Marie Kondo: cuando el orden es el hiperfoco de un cerebro que no para
Marie Kondo organizaba armarios con 5 años. ¿Y si su obsesión por el orden fuera un hiperfoco compensatorio de un cerebro que no para?
Marie Kondo empezó a organizar armarios con cinco años.
No armarios de juguetes. Armarios de verdad. Los de su casa. Los de sus vecinos. Los de cualquiera que la dejara entrar. Mientras otras niñas jugaban con muñecas, ella recolocaba cajones y clasificaba objetos por categorías que solo tenían sentido dentro de su cabeza.
A los diecinueve ya tenía su propio negocio de consultoría de orden. A los treinta había vendido millones de libros y tenía un programa en Netflix donde entraba en casas ajenas a doblar camisetas como si fuera una ceremonia sagrada.
¿Y si esa obsesión por el orden no fuera lo que parece?
¿Y si fuera exactamente la forma que tiene un cerebro disperso de compensar el caos interno?
¿Puede una persona obsesionada con el orden tener TDAH?
Vamos a romper algo ahora mismo.
El mito más extendido sobre el TDAH es que las personas con TDAH son desordenadas. Caóticas. Incapaces de mantener nada en su sitio. Y sí, eso le pasa a mucha gente. Pero no a toda.
Hay un perfil que casi nadie menciona: el que compensa.
El cerebro con TDAH vive en un estado de ruido constante. Ideas que van y vienen. Impulsos que aparecen sin avisar. Una lista mental de cosas pendientes que nunca se acaba y que cambia de orden cada tres minutos. Para algunas personas, la respuesta a ese caos interno es crear un orden externo tan rígido, tan milimétrico, tan obsesivo, que funciona como un ancla.
No ordenan porque les guste ordenar.
Ordenan porque si no, se ahogan.
Es lo que en psicología se llama mecanismo compensatorio. Y en el mundo del TDAH tiene un nombre más concreto: hiperfoco aplicado al control del entorno. Cuando tu cerebro no puede controlar lo que pasa dentro, intentas controlar todo lo que pasa fuera. Cada cajón en su sitio. Cada objeto con su lugar. Cada camiseta doblada exactamente igual.
No es orden. Es supervivencia disfrazada de método.
La niña que no podía parar de organizar
Marie Kondo ha contado en varias entrevistas que de pequeña sentía una necesidad casi física de que las cosas estuvieran en su sitio. Que cuando algo estaba fuera de lugar, le generaba una ansiedad que no podía ignorar. Que pasaba horas reorganizando espacios mientras sus compañeras hacían otras cosas.
Eso, en un niño, no es simplemente "ser ordenado".
Es un cerebro que ha encontrado una actividad que le da lo que necesita: estructura, control, recompensa inmediata. Mueves algo de sitio, ves el resultado al instante. Doblas una camiseta, queda perfecta. Vacías un cajón, lo reordenas, sientes alivio. Para un cerebro que funciona con dopamina a cuenta gotas, eso es oro puro.
Y aquí viene lo interesante. Marie Kondo no solo organizaba. Se hiperfocaba en organizar. Podía pasar horas y horas haciéndolo sin comer, sin parar, sin notar el tiempo. Eso no es disciplina. Eso es un cerebro enganchado a una actividad que le da exactamente el tipo de estimulación que necesita.
Muchas mujeres con TDAH que han dejado huella en la historia comparten ese patrón: no es que no tuvieran síntomas. Es que los compensaban tan bien que nadie los veía.
El método KonMari como sistema anti-dispersión
Si lo piensas, el método KonMari tiene una lógica que encaja perfectamente con un cerebro que necesita simplicidad para funcionar.
Regla número uno: si no te da alegría, fuera. No lo pienses. No lo guardes por si acaso. No lo dejes para mañana. Decisión binaria. Sí o no. Blanco o negro.
¿Sabes para quién es imposible tomar decisiones complejas con mil matices? Para un cerebro con TDAH.
¿Y sabes qué funciona de maravilla? Reducir todo a una sola pregunta. ¿Te da alegría? Sí. Se queda. No. Se va. Punto.
El método KonMari no es solo un sistema de orden. Es un sistema de reducción de decisiones. Y eso, para alguien cuyo cerebro se satura con facilidad, es como ponerle un GPS a un coche que llevaba años circulando sin mapa.
Marie Kondo también insiste en hacer todo de golpe. No poco a poco. No un cajón hoy y otro mañana. Todo junto. Una categoría entera de una vez. Ropa. Libros. Papeles. De principio a fin, sin parar.
Eso es puro TDAH.
El cerebro con TDAH no funciona bien con tareas distribuidas en el tiempo. Se olvida. Se distrae. Pierde el hilo. Pero si le das una tarea grande, intensa, con principio y final claro, se activa como un cohete. Es el mismo patrón que ves en empresarios con TDAH: sprints brutales de energía seguidos de períodos de nada.
Orden por fuera, tormenta por dentro
Hay algo que la gente no entiende cuando ve a Marie Kondo en Netflix con su sonrisa serena doblando calcetines.
Que el orden no significa calma interior.
Puedes tener la casa más organizada del planeta y seguir con un cerebro que no para. Que salta de idea en idea. Que se despierta a las tres de la mañana pensando en algo que dijo alguien hace seis años. Que necesita el entorno perfecto porque por dentro todo es un tornado constante.
Marie Kondo no tiene un diagnóstico público de TDAH. Y este post no va de inventarle uno. Va de algo más importante: de romper la idea de que TDAH y orden son incompatibles.
Porque no lo son.
Hay personas con TDAH que viven en el caos. Y hay personas con TDAH que construyen sistemas de orden tan perfectos que nadie sospecharía jamás que por dentro están gestionando un huracán. Helena Rubinstein hizo algo parecido: convirtió su intensidad mental en un imperio de belleza donde cada detalle estaba controlado al milímetro.
El hiperfoco no elige cosas "productivas" o "improductivas". Elige lo que al cerebro le da la gana. Y a veces, lo que le da la gana es doblar camisetas hasta que cada pliegue sea exactamente simétrico.
Lo que Marie Kondo nos enseña sin saberlo
Que si alguien te dice "no puedes tener TDAH, eres demasiado ordenado", esa persona no entiende cómo funciona esto.
Que el orden puede ser un síntoma, no una virtud. Que detrás de una mesa perfectamente organizada puede haber un cerebro que necesita ese control externo para no perderse en su propio ruido.
Que el TDAH no tiene un solo aspecto. No es solo el crío que no para quieto en clase. También es la niña que reorganiza armarios a los cinco años porque su cerebro necesita esa estructura para sentirse en paz.
Y que a veces, lo que el mundo ve como perfección es en realidad una estrategia de supervivencia muy sofisticada.
Marie Kondo convirtió la suya en un imperio.
Tú no necesitas montar un imperio. Pero sí necesitas entender cómo funciona tu cabeza. Porque cuando lo entiendes, dejas de luchar contra ella y empiezas a usarla a tu favor.
Si alguna vez te han dicho que no puedes tener TDAH porque eres "demasiado organizado", puede que nadie te haya explicado lo que de verdad pasa dentro de tu cerebro.
Sigue leyendo
"Los rockstars son así": por qué confundir TDAH con rock and roll es peligroso
Ozzy, Keith Richards, Jim Morrison. "Son rockstars, es normal". No. Confundir TDAH con actitud rock tiene consecuencias reales y peligrosas.
Charles Dickens: el escritor que caminaba 30 km cada noche para pensar
Dickens caminaba 30 km cada noche por Londres. No era ejercicio. Era su cerebro pidiendo movimiento para poder funcionar al día siguiente.
Mozart vs Beethoven: dos genios de la música, dos cerebros caóticos
Mozart componía como un poseso y no podía estar quieto. Beethoven tenía explosiones de furia y se mudó 30 veces. Dos genios, dos formas de no encajar.
Branson vs Neeleman: dos empresarios con TDAH, dos formas de volar
Richard Branson y David Neeleman tienen TDAH diagnosticado y fundaron aerolíneas. Uno es puro espectáculo, el otro pura operación. Dos cerebros, un cielo.