La respuesta corta es dopamina.

Tu cerebro con TDAH funciona a base de novedad. Cuando algo es nuevo, tu sistema de recompensa se activa a lo bestia. Ideas, conexiones, posibilidades. Todo brilla. Tu cerebro te dice "esto es lo mejor que has pensado en tu vida" y tú le crees porque, honestamente, se siente así.

El problema es que la novedad tiene fecha de caducidad. Y en un cerebro con TDAH, esa fecha llega antes que en otros cerebros. Mucho antes.

Cuando la novedad desaparece, la dopamina baja. Y cuando la dopamina baja, tu cerebro interpreta eso como "esto ya no mola". No como "esto requiere esfuerzo sostenido", que es lo que realmente está pasando. Sino como "esto es aburrido, busca otra cosa".

Y ahí estás tú. Con un proyecto que sigue siendo bueno, que sigue teniendo sentido, que sigue siendo exactamente la misma idea brillante que era hace tres semanas. Pero tu cerebro ya no lo siente así. Y para un cerebro con TDAH, si no lo siente, no lo hace.

El cementerio de proyectos que no eran malos

Esto es lo que más duele. Que no abandonas proyectos malos. Abandonas proyectos creativos que eran buenos. A veces muy buenos. Proyectos que si los hubieras terminado, habrían funcionado.

Pero "si los hubieras terminado" es una frase que tu historial de proyectos no conoce.

Yo he perdido la cuenta de los proyectos que he empezado con toda la ilusión del mundo y he dejado morir en una carpeta del escritorio. Webs, cursos, aplicaciones, negocios, colaboraciones. Todos empezaron con la misma energía nuclear. Todos terminaron igual: en silencio, sin funeral, pudriéndose entre archivos que ya ni abro.

Y lo peor no es que los abandones. Lo peor es la historia que te cuentas después. "No tengo disciplina." "Soy un vago." "Nunca termino nada." "Seguramente la idea no era tan buena."

Spoiler: la idea probablemente era buena. Tu cerebro simplemente dejó de producir el combustible que necesitaba para seguir.

¿Es lo mismo que el ciclo de obsesión y abandono?

Parecido, pero no es lo mismo. El ciclo de obsesionarte, devorar algo y abandonarlo aplica a todo: hobbies, intereses, relaciones, aficiones. Es un patrón general del TDAH.

Lo que pasa con los proyectos es más específico y más dañino. Porque un hobby abandonado no tiene consecuencias. Pero un negocio a medio montar sí. Un producto que nunca lanzaste sí. Un proyecto profesional que dejaste a medias tiene un coste real: tiempo, dinero, reputación, y sobre todo, la confianza en ti mismo.

Cada proyecto que abandonas es un ladrillo más en el muro de "para qué voy a empezar si lo voy a dejar". Y ese muro, con los años, se convierte en una prisión.

¿Qué está pasando realmente en tu cerebro?

No es que pierdas el interés. Es que tu cerebro pasa de la fase de exploración a la fase de ejecución, y esas dos fases requieren combustibles distintos.

Explorar es dopamina pura. Ideas nuevas, posibilidades, ese subidón de "imagina cuando esto esté terminado". Tu cerebro con TDAH es una máquina de explorar. Te sobra creatividad, te sobran ideas, te sobra visión.

Ejecutar es otra cosa. Ejecutar es repetir tareas, resolver problemas que ya no son emocionantes, hacer lo que hay que hacer aunque no apetezca. Y eso, para un cerebro que depende de la novedad, es como pedirle a un pez que corra una maratón.

No es imposible. Pero tu cerebro no viene equipado de serie para eso. Y nadie te lo ha explicado, así que tú piensas que el problema eres tú.

No lo eres.

¿Se puede romper el ciclo?

No te voy a decir que con tres trucos de productividad vas a terminar todos tus proyectos. Eso sería mentirte. Pero sí hay cosas que cambian el juego.

La primera es entender qué te pasa. Que no es falta de voluntad, que es tu cerebro buscando dopamina donde ya no la encuentra. Solo eso ya cambia la conversación interna.

La segunda es dejar de medir el progreso por cómo te sientes. El proyecto no ha empeorado porque tú te hayas aburrido. Sigue siendo el mismo proyecto. Tu cerebro es el que ha cambiado de canal.

La tercera es crear estructura externa. Porque tu motivación interna va a fallar. Es un hecho, no una posibilidad. Así que necesitas algo fuera de ti que te mantenga en marcha: un socio, un deadline público, una comunidad, un compromiso que no dependa de que "te apetezca".

Y la cuarta, quizá la más difícil, es aceptar que no todos los proyectos se terminan. Pero aprender a distinguir entre "lo dejo porque mi cerebro se ha aburrido" y "lo dejo porque realmente no tiene sentido". Esa distinción vale oro.

¿Y ese aburrimiento profundo que sientes?

Es real. No es frescura ni falta de compromiso. Es aburrimiento existencial con TDAH. Un tipo de aburrimiento que no se soluciona con entretenimiento, porque no viene de fuera. Viene de un cerebro que necesita estímulo constante para funcionar y que, cuando no lo tiene, se apaga.

Cuando sientes eso con un proyecto, no significa que el proyecto sea malo. Significa que tu cerebro ha agotado la novedad y necesita una razón distinta para seguir. Una razón que no sea "esto mola".

Encontrar esa razón es la diferencia entre tener 47 proyectos abandonados y tener uno terminado.

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