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Ser entrenador personal con TDAH: motivar a otros cuando tú no puedes motivarte

Ayudas a 15 clientes a cumplir sus rutinas. Tú no has hecho la tuya en una semana. Así es ser entrenador personal con TDAH.

tdah

Ayudas a 15 clientes a cumplir sus rutinas. Les mandas mensajes de ánimo a las 7 de la mañana. Les diseñas planes de entrenamiento perfectos con periodización, descansos activos y progresiones semanales.

Tú no has hecho la tuya en una semana.

Y no porque no sepas cómo. Sabes exactamente cómo. Podrías escribir un libro sobre cómo. De hecho, se lo has explicado a una clienta esta mañana con tanto detalle que casi te aplaudió.

Pero tu cerebro, el mismo que es capaz de diseñar un mesociclo entero de memoria, no puede convencerte de ponerte las zapatillas después de comer.

Así es ser entrenador personal con TDAH.

¿Cómo es ser entrenador personal con TDAH?

Es una de las profesiones más paradójicas que puedes tener con un cerebro como el nuestro. Porque el trabajo te encanta. Te encanta de verdad. Hay días en que estás con un cliente y todo fluye: la energía, las correcciones, la motivación. Les sacas un rendimiento que ni ellos sabían que tenían. Y lo haces bien.

El problema no es el trabajo.

El problema es todo lo que rodea al trabajo.

Las facturas. Los horarios. La planificación de las comidas propias (las de tus clientes las tienes clarísimas). Contestar mensajes a tiempo. Llegar puntual cuando tu cerebro ha decidido que hoy se queda veinte minutos extra en la ducha pensando en si las ballenas azules duermen de verdad.

Y luego está la parte que nadie ve: que tú, la persona que motiva a otros a levantarse del sofá, hay días que no puede motivarse ni para calentar el arroz del táper.

¿Por qué funciona tan bien con los clientes pero no contigo?

Dopamina. La palabra que explica el 80% de lo que nos pasa.

Cuando estás con un cliente, tu cerebro tiene todo lo que necesita: novedad (cada persona es distinta), feedback inmediato (ves cómo mejoran en directo), presión social (alguien depende de ti) y urgencia (la sesión dura una hora, no hay "ya lo haré luego").

Tu cerebro funciona con dopamina, no con disciplina

Eso es combustible.

Pero cuando el cliente se va y tú te quedas solo en el gimnasio, el combustible desaparece. Tu entrenamiento no tiene urgencia. Nadie te pide cuentas. Nadie te está mirando. Y tu cerebro dice "esto puede esperar" y se va a ver vídeos de cocina japonesa en el móvil.

No es falta de disciplina. Es que tu cerebro necesita un motor externo para arrancar, y tu propio entrenamiento no tiene ese motor.

¿La constancia es imposible?

No. Pero la constancia clásica de "entreno lunes, miércoles y viernes a las 7 de la mañana durante los próximos 6 meses" probablemente sí.

Eso funciona para cerebros que pueden automatizar. El tuyo no automatiza. El tuyo necesita variación, estímulo, algo que le haga sentir que hoy es diferente a ayer.

Y aquí viene la buena noticia: eres entrenador personal. Sabes más de programación de entrenamiento que el 99% de la población. Úsalo.

En vez de seguir el plan perfecto que le harías a un cliente con un cerebro neurotípico, hazte un plan que funcione para el tuyo:

Sesiones más cortas. Cambios de ejercicios frecuentes. Entrenar cuando te apetezca, no cuando "toca". Hacer ejercicio con TDAH sin dejarlo no va de fuerza de voluntad. Va de diseñar un sistema que no dependa de tu motivación.

Y si un día no entrenas, no pasa nada. Tú ya sabes que un día sin entrenar no cambia nada a largo plazo. Se lo has dicho a cien clientes. Ahora dítelo a ti.

¿Y los demás ven algo raro?

Depende. Algunos clientes te ven como una máquina. "Ojalá tener tu motivación". Si supieran que has llegado al gimnasio hoy con una zapatilla de cada color porque no has encontrado las dos iguales y ya ibas 10 minutos tarde.

Otros compañeros del sector te ven desorganizado. "Tío, otra vez has cambiado el horario". Sí, porque mi cerebro ha decidido que los martes por la tarde ya no son productivos y necesito moverlo todo al jueves por la mañana. Lo siento. O no lo siento. Depende del día.

La parte complicada de verdad es la gestión del negocio. Si eres autónomo (y muchos entrenadores lo son), tienes que hacer facturas, llevar cuentas, responder emails, publicar en redes, buscar nuevos clientes. Todo eso es kryptonita para un cerebro TDAH. Es lo mismo que le pasa al fisioterapeuta con TDAH: las manos trabajan perfecto, la cabeza vuela por libre en cuanto no hay un paciente delante.

Las sesiones son lo fácil. Lo difícil es el negocio que hay detrás de las sesiones.

¿Qué puedes hacer que no estés haciendo?

Tres cosas que a mí me han servido con cualquier trabajo que dependa de mi organización:

Externaliza el cerebro. Todo lo que puedas sacar de tu cabeza y meter en un sistema, hazlo. Horarios en Google Calendar con alarmas. Facturas automatizadas. Plantillas para todo. Tu cerebro no es fiable para recordar. Deja de pedirle que recuerde.

Busca un accountability buddy. Si tú eres el que motiva a otros, necesitas a alguien que te motive a ti. Otro entrenador, un amigo, un grupo. Alguien que te pregunte "¿has entrenado hoy?" no porque le importe tu físico, sino porque sabe que si nadie te pregunta, no lo haces.

Deja de compararte con el entrenador que tiene la vida cuadriculada. Ese que publica su rutina de las 5AM cada día, come tuppers perfectos y nunca cancela una sesión. Ese tío tiene un cerebro que funciona de otra manera. El tuyo funciona diferente. No peor. Diferente. Y por cierto, probablemente tus sesiones son más creativas, más dinámicas y más entretenidas que las suyas. Porque tu cerebro no para de generar ideas nuevas. Eso también es una ventaja.

Esto no te hace peor entrenador

De hecho, hay algo que los entrenadores con TDAH hacemos mejor que muchos: entender al cliente que no puede.

Cuando alguien te dice "es que no me motivo", tú no le sueltas el discurso de "es cuestión de actitud". Tú sabes lo que es. Tú vives eso cada día. Y esa empatía, esa conexión real con la lucha del otro, vale más que cualquier certificación.

Tu TDAH no te invalida como profesional. Te da una perspectiva que otros no tienen. El truco está en dejar de intentar funcionar como si no tuvieras TDAH y empezar a construir un sistema que funcione con el cerebro que sí tienes.

Que es el mismo cerebro que hoy ha sacado lo mejor de tres clientes distintos.

No está mal para alguien que "no puede motivarse".

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