LeBron James: baloncesto, negocios y un cerebro que no para
4 anillos NBA, una productora, un colegio y medio Liverpool. LeBron no puede hacer solo una cosa. Eso tiene un nombre.
LeBron James tiene 40 años y sigue jugando en la NBA.
Eso ya sería suficiente. Un deportista profesional compitiendo al máximo nivel a una edad en la que la mayoría de jugadores llevan cinco años retirados y comentando partidos desde un sofá. Pero es que LeBron, además de jugar en la NBA, dirige una productora, es copropietario de un equipo de fútbol, fundó un colegio, invierte en cadenas de restaurantes y aparece en una serie de HBO.
Todo al mismo tiempo.
Hay gente que no puede hacer solo una cosa. LeBron es lo que pasa cuando esa gente mide dos metros y tiene talento.
¿Por qué un jugador de baloncesto necesita hacer todo eso?
Esa es la pregunta que nadie se hace. Porque cuando alguien es multimillonario, la respuesta fácil es "porque puede". Pero "poder" y "necesitar" son cosas distintas.
LeBron no invierte en cosas porque le sobre el dinero y haya que meterlo en algún sitio. LeBron crea cosas. Produce películas. Diseña un colegio desde cero para niños de su barrio. Se mete en los detalles de cada proyecto como si cada uno fuera el único. Y luego sale a la cancha y juega 35 minutos contra tíos que le sacan quince años.
Eso no es diversificación empresarial. Eso es un cerebro que necesita estímulo múltiple para funcionar. Un cerebro que si solo hace una cosa, por muy espectacular que sea esa cosa, se queda corto. Necesita más. Siempre más.
Y eso, todo apunta a que tiene un nombre.
SpringHill Entertainment, Liverpool FC, Blaze Pizza y lo que venga
Vamos a hacer un inventario rápido de lo que LeBron James gestiona mientras sigue siendo uno de los mejores jugadores del planeta:
SpringHill Entertainment. Su productora. Ha producido documentales, series, películas. No es un nombre en los créditos que pone dinero y desaparece. LeBron se involucra. Lee guiones. Opina sobre el montaje. Está ahí.
Liverpool FC. Compró una participación en el club inglés. No porque le gustara el fútbol de toda la vida. Sino porque vio una oportunidad, la vio rápido, y actuó. La impulsividad de alguien que cuando ve algo interesante no puede no perseguirlo.
Blaze Pizza. Invirtió pronto, cuando la cadena era pequeña. Hoy tiene cientos de locales. LeBron no se limitó a poner dinero. Hizo publicidad, se presentó en restaurantes, se metió detrás del mostrador a hacer pizzas en algún vídeo viral.
I Promise School. Un colegio en Akron, Ohio. Su ciudad natal. Para niños en riesgo de exclusión. Con matrícula gratuita, transporte, comidas, tutoría y hasta una bicicleta para cada alumno. No es un cheque con un lazo. Es un proyecto que LeBron diseñó con la misma obsesión con la que prepara un partido de playoffs.
The Shop. Un programa en HBO donde se sienta en una barbería y habla de todo: política, racismo, deporte, vida. Sin guión. Sin filtro. Otra salida más para un cerebro que tiene demasiadas cosas dentro.
Esa dispersión productiva, esa incapacidad de quedarse en un solo carril, es un rasgo que comparten muchos empresarios con TDAH. No es que les guste tener mucho. Es que necesitan tener mucho para que el cerebro se quede satisfecho.
La memoria que no tiene sentido
Hay un dato de LeBron que descoloca a los analistas de baloncesto: su memoria para las jugadas.
LeBron puede recordar jugadas completas de partidos de hace años. Movimientos exactos. Quién estaba dónde. Qué decisión tomó y por qué. Lo ha demostrado en ruedas de prensa, describiendo jugada a jugada secuencias de hace una década como si las estuviera viendo en ese momento.
Los periodistas lo llaman "memoria fotográfica". Puede que lo sea. O puede que sea algo que las personas con TDAH conocen bien: la memoria selectiva. El cerebro que no recuerda dónde dejó las llaves pero que puede reproducir con detalle milimétrico algo que le importa, algo que le enciende, algo que activa esa zona del cerebro que dice "esto sí merece quedarse".
La memoria selectiva en el TDAH funciona así. No es que la memoria falle. Es que solo graba lo que el cerebro decide que es relevante. Y el cerebro decide con criterios propios, no con los tuyos.
LeBron recuerda cada jugada de cada partido importante. Pero apostaría algo a que no recuerda dónde aparcó el coche esta mañana.
A los 40 y sin señales de parar
La mayoría de los deportistas se retiran entre los 33 y los 37. Es lo normal. El cuerpo no da más. La motivación se agota. El fuego se apaga.
LeBron tiene 40 y sigue compitiendo. No de forma testimonial. Compitiendo de verdad. Tirando triples. Machacando canastas. Jugando partidos enteros a una intensidad que la mayoría de los jugadores de veintitantos no sostienen.
Eso no es solo físico. Eso es un cerebro que no sabe parar. Que cuando le dices "ya está, lo has conseguido todo, puedes retirarte", responde con un "vale, pero y si juego un año más y además monto otra empresa y además produzco otra película".
Porque retirarse significa quedarse quieto. Y quedarse quieto es lo peor que le puede pasar a un cerebro que funciona así. Sin el estímulo del deporte, sin la dopamina de la competición, sin la estructura que da entrenar cada día, ¿qué hace ese cerebro? Se come a sí mismo.
Los deportistas con TDAH encuentran en el deporte la estructura que su cerebro necesita. Horarios fijos. Objetivos claros. Recompensa inmediata. Todo lo que un cerebro disperso pide a gritos. Y cuando eso desaparece, el vacío es real.
LeBron lo sabe. Por eso no para. No es que no quiera parar. Es que su cerebro no se lo permite.
El chaval de Akron que nunca tuvo suficiente con una cosa
LeBron creció en Akron, Ohio. Sin padre. Con una madre que hacía lo que podía. Cambió de casa decenas de veces antes de los diez años. Faltó a 83 días de clase en cuarto de primaria. Ochenta y tres.
Y aquí es donde la historia se complica si quieres hacer el diagnóstico de sillón. Porque la infancia de LeBron fue difícil por razones que no tienen nada que ver con la neurología. La pobreza, la inestabilidad, la ausencia de un padre. Todo eso marca. Y no todo lo que marca es TDAH.
Pero hay algo en la trayectoria de LeBron que va más allá de la resiliencia y el talento. Es esa energía imposible de contener. Esas múltiples carreras paralelas. Esa incapacidad de decir "esto ya es bastante". Eso no lo explica la pobreza. Eso lo explica un cerebro que funciona con otras reglas.
No estamos diagnosticando a nadie. LeBron James no ha hablado públicamente de TDAH. Pero los rasgos están ahí, tan visibles como un mate desde la línea de tiros libres: la búsqueda constante de estímulo, la dispersión productiva, la memoria selectiva, la energía que no se agota, la incapacidad de hacer solo una cosa cuando el cerebro exige hacer cinco.
¿Qué tiene que ver LeBron contigo?
No hace falta medir dos metros ni tener cuatro anillos de la NBA para reconocer el patrón.
Si tienes tres proyectos abiertos y ya estás pensando en el cuarto. Si la gente te pregunta "pero cómo haces tantas cosas" y la respuesta real es "no sé hacerlo de otra forma". Si te aburres del éxito antes de que se enfríe porque tu cerebro ya está buscando el siguiente. Si el sesgo del superviviente te hace creer que tener muchos frentes es sinónimo de ser productivo cuando a veces es sinónimo de no poder parar.
LeBron canaliza eso en empresas, películas y mates. Tú lo canalizas en lo tuyo. Pero el motor es el mismo: un cerebro que necesita más de lo que una sola cosa puede darle.
Y antes de decidir si eso es bueno o malo, conviene saber qué tipo de cerebro tienes.
Si reconoces esa energía que no se apaga, esa necesidad de tener siempre algo más entre manos, ese cerebro que se aburre del éxito antes de celebrarlo, puede que merezca la pena hacerte una pregunta que nadie te ha hecho.
Sigue leyendo
Einstein vs Hawking: dos mentes atrapadas en universos distintos
Einstein libre en su cuerpo pero preso en su cabeza. Hawking preso en su cuerpo pero libre en su mente. Los dos con rasgos TDAH. ¿A cuál te pareces tú?
La velocidad de Hernán Cortés: conquistar un imperio en 2 años
Hernán Cortés derribó el Imperio Azteca en dos años. Esa velocidad extrema encaja con un patrón compatible con TDAH. Velocidad como necesidad, no estrategia.
Actores con TDAH: cuando la cámara es tu medicación
Jim Carrey, Ryan Gosling, Whoopi Goldberg. 8 actores con TDAH y una razón que explica por qué el escenario les cambia el cerebro.
Lisa Ling: diagnosticada a los 40 y por fin todo tuvo sentido
Lisa Ling fue diagnosticada con TDAH a los 40 años. Periodista de investigación, presentadora de CNN. 'Toda mi vida tiene sentido ahora'.