Tu cuerpo se mueve solo con TDAH: la pierna, el boli, la silla
La pierna rebota, el boli gira, la silla se balancea. Con TDAH la inquietud motora no es nerviosismo: es tu cerebro pidiendo estimulación.
La pierna no para de rebotar. El boli gira entre los dedos. La silla se balancea. Tu cuerpo tiene vida propia y no te ha pedido permiso.
Con TDAH la inquietud motora no es nerviosismo. Es tu cerebro buscando estimulación porque la reunión no se la da. Porque la clase no se la da. Porque sentarte quieto en una silla durante 45 minutos es pedirle a tu sistema nervioso que se comporte como si no fuera el tuyo.
Y lo peor no es el movimiento. Lo peor es la mirada del de al lado. El compañero que te dice "tío, para la pierna". El jefe que te mira como si estuvieras a punto de salir corriendo. Tu pareja que te suelta un "¿puedes estarte quieto cinco minutos?".
Cinco minutos. Como si fuera fácil. Como si tu cuerpo tuviera un interruptor de "off" que nadie te ha enseñado a usar porque no existe.
¿Por qué tu cuerpo necesita moverse constantemente cuando tienes TDAH?
Tu cerebro funciona con dopamina. Todos los cerebros funcionan con dopamina, pero el tuyo tiene un déficit crónico de producción. No es que seas vago, ni nervioso, ni maleducado. Es que tu cerebro necesita estimulación constante para mantenerse despierto, y cuando el entorno no se la da, tu cuerpo la busca por su cuenta.
La pierna que rebota no es un tic. Es tu sistema nervioso generando su propia estimulación porque la hoja de cálculo que tienes delante no produce ni una gota de dopamina. El boli que gira entre tus dedos no es distracción. Es lo que te permite concentrarte, porque tu cerebro necesita ese canal secundario de estímulo para poder procesar el canal principal.
Suena contradictorio. Lo es. Pero así funciona un cerebro con TDAH. Necesita hacer dos cosas a la vez para poder hacer una. Necesita moverse para poder estar quieto por dentro.
Es como un motor diésel en invierno. Si no lo calientas, no arranca. Tu cuerpo es el calentamiento. El movimiento es lo que enciende la atención.
La diferencia entre inquietud motora y nerviosismo
La gente confunde las dos cosas constantemente. Tu madre, tu jefe, tu profesor del colegio. "Estás nervioso", te dicen. Y tú piensas que sí, que a lo mejor estás nervioso. Pero no lo estás.
El nerviosismo tiene una causa. Un examen, una cita, una reunión importante. Cuando la causa desaparece, el nerviosismo se va. La inquietud motora no tiene causa. Está ahí siempre. En la reunión, en el sofá, en la cena de Navidad, viendo una peli que te gusta. Tu cuerpo se mueve porque necesita moverse, no porque algo te preocupe.
Y eso genera un problema doble. Primero, que la gente te lee mal. Piensan que estás ansioso en situaciones sociales cuando en realidad solo eres tú existiendo en un cuerpo que no se queda quieto. Segundo, que tú mismo te lo crees. Te convences de que eres una persona nerviosa, cuando lo que tienes es un cerebro que pide movimiento como otros piden café.
El catálogo de movimientos que no controlas
Cada persona con TDAH tiene los suyos. Es como una firma motora personal que nadie ha elegido.
Están los clásicos. La pierna que rebota debajo de la mesa. El boli que gira, se cae, se recoge, vuelve a girar. La silla que se balancea hasta que alguien te mira con cara de "como la rompas, la pagas".
Están los sutiles. Morderse el interior de la mejilla. Arrancarse pellejitos de los dedos. Rascarse el cuello sin motivo. Jugar con el pelo. Hacer clic con el boli 47 veces por minuto hasta que alguien te lo quita de las manos.
Y están los que ni siquiera registras. Cambiar de postura cada 30 segundos. Cruzar y descruzar las piernas. Sentarte sobre una pierna. Sentarte al revés en la silla. Sentarte en el suelo cuando hay una silla perfectamente disponible porque por algún motivo el suelo te resulta más cómodo.
Todo eso tiene un nombre técnico: conductas de autoestimulación. Tu cuerpo busca input sensorial porque tu cerebro no está recibiendo suficiente del entorno. No es que seas raro. Es que tu sistema nervioso tiene hambre y se alimenta con movimiento.
¿Y si en vez de frenarlo lo usas?
Aquí viene la parte que nadie te cuenta. No tienes que parar. No tienes que quedarte quieto. No tienes que "controlarte". Tienes que canalizar.
La diferencia es brutal. Frenar el movimiento es como tapar una olla a presión. Funciona un rato. Luego explota. Te pasas la reunión entera conteniendo la pierna y cuando sales estás agotado, irritable, y no te has enterado de la mitad de lo que se ha dicho. Felicidades, te has quedado quieto. Y no ha servido de nada.
Canalizar es otra cosa. Es darle a tu cuerpo lo que pide de forma que no moleste (mucho) y que de paso te ayude a concentrarte. Los fidget toys existen por esto. No son juguetes de niños. Son herramientas para cerebros que necesitan un canal secundario de estímulo. Un cubo de fidget debajo de la mesa, una pelota antiestrés en la mano, un anillo que gira. Nadie lo ve, nadie se molesta, y tu cerebro recibe lo que necesita.
También funciona lo obvio. Caminar mientras hablas por teléfono. Hacer reuniones de pie. Usar un escritorio elevable y alternar entre sentado y de pie. Pedirte a ti mismo 5 minutos de movimiento cada 30 minutos de trabajo. No como premio. Como necesidad.
El problema de la [coordinación motora con TDAH](/blog/coordinacion-motora-tdah)
Porque no solo es que tu cuerpo se mueva sin permiso. Es que a veces se mueve mal. Tropezar con cosas que están ahí desde hace años. Tirar el vaso de agua en la mesa del restaurante. Chocar con el marco de la puerta como si hubiera aparecido de la nada.
La torpeza motora no es universal en TDAH, pero es más común de lo que crees. Tu cerebro está tan ocupado gestionando los 47 estímulos que recibe a la vez que la coordinación fina se queda en segundo plano. Tu cuerpo se mueve mucho, pero no siempre donde tú quieres.
Y eso alimenta el ciclo. Te mueves, tropiezas, la gente te mira, te sientes raro, intentas moverte menos, acumulas tensión, la tensión sale de golpe en forma de pierna que rebota a velocidad de taladro neumático.
Lo que nadie te dice sobre quedarte quieto
Quedarte quieto tiene un coste. Un coste real, medible, que nadie ve.
Cuando fuerzas a tu cuerpo a no moverse, toda la energía que iba al movimiento se redirige hacia dentro. Tu cabeza se llena de ruido. Los pensamientos se aceleran. La capacidad de atención baja, no sube. Porque el movimiento era lo que la sostenía.
Es la gran paradoja del TDAH: la persona que no para de moverse está más concentrada que la misma persona forzada a quedarse quieta. El movimiento no es el enemigo de la atención. Es su aliado. Pero eso no te lo explican en el colegio, ni en la oficina, ni en la cena de Navidad cuando tu tía te dice que pareces un flan.
Pareces un flan. Pero un flan que se entera de todo.
Tu cuerpo no es el problema
El problema es un mundo diseñado para gente que puede sentarse 8 horas en una silla sin que su sistema nervioso entre en combustión espontánea. Reuniones de una hora sin movimiento. Clases de 50 minutos sin levantarse. Oficinas donde te miran mal si te levantas a dar una vuelta.
Tu cuerpo se mueve porque tiene que moverse. No es un defecto. Es información. Es tu cerebro diciéndote exactamente lo que necesita. Y en vez de callarlo, escúchalo. Dale movimiento. Dale estímulo. Dale permiso para ser el cuerpo inquieto que es.
Porque la alternativa es pasarte la vida luchando contra tu propio sistema nervioso. Y esa es una pelea que no puedes ganar. Ni hace falta.
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Si tu pierna lleva rebotando desde que empezaste a leer esto, quizá no sea nerviosismo. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos para entender por qué tu cuerpo no se queda quieto ni cuando tú quieres.
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